
La tercera posición del rock
Ni comerciales ni under, con casi tres décadas en la ruta, la banda encuentra el equilibrio justo con su décimo álbum, Biblia-Ovni
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Massacre bien podría representar la tercera posición de la escena local. Ni rock comercial ni under, ahora con sponsors detrás, pero aún tocando en cuevas y tugurios, una banda de guitarras psicodélicas con producción pop que intenta reinventarse a cada paso, guiados por un líder tan existencialista como mesiánico.
Extraterrestres en su propio planeta, Walas -ese robusto frontman de pelo rojizo que insiste en tratar de hermosuras a su público- mira a su alrededor, ensaya una media sonrisa y dispara en ese tono neutro que ya es marca registrada: "Siempre fuimos una banda inclasificable y en un punto no somos ni siquiera rock nacional, como Sumo: estamos insertos en el rock nacional, pero no queremos estar ahí".
Contradictorios y esquivos por naturaleza, los Massacre acaban de editar su décimo álbum en estudio en poco menos de tres décadas de vida, el primero con la producción de dos héroes -nada es casualidad- del rock de acá: Alfredo Toth y Pablo Guyot, ex integrantes del trío GIT ahora dedicados a crear hits para otros detrás de la consola. "Apostamos al juego de los opuestos", confiesa Walas, y el resultado, once canciones unidas bajo el título Biblia-Ovni, es un pleno todo a ganador. Un disco que con el eje conceptual puesto en el más allá los revela más humanos que nunca. "Todavía no sé bien por qué, pero es un disco que les gustó mucho a los niños", sostiene Walas, ondulando, como de costumbre, entre lo conspirativo y lo misterioso.
"Estoy viendo que este disco trascendió a circuitos donde nunca habíamos entrado, hizo ese crossover y, por ejemplo, entró en radios donde jamás habíamos sonado -piensa en voz alta Walas, a horas nomás de viajar a Rosario, como parte de lo que promete ser una intensa gira por el país-. Y la interpretación que le encuentro es que si la guitarra simboliza al rock y el teclado al pop, en este disco grabamos las dos cosas como siempre, pero en algunas canciones se levantaron más los tracks con sintetizadores. A la hora de ecualizar y mezclar, en dos temas puntuales quizá, le dimos protagonismo al sintetizador, y eso ya te embandera más de pop que de rock".
-Por momentos se reconocen muchos años de escuchar a The Cure...
-Qué lindo lo que decís... Hay partes que sí, dijimos que eran muy The Cure, sí. Es una influencia temprana nuestra. Cuando empezamos con Massacre Palestina, por más que se decía que éramos skaters californianos y qué sé yo, creo que el tronco madre de nuestra estructura era The Cure, Joy Division, los temas llevados por el bajo.
-¿Fue una búsqueda de antemano ecualizar más pop?
-Nosotros somos una banda con dos guitar heroes. Uno clásico, como el Tordo, y el otro más alternativo, como es Fico. Sabemos manejar la cocina del rock de guitarras y en este caso quisimos dar un paso no sé bien hacia dónde... ¿Sabés de qué hay mucho? De la época en que se empezó a abusar de los sintetizadores, de mediados o fines de los 70, Alan Parsons, Jean Michel Jarre, algo que para revisitar no es cool para nada, pero salió bastante naturalmente.
Allí probablemente está el punto en el que se deba mirar a la dupla Toth-Guyot, hacedores de éxitos para Los Piojos, Bersuit, Los Auténticos Decadentes, Turf y Los Ratones Paranoicos, entre tantos otros. "Que haya más pulso electrónico, aunque de manera subliminal, es obra claramente de los productores. Apostamos al juego de los opuestos y los llamamos a ellos, que son cien por ciento rock nacional, cien por ciento pop y hacedores de hits. Lo contrario a nosotros."
-¿Y cómo se llevaron?
-Bueno, al principio ocurrió lo inevitable: nosotros haciendo cosas jodidas estructurales y de texturas y ellos siendo los que sacaron a la cancha cosas de forma más directa. Cada uno defendió lo suyo, parecía el conflicto de Persona, la película de [Ingmar] Bergman, nosotros defendiendo el prestigio artístico y ellos defendiendo el éxito. Ellos son como Messi, a ellos se les piden goles. Entonces, nos decían: "Somos hacedores de éxitos, no vengan con un tema que no podemos pasar nunca en la radio".
Paradojas de peleas ganadas y perdidas a propósito, en Biblia-Ovni Walas recita su poema "Mi cabeza se ha ido" en la mejor tradición de An American Prayer, aquel álbum póstumo de Jim Morrison musicalizado por The Doors, como introducción al tema "Muñeca roja", que a su vez incluye un coro gospel; en total, una pieza de casi siete minutos separada en dos tracks que laten como el mismísimo corazón del álbum. La historia de una muñeca embrujada que a Walas le sirve como metáfora multidiscursiva. "Una vez vino a casa una nena de 2 años y medio y nos dijo que esa muñeca le hablaba, y no fue la única, después vino una vidente, por otro tema, no me acuerdo, a tomar mate a casa y también nos marcó que tenía una energía especial."
Walas dice una y otra vez que necesita creer. Sea que hable de muñecas embrujadas, de Dios, del "Drácula del Tren Fantasma" o de los extraterrestres. "Se ve que tuve una crianza muy religiosa y por eso necesito creer."
-En este disco tus obsesiones religiosas ocupan un lugar más central de lo habitual tanto en la estética como en la poética. ¿Ocurrió algo especial o es parte de tu búsqueda de fe?
-El concepto viene de algo puntual, de una polémica discursiva que surgió entre nosotros durante una gira, acerca de dónde venimos. Los cinco somos personas que pensamos mucho y muy distinto. Como pusimos en el disco, uno es evolucionista, otro es creacionista, otro filosófico, otro existencialista y otro pragmático. Leyendo un poco encontré que entre la teoría científica y la teológica del ser humano aparece esa tercera postura que es la intervención extraterrestre, que cada vez está más fuerte gracias a Internet. Es una teoría que se parece a la de Dios, porque el extraterrestre es alguien que viene de arriba, que tiene más poderes que vos, más sabiduría, viene con luces... responde a la descripción de dioses. Eso me asustó un poco y me movilizó. Pensá que yo tuve una crianza muy católica y hasta fui monaguillo. Entonces corté con la investigación, preferí ignorar y ahí surgió un poco la devoción por este nuevo culto: rendirles pleitesía a estos nuevos dioses, los que nos criaron, una materia nueva que estuvo oculta, por supuesto.
-¿Por qué?
-Porque no les sirve a los que nos impusieron la teocéntrica. Pero está bueno que haya cosas que muevan al ser humano. Porque yo necesito creer. Durante años nos impusieron el capitalismo, la iglesia, el fútbol, y en este momento se cayó todo. Hay curas pedófilos, el fútbol está comprado y el capitalismo sólo hizo felices a diez chetos y tampoco funcionó. Necesitamos nuevos dioses, nuevas creencias, y el fenómeno ovni es divino para creer. Y para crear también.
-¿Y el rock?
-No, el rock está muerto hace tiempo. Es algo que no tendría que decir, porque yo me tendría que atribuir salvar a la contracultura, pero la revolución cultural no está en el rock. Creo que ese rol lo van a ocupar las jams de poesía, todo un semillero de performers dark y pichones de poetas borrachines como Enrique Symms. Ellos van a lograr esa grieta que todo el mundo está pidiendo después de Cromagnon. Ellos van a revelar lo prohibido, la contracultura, lo tabú que había antes y que ahora no existe.
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