La noche del demonio: están entre nosotros apuesta por el terror sobrenatural, aunque le cuesta lograr su objetivo
La nueva entrega de la exitosa serie tiene una falta de cohesión, con distintas estéticas y abordajes del horror
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La noche del demonio: Están entre nosotros (Insidious: Out of the Further, EE.UU. / 2026). Dirección: Jacob Chase. Guion: Jacob Chase sobre personajes creados por Leigh Whannell. Fotografía: David Garbett. Edición: Gregory Plotkin. Elenco: Amelia Eve, Lin Shaye, Sam Spruell, Maisie Richardson-Sellers, Brandon Perea. Calificación: R-17 (restringida). Distribuidora: UIP. Duración: 106 minutos.
La nueva entrega de la saga de La noche del demonio ofrece algunas secuencias que logran generar un clima de verdadero terror y tiene buenos momentos de sustos. Pero la película escrita y dirigida por Jacob Chase sufre de una falta de cohesión. No solo en términos de su relación con la exitosísima serie de films creados por James Wan y Leigh Whannell, y producidos por Jason Blum, a principios de la década pasada. Al fin y al cabo, las tenues relaciones entre películas de una misma franquicia, ya sea de terror o de otro género, son habituales en Hollywood. Lo que sucede es que La noche del demonio: Están entre nosotros se queda a medio camino entre estéticas distintas y diferentes maneras de abordar el terror cinematográfico.

Las mejores secuencias y escenas de la película se concentran en una estética más austera, que utiliza pocos elementos para generar impacto. En ese sentido, uno de los momentos sobresalientes es aquel en el que la protagonista queda encerrada en una especie de laberinto infinito, construido con almohadones, en su propio living. Una verdadera prueba de la potencia y economía del horror que nace de lo cotidiano.
El comienzo de la película genera expectativas considerables, con una potente y terrible secuencia que involucra a Gemma, una niña estudiosa y que tiene que cuidarse a sí misma, ya que su madre está sufriendo algún tipo de afección mental. O, tal vez, esté atribulada por algo sobrenatural.
Luego de ese impactante comienzo, la historia continúa con el presente de Gemma (Amelia Eve), ahora convertida en una adulta, dentista y madre soltera de una hija. Ambas viven en la casa en la que sucedieron los eventos traumáticos de la infancia de la protagonista, rodeadas de los objetos de la madre de Gemma (el director y guionista se encargó de poner en boca de otro personaje el desconcierto que puede despertar este detalle en el espectador).

La aparición de tres personajes siniestros, que caminan por la cuadra de su hogar, marca el comienzo de una angustiante aventura para madre e hija. Gemma empieza a tener pesadillas vívidas, cuya relación con la realidad se manifiesta en el traspaso de objetos hacia la vigilia, que le hacen cuestionar la naturaleza de sus sueños.
La caracterización de los personajes del otro mundo que acosan a Gemma tiene una estética más obviamente siniestra y menos efectiva, distinta a los toques más austeros de ciertas escenas, que son las más interesantes del film. Los mayores horrores de la película están en esos momentos en los que la amenaza está sugerida.
La aparición de Lin Shaye como Elise Rainier, personaje clave de La noche del demonio, conecta al film con la saga. La unión es un poco forzada y se ven obligados a recurrir a flashbacks de escenas de las otras películas, incluido algún plano de las estrellas Patrick Wilson y Rose Byrne para recordar el valor de la franquicia.
Esa tensión entre una película que podría ser una unidad independiente y la necesidad de enmarcarla en una serie exitosa, tal vez sea lo que hace que a La noche del demonio: Están entre nosotros le falte cohesión. También puede ser que la afecte la indecisión en abordar la historia como una reflexión desde el terror sobre el trauma, el duelo y otros temas importantes, o dar rienda suelta a un espectáculo del horror, que solo quiere generar un efecto visceral.
Cuando Chase se concentra en esto último y se decanta por una estética más austera, que privilegia el uso de espacios cotidianos como escenario para el horror, la película funciona mejor, como un entretenimiento al que no le faltan sustos.



