
La Nona y su notable vigencia
La nona / Autor: Roberto Cossa / Elenco: Pepe Soriano, Hugo Arana, Gino Renni, Miguel Jordán, Mónica Villa, Sabrina Carballo, Patricia Durán / Música original: Malena Graciosi / Productor musical: Martín Bianchedi / Escenografía, vestuario e iluminación: Héctor Calmet / Asistente de dirección: Miguel Kot / Producción ejecutiva: Adrián Baz / Dirección: Jorge Graciosi / Sala: Bristol, Santa Fe 1751, Mar del Plata / Funciones: jueves a domingo, a las 21 / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: muy buena.
MAR DEL PLATA. - Acudir a los textos de Roberto "Tito" Cossa es una tarea ineludible, en tanto que son materiales que nos hablan de ciertos rasgos que hacen indisoluble pensarse y replantearse cuestiones como la tensión entre poderosos y oprimidos. Uno de los rasgos constitutivos en la pluma del autor es que lo hace desde la singularidad de universos cotidianos como, en este caso, el seno familiar, para hablar de cuestiones plurales. Vale recordar que la pieza se estrenó en plena dictadura militar argentina y sus palabras calaban hondo en un país devastado. La Nona es un drama disfrazado de comedia con fisonomía de grotesco y pinceladas de absurdo. Y es la mirada del director, y la lectura de la platea las que confirman qué se quiere ver o dejar pasar por alto.
Una familia transcurre con el ingreso del jefe del clan, orgulloso de su relativo éxito como puestero de mercado. El equilibrio se desmorona cuando la economía doméstica comienza a flaquear y lo patológico de los lazos sumerge al grupo en un desmoronamiento irrefrenable. El eje de esa casa es una anciana demandante que devora lo que encuentra a su paso, fagocitando alimentos y afectos, a partir de una posición de poder y sometimiento.
Los personajes dibujados por Cossa son de notable riqueza: una esposa que se paraliza ante lo evidente; una tía solterona que peca de toda ingenuidad; un hermano sin ética que bucea en cualquier recurso que le permita vivir sin trabajar, y una hija que vende su honorabilidad, pero se convierte, paradójicamente, en un salvavidas económico con la anuencia del resto. Todos ellos conforman ese seno en el que el jefe de familia rema contra la corriente. Todo tan enfermo como librado al azar de un destino que va corrompiendo morales y valores.
En esta puesta el director Jorge Graciosi puso el acento en las marcas de humor que conlleva el texto, quizá desaprovechando algo de la hondura de la tragedia. Humor que la platea festeja con aplausos a telón abierto más de una vez.
Pepe Soriano se mueve como pez en el agua en un personaje que domina. Hugo Arana y Gino Renni se destacan -aciertan cuando recurren al acento dramático con algunos pasajes de gran profundidad- y Mónica Villa y Miguel Jordán se enfocan en un inteligente equilibrio entre el humor y la tragedia. El espacio escénico diseñado por Héctor Calmet fusiona la estética de feria con esa casa venida a menos en un atinado juego de simbolismos.
La Nona no sabe de fronteras porque habla de miserias universales. En este sentido, es recordada la versión que conmovió a Armenia con la compañía encabezada por Herminia y Kalusd Jensezian, donde el peso político del texto tuvo resonancias de gran hondura. Idénticas respuestas tuvieron los espectadores de América latina, España, Francia, Italia o Alemania, por citar solo algunos ejemplos.
Ayer y hoy, aquí y en el resto del mundo, la obra cobra una lectura trascendente. Esa anciana que todo lo devora nos habla del poder desenfrenado y del sometimiento del que son víctima los millones de excluidos de un sistema injusto, vigente y que lo fagocita todo.






