La voz de Ana Belén y la palabra de Lorca
La cantante relató a La Nación cómo se gestó su álbum doble en tributo al gran poeta granadino
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Ella todavía no había nacido cuando los falangistas asesinaron a Federico García Lorca en Granada. Ana Belén no tuvo oportunidad de conocerlo -aunque su madre le cantaba las nanas del poeta para que durmiera plácidamente de niña- ni mostrarle lo que hizo con sus canciones populares y sus versos, o simplemente posarle la mano en el hombro cálidamente como aparece en el fotomontaje de tapa de su nuevo disco doble, "Lorquiana".
"Cuando vi el arte de tapa listo me dio mucha emoción y pensé: que pena que no haya podido ser de verdad. A todos nos hubiera gustado conocerlo. Aquellos que nos sentimos en distintos momentos de nuestra vida cerca del mundo de Lorca nos hubiera gustado tener la posibilidad mínima de haberle dicho: "¿Cómo está maestro?", dice susurrando, y los ojos se le ponen vidriosos.
Una visita fugaz la deposita en un día de calor asfixiante en Buenos Aires. Ella parece aislada en un oasis refrescante donde predomina la figura del poeta granaíno y los entretelones de su nuevo material, "Lorquiana", una de sus obras más ambiciosas. El álbum doble de la cantante convocó a dos arregladores prestigiosos como Michel Camilo y Chano Domínguez, compositores de la talla de Joan Manuel Serrat, Leonard Cohen, Víctor Manuel, Kiko Veneno, Fito Páez, Ketama, Pedro Guerra, Javier Ruibal y 24 poemas y canciones de Lorca donde aparecen "Romance de la luna", "La Tarara", "Pequeño vals vienés", "En el Café de Chinitas" y "Nana de Sevilla", entre otras.
Nada es casualidad
La elección no fue casual. El destino cruzó el gusto de Lorca por los sonidos del jazz con el ambiente que sobrevuela todo el disco de Ana Belén. Ella quiso reflejar al andaluz cautivado por las calles llenas de música de Nueva York y por ese sentimiento que habitaban sus poemas.
"Cuando vio ese Harlem le conmovió mucho. El decía que lo negro tenía duende. Y por otro lado siempre le obsesionó lo negro, la pena negra, la muerte negra, eso que el llamaba la oscura raíz y que estaba en sus escritos. Creo que es un sentimiento fatalista que está en el alma del andaluz, quizá del hispano. Esa sensación de que en cualquier momento viene lo trágico... y que todos tenemos."
Cada vez que la cantante nombra o evoca algún recuerdo relacionado con Lorca, la voz se le hará chiquita, tímida, casi de respeto ceremonial, y el gesto reflejará una profunda melancolía. Muchas imágenes de su historia personal están presentes en el universo de su nuevo trabajo y vinculadas con el poeta. "Era una adolescente cuando lo leí por primera vez -evoca la intérprete-. Tenía 15 o 16 años y fue de un libro que encontré en casa de unos familiares. Luego, trabajando en el teatro, unos compañeros míos me regalaron un tomo maravilloso con sus obras completas. Una joya. Y luego ya muy directamente, cuando interpreté "La casa de Bernarda Alba" en teatro y después en el cine. Gracias a eso fui acercándome cada vez más a él. Pero para el disco encontré un libro fundamental, en el que había fotos antiguas y correspondencia familiar. Lástima que no haya nada grabado con su voz. No podemos saber qué voz tenía Lorca...", cuenta con un tono que se va apagando, a varios miles de kilómetros de donde está realizando su gira española.
Salto mortal
Si nadie suponía qué haría después de esa reunión de iconos de la canción popular española en "El gusto es nuestro", junto a su esposo, Serrat y Miguel Ríos, ella pegó otro salto mortal. Fue fiel a su propia historia y a su necesidad de bucear en el mundo lorquiano y repensar una obra ineludible, pero sin ánimos de educadora.
"Este trabajo no tiene la intención premeditada de acercar a Lorca a las nuevas generaciones. En todo caso, eso es para los maestros y los padres. En vez de comprarle historietas a un niño, que prueben con un libro de Lorca, que escribía cosas sencillitas y entendibles -aconseja-. Una de las mayores ilusiones que se me hizo fue que mi hija, cuando tenía 3 años, vino recitando del colegio "Canción tonta"; por eso creo que la he grabado. Esa sí es una labor de los profesores, de enseñarles Lorca, Quevedo o Alberti y crear una necesidad, estimularlos y que encuentren un placer acercándose a su obra. Además, no tienen por qué leer todo. Lorca tiene momentos diferentes que se adecuan para adolescentes, niños, optimistas, depresivos, idealistas; lo puedes leer en cualquier situación y en cualquier época de tu vida."
Ana Belén pasó por esos diferentes estados y los ha seguido desde las páginas de Lorca como un paralelo de su vida, que ahora recuerda como si fueran fotografías viejas. Lo leyó cuando el régimen franquista lo tenía prohibido y lo reivindica nuevamente en tiempos de Aznar. Dice que su poesía siempre seguirá vigente, mas allá de los festejos por el centenario de su nacimiento, porque sus versos siguen molestando a los poderosos.
"Lorca no está olvidado, aunque a veces la injusticia de los aniversarios es que después se acaba y vuelve otra vez el silencio. Hombre, no hay que olvidar que Lorca estuvo prohibido en nuestro país, como tantos otros. Aunque las canciones populares siempre estuvieron en la memoria colectiva, pasaban de generación en generación, y eso no lo pudieron callar. Pero no se lo podía representar. Y todavía permanecen ciertos sectores a los que no les gusta que sus poemas reivindiquen a los marginados y que su canto sea de libertad. Por eso Lorca no es de todos; de lo contrario, no lo habrían matado. Tenía una actitud crítica que molestaba. Igual creo que es uno de los más populares y quizás es el más querido", dice y refirma sus palabras con una mirada encendida.
Atrapar el duende
Alejada de sus calles madrileñas, de su Puerta de Alcalá, de ese frío cortante como navaja, Ana Belén mantiene la sencillez heredada de su padre cocinero y su madre portera y la altura intelectual que cosechó en sus múltiples facetas como artista. Es reflexiva, tiene una madura y radiante belleza y gestos mínimos. Parece que estuviera esperando el momento de atrapar el duende, como decía el inspirador de su último trabajo, agazapada, para lanzar una frase ocurrente o una reflexión profunda.
-Lorca decía en un ensayo sobre el Romancero gitano que era un libro antipintoresco, antifolklórico y antiflamenco. ¿Tu nuevo trabajo tiene algo de ese espíritu?
-Creo que cuando decía eso se refería a ser antitópico. Fijate que Lorca fue el primero en organizar el primer festival de cante jondo. Logró que los gitanos que cantaban en las fiestecillas de los señoritos tuvieran otra dimensión, los subió a un escenario y los sacó de la cosa esa graciosa de venga cante gitanillo . Hombre, no sé si he conseguido esto. Lo que sí he intentando con las canciones populares es también salirme de los tópicos convencionales, porque se han hecho muchas versiones, incluso los líricos las han cantado. He intentado darles otra visión sin traicionar ese espíritu de raíz flamenca y española, pero cantándolas como si fueran estándares de jazz.
El camino más difícil
Al clima poético y desgarrador de las canciones les impregnó su propia personalidad. "No podía acudir a un desgarro flamenco porque no lo soy. Ahí sí sería meterme en un mundo que, aunque me gusta mucho, no conozco."
Por eso, eligió el camino más difícil, convocar a Chano Domínguez: "Cuando lo llamé, me preguntó por qué se le había ocurrido pensar en mí. Mi idea era hacer algo diferente y que reinterpretara esas canciones a su estilo. Sabía que era un músico de jazz, pero con mucha raíz andaluza, que iba a darle la vuelta a todos los temas".
-¿Cómo se supera un trabajo como éste, donde reuniste compositores, textos y músicos de excelente nivel, pensando en el futuro?
-Creo que tendré que volver con un acústico supersencillo -cuenta y se ríe-. La gente no te deja resquicio mínimo, y cada uno de los pasos siguientes tiene que llevarme más lejos, aunque me equivoque y haga una chorrada. Lo importante es poder generar cosas. Pero no quiero pensar qué voy a hacer ni cuándo. Quiero disfrutar de este presente, estos temas que me hacen sentir como hace tiempo no me sentía con la música y que esto fluya y tenga su vida propia. Quiero que las canciones dejen de ser de Ana Belén y hasta de Lorca para que pasen a ser de la gente.
Manda el corazón, no la doctrina
El nombre del poeta le devuelve otra vez a Ana Belén una mirada nostálgica. Muchos actos de su vida están relacionados con el creador de "Romancero gitano" y su militancia y coherencia ideológica. Belén actuó como tenía que actuar en cada momento. La movilizan las mismas cosas que cuando filmó su primera película en los 70, pero no sigue afiliada a ningún partido político. "Ahora manda mi corazón y no las doctrinas. Si tengo que reclamar algo, salgo a la calle y listo."
Tiene dos hijos, David y Marina, y está casada hace 25 años con Víctor Manuel, el mismo poeta asturiano que la enamoró una noche de 1972. Sigue viviendo en Madrid. Sigue haciendo cine; teatro, cuando el tiempo se lo permite; televisión, cuando el proyecto la cautiva (en enero comenzará a rodar una miniserie de 13 capítulos donde se transformará en una detective), y sobre todo sigue haciendo discos que escalan un peldaño más arriba que el anterior.
"La gente siempre sigue de cerca lo que hago y me está señalando el camino, me obliga a hacer las cosas bien. Es más, creo que a veces ni me dejan hacer algo por probar. Pero me parece que esto siempre ha sido saludable para mi carrera", asegura Belén, un rostro que supo cautivar a toda una generación y se ubicó como referente del cine español.
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