
Las alturas de Inti Illimani
Conciertos del grupo chileno Inti Illimani: Horacio Salinas (guitarra, cuatro, tiple, voz, composición y dirección musical), Jorge Coulon (guitarra, tiple, composición y voz), Marcelo Coulon (guitarra, quena, piccolo, flauta, guitarrón mexicano y voz), Horacio Durán (charango, cuatro, violín, percusión y voz), y Efren Manuel Viera (percusión, saxo barítono y clarinete). Invitados especiales: Daniel Cantillana (violín) y Fernando Julio (contrabajo). En La Trastienda. Nuestra opinión: muy bueno.
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Cuando el octeto vocal instrumental irrumpe con "Danza di Cala Luna", emerge la impronta de su líder, Horacio Salinas, compositor y director musical desde la guitarra, quien la compuso en homenaje a la música eufórica de Cerdeña, donde pasaba sus vacaciones del destierro.
Los arpegios de la guitarra y el punteo inquieto crecen en un derroche de timbres donde cuerdas y aerófonos conforman un impresionante fresco sonoro.
Desde Italia accedemos al altiplano en alas de "Tata San Juan", que los Inti cantan al unísono mientras Jorge Coulón practica con el dulcimer (precursor del clavicordio). Los retumbos indígenas del huayno concitan las palpitaciones de la tierra. Pero no todo es golpeteo sino que, como corresponde a un grupo eminentemente musical, sus músicos entretejen sutilezas en la combinación instrumental.
El 6 x 8, métrica por excelencia de nuestra América folklórica, llega de modo atípico con "Lo que más quiero", en una euforia de danza. Y le seguirá otro tema de similares cadencias: el prototípico de la nueva canción chilena, "América novia mía", de Patricio Manns. Ambos conforman el sello Inti Illimani, impreso por la fantasía exuberante de su guía Horacio Salinas y los preciosos aportes de sus compañeros de ruta.
En su fascinante calidoscopio caben los sonidos autóctonos del charango y la quena engarzados en las guitarras y el guitarrón omnipresentes más la refinada percusión.
Desde la célula más pequeña hasta la polifonía más deslumbrante, los Inti trepan cumbres de arte. Bien puede tratarse de los explosivos "Sambalandó" y "Mi chiquita", del aplacado valsecito "María Canela", del coral "El arado", de las endiablados acentos de "Kalimba", el riquísimo juego de voces de "La fiesta de la Tirana", todo es brillo y resplandor contrapuntístico.
Una sabia combinación de lo más jugoso del elemento folklórico con el refinamiento de la conjunción camarística clásica.
Es posible que en esta ocasión los Inti Illimani se hayan tentado con las explosiones del ritmo, la euforia y la algarabía, y hayan dejado en el camino aquellas sutilezas, aquellas minucias deliciosas del medio tono y los silencios a los que nos tenía acostumbrados su arte singular.
No obstante el sexteto básico más los otros dos músicos que conforman el octeto siempre nos reservan sorpresas del más alto linaje artístico. Y ratifican el nivel de excelencia conquistado a golpes de talento.





