Hace un año que estamos aquí. La mayoría de ellos lleva más tiempo luchándola, muchos desde niños. Y tanto para ellos como para nosotros, este ha sido un año de aprendizaje, de logros y de retos.
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1-Cabas
Como cabeza de este especial, que tiene tanto de apuesta como de bola de cristal, está Andrés Cabas. Un momento. ¿Acaso no había llegado ya a donde quería?
Como cabeza de este especial, que tiene tanto de apuesta como de bola de cristal, está Andrés Cabas. Un momento. ¿Acaso no había llegado ya a donde quería?
Si y no. si, porque su presencia dentro y fuera de Colombia es bastante notoria, y no, porque Cabas aún tiene mucho más para dar y si sigue apostando fuerte por sí mismo, lo que hoy se ve como éxito, en el futuro podría ser recordado apenas como el impulso inicial de su carrera.
Su primer disco, Cabas, tuvo bastante éxito y de él salieron canciones tan populares como "Mi bombón" , "Ana María" y "Tu boca". La cosa pintaba bien pero algo no terminaba de encajar, pues lo que él hacía no era folclor en el sentido estricto de la palabra, ni rock, ni pop. Fue comercializado como un artista pop pero lo que Cabas hacía tampoco era para ser gastado como un producto desechable, como un anzuelo para enganchar las billeteras de las colegialas. Fue un disco al que le fue bien pero, al igual que muchos artistas nacionales, Cabas más por las condiciones de la industria de la música local que por falta de ganas pudo haberse quedado con un disco exitoso debajo del brazo para después desaparecer.
Pero eso no sólo no ocurrió sino que el segundo disco, Contacto, fue mejor que el trabajo que le precedía. Lo de Cabas seguía siendo algo a lo cual no se le podía poner una sola etiqueta folclor, rock o pop y puso la variedad de sonido a su favor para acentuar cada uno de esos aspectos. Lo folclórico sonaba más raizal, lo rockero estaba más fuerte y lo pop siguió siendo gustador. Pudo haber tomado el camino fácil de seguir el sonido de grupos como Bacilos cosa que decenas de artistas han hecho en los últimos dos años y asegurar el beneplácito de las secciones de farándula de los noticieros de televisión, pero afortundamente esa idea no pasó por su mente y buscó en terrenos menos explorados. En lugar de estandarizarse con un sonido limpio y soso "Made in Miami", juntó a varios talentos locales, como el productor, arreglista y compositor Juan Sebastián Monsalve [uno de los músicos más importantes y vanguardistas de la música popular colombiana], así como al fallecido tamborero Batata, y la voz pujante del español Enrique Bunbury.
La de Cabas no es música de vanguardia experimental, lo cual no quiere decir que se ubique en el vagón de retaguardia en donde viajan cómodos los clones del pop latino. No intenta sonar muy anglo [así tenga en mente hacer un disco en inglés en un futuro cercano], tampoco asume poses de folclorista [así haya sido jurado en el Festival de Porro de San Pelayo], como tampoco anda por ahí anunciando su vena rockera para congraciarse con un puñado de melenudos resentidos [así sea fan de The Cure y su casa tenga por todas partes objetos relacionados con Radiohead]. En medio de la música costeña hay un toque de tristeza y Cabas no tiene inconveniente en encontrarle la relación con el frío de The Cure: "Para mí el folclor no es sólo el cuento tropical de bailar y mover las caderas. El folclor también tiene una tristeza y una nostalgia que es lo que a mí más me gusta. Por eso abordo ritmos como el bullerengue, porque tiene una tristeza muy rockera. Creo que, más que el género, lo importante es la sinceridad que había; se componían canciones sobre cualquier tema porque eran mucho más abiertos y me gustaba que las canciones empezaban de muy poco, como The Cure con sus introducciones de un minuto en las que iba entrando el teclado, después la guitarra... Era música que me erizaba la piel. Cuando niño, me estaba yendo muy mal en el colegio y mis papás me pusieron un tutor y cometieron un error para ellos, fortuna para mí de que a él le gustaba U2, The Cure y Pink Floyd. Nos poníamos a oír música en lugar de ver las tutorías de física". Rock anglo en las tutorías y folclor en la sala de la casa, que corría por cuenta del trabajo de su papá como compositor, quien ponía a cantar en su hogar a Matilde Díaz.
También tuvo sus días de músico pobre recién ido de la casa natal. "Con Juan Sebastián hacía «chisgas» [toques ocasionales contratados] de jazz, tocaba piano en hoteles y tenía que andar para ganarme el pan en cualquier lado". En días menos afortunados llegó a ser botones de un hotel en Bogotá.
¿Por qué apostarle a Cabas justo ahora, cuando apenas tiene dos discos muy diferentes, cuando el segundo de ellos lleva un año circulando y quizás parezca viejo para el vértigo del mercado, cuando empieza a repartir más su tiempo entre Colombia y Estados Unidos?
Porque el mismo Cabas es un apostador. En Contacto lo hizo y ganó. Ahora que pasa más tiempo fuera del país, no escogió el camino obvio del artista latino que quiere pegar en el norte. No se fue para Miami sino para Nueva York, en donde cabe esperar que los aires más cosmopolitas lo tengan a salvo de la estandarización sonora del eje de producción Estefan-Santander. No se puede anticipar cómo le va a ir en su próximo proyecto. En Contacto quedó claro que quien se aparta del camino más transitado, va un poco más solo. Pero nadie le dice qué hacer y, de paso, evita el riesgo de ser atropellado por todos los que marchan al mismo paso.
2-Pernett
Pernett ha logrado que todo el ambito folclórico del Caribe se apodere de sus sintetizadores y esa fusión tiene el nombre de Caribbean Raver.
De ser necesario, humberto Pernett habría vivido de la música tocando un tarro de galletas. De chico amenazó a sus padres diciendo que no haría nada más en la vida si no lo dejaban estudiar música. El chantaje resultó. A los 25 años, y después de hacer parte de Sidestepper, uno de los proyectos más importantes que se han realizado en torno a los ritmos colombianos, de publicar su primer disco, Pernett & The Caribbean Ravers, y de haber protagonizado una exitosa gira por Europa [Italia, Inglaterra, Suiza, Bélgica, España, Dinamarca], ya se ve como uno de los artistas más talentosos en el ámbito de la nueva música colombiana.
Huele a Mariacachafa fue uno de los temas más particulares publicados en Colombia a finales del año pasado. Una rápida fusión de ritmos caribeños con una base electrónica soportada en una percusión fuerte, acordeón, tambores, y coros con el más autóctono timbre costeño. Una pieza lo suficientemente única como para volver famoso al excéntrico Pernett, un personaje que ha vivido rodeado de música desde que su mamá, estando embarazada, sentía una inclinación irresistible por tocar el órgano eléctrico que había en la casa; lo raro era que nunca antes le había llamado la atención la música.
Pernett tuvo que posponer su vocación durante unos años porque en el colegio lo obligaban a interpretar la flauta dulce y aprender unos solfeos que poco le interesaban. El tedio duró hasta los ocho, cuando vio por primera vez un piano de cola. El piano me enloqueció y me pareció lo más lindo que podía haber escuchado en la vida. Mi afición fue tal que por oír el piano me dejaba el bus y tenía que regresar caminando a la casa, dice.
Lentamente, se empezaron a sumar los factores que lo convertirían en músico. Las influencias no podían faltar, por toda esa música de carnaval tan propia de Barranquilla, la gran capital de la costa norte colombiana. Porros como La vaca vieja, La butaca o Josefa Matías; gaitas como La quinta, y canciones como La Maestranza y Te olvidé, eran la banda sonora de los Pernett.
En su casa había una guitarra que se volvió su juguete preferido. La desafinaba y se inventaba cosas rarísimas. Pero la vida le cambió cuando un amigo le prestó un pequeño teclado Casiotone. Al comienzo le daba gusto a su público e interpretaba lo que sus padres querían oír: instrumentales como Love Story o melodías como My Way, el clásico de Sinatra. Cuando cogí ese teclado por primera vez fue como si las manos hubieran funcionado solas. Yo no pensé en tocar melodías ni nada, fue algo inconsciente. A la semana de tenerlo, yo ya tocaba melodías y eso me impresionó.
Después empezó a hacer la música que quería. Inicialmente una especie de sonidos new age, luego algo tecno, que venía de lo que entonces le gustaba y que estaba de moda: Pump Up The Jam, de Technotronic, el primer disco que compró; otro disco llamado Quadrophonia, e igualmente el que él considera su mayor influencia, The White Room de KLF, grupo británico fundamental dentro del movimiento electrónico de inicios de los noventa, y tan importante en su vida como Los Gaiteros de San Jacinto, una tradicional agrupación folclórica de la costa caribe colombiana.
Pero lo que es hoy su estilo musical pudo haber nacido el día que tomó el álbum Carmelina de Totó La Momposina, lo puso a sonar, y mientras tanto le hacía arreglos con su Casiotone, a la vez que el equipo de sonido de su casa se convertía en su estudio de grabación. La casetera la utilizaba para hacer samplers y el tocadiscos para ejecutar scratches . Así que mientras se internaba en el mundo ambient house, rave, tecno y acid de los ochenta y calmaba la fiebre que le producían las minitecas de los noventa, Pernett seguía alimentándose de la música que había en su casa:. Siempre tuve la música folclórica como un lenguaje propio y con el paso del tiempo encontré mi lenguaje entre las dos vertientes.
Cuando empezó a componer tenía la influencia del rock en español, de las fusiones tropicales con el rap, quiso ser DJ y se quedó esperando que su mamá le regalara un mixer que le prometió. Conoció la trova cubana y la canción social, que también lo influenciaron al crear sus letras.
En 1998 llegó a a la facultad de música de la Universidad Javeriana de Bogotá. Estudió composición porque quería ser director de orquesta, aunque luego tuvo que ser sincero consigo mismo y empezó a trabajar en lo que siempre había estado buscando. Al tiempo, estudió etnomusicología, siguiendo con su amor por el folclor. Siempre que me pedían una composición, clásica o lo que sea, yo le metía mi veneno folclórico. No era raro que una obra para cinta magnetofónica, con violín y coros, tuviera su toque cumbiambero.
Pernett terminó metido en el círculo de los músicos bogotanos gracias a Sol Suárez [exvocalista del grupo Zoma] quien le presentó a Mario Duarte y a su vez a David Cárdenas, integrante de Sonorama y dueño del estudio de grabación Sonido Azulado, donde también conoció a Felipe Alvarez, quien le ofreció su casa para que viviera mientras conseguía lo suyo. Trabajó en Sonido Azulado haciendo jingles y música para telenovelas y desde comienzos de 2002 se quedaba hasta el amanecer en el estudio trabajando en lo que fue su disco debut.
El contacto con Sidestepper fue fundamental. Gracias a su manager, Julio Correal, conoció al inglés Richard Blair, director de la banda, quien lo incluyó en la formación del grupo para tocar la parte electrónica: los mixers, las armonías, los samplers de las trompetas, los efectos en vivo, los delay. Cuando vi el set de Sidestepper me asusté. Frente a ese montón de aparatos y de máquinas me dije ¿qué voy a hacer con esto? Pero después de empezar a ensayar, las cosas funcionaron. Ha sido una experiencia bonita porque he aprendido de Richard cómo se maneja una banda en vivo y cómo se trabaja la música electrónica en sí, porque lo que sabemos hacer los colombianos es folclor. Los maestros de la electrónica son ellos, los ingleses.
Blair también llevó a Sidestepper a Enrique Egurrola, un baterista excepcional que ha sido el socio eterno de Pernett. Se conocieron en la Universidad cuando él estudiaba batería, se hicieron amigos y conformaron varios combos en los que hacían desde acid jazz hasta folclor. Tocaban en la calle para ganarse lo del almuerzo y crearon una banda que incluía gaitas y tambores a la que llamaron Mamatoco.
Kike es fundamental en lo que hago y su papel tocando el tambor alegro en mi grupo es como el del guitarrista líder en el rock. Yo podría tocar sólo con mi teclado, pero su presencia es esencial porque en las músicas étnicas, que casi siempre son minimalistas y repiten lo mismo, el alegro se sale del contexto a pesar de ser un instrumento de percusión. Entonces va haciendo un solo durante toda la canción, va cambiando todo.
Pernett estuvo de gira con Sidestepper por Estados Unidos, Canadá y México, donde se presentó por última vez en concierto como parte de este grupo. A Richard le aprendí el manejo en vivo de las secuencias. En cuanto a Iván Benavides [otro Sidestepper] es una de las personas más importantes de la historia de la música en Colombia. Con él he aprendido hasta las malas mañas.
El resultado de su aventura musical es Pernett & The Caribbean Ravers , un EP compuesto por cinco canciones donde el folclor colombiano del Atlántico [cumbia, chande o champeta], se fusiona con electrónica y cuyo resultado es una combinación de temas con aire fiestero [Huele a Mariacachafa, Carnaval], ambientes melódicos [Caribbean Raver] o nostálgicos [Dos para Elizabeth].
Pernett & The Caribbean Ravers guarda una dosis de talento que tiene todas las herramientas para triunfar en un estilo musical que todavía se antoja nuevo. Mientras tanto, él, Pernett, con su gigantesco afro, su baile sinuoso y su sonrisa ingenua, seguirá haciendo música, tocando, o como él mismo dice ampliando el espectro cuando saque muchas cosas que tengo guardadas.
3-Superlitio
Ocho años cambian a cualquiera. Sobre todo si son ocho años de trabajo duro como los que han pasado los integrantes de Superlitio. Sin embargo, son en esencia los mismos; con algo más de fama, claro.
Y con las conciencias tranquilas, pues si alguien no estuvo de acuerdo con ellos cuando decidieron lanzarse al vacío con este proyecto, ya despejaron sus dudas.
Estos seis caleños demostraron que, aunque les faltan varias tuercas en sus cabezas, tienen un cuento muy serio.
En 1996 dejaron de ser seis chicos adictos a la música e integrantes de diferentes grupos para convertirse en Superlitio, la principal banda caleña y una de las agrupaciones colombianas con más proyección internacional del momento. Fue la época de tocar las puertas de los bares, de ensayar composiciones saturadas de las distintas influencias que todos traían en la cabeza y por las que apostaban sus últimos centavos aunque resultaran atroces. Apareció Marciana [1997] y, más adelante, Sonido Mostaza [1999], dos discos independientes que les permitieron girar por Colombia, decir lo que pensaban acerca de un gobierno que trastabillaba con un diálogo de paz sin muchas luces y pararse en los escenarios de Rock al Parque en Bogotá frente a 10.000 espectadores.
En 2000, con más agallas que experiencia, se lanzaron al ruedo en Estados Unidos. En esta primera gira internacional, a la que bien llamaron Gimme One Dollar porque casi fue pidiendo limosna que lograron tocar en diferentes lugares Superlitio cargó instrumentos, durmió en el piso, pasó hambre y tocó en bares pequeños. Nada digno de prensa. Pero de Gimme One Dollar surgieron cosas que cambiarían definitivamente su rumbo, como el contrato con el sello discográfico estadounidense independiente Cielo Music Group y su unión con el productor Tweety González, quien ha logrado éxitos más que importantes con Fito Páez, Soda Stereo e Illya Kuryaki. Al volver a Bogotá, ya no eran más la banda caleña que clasificaba en los concursos preliminares para tocar en Rock al Parque. Desde ese año se convirtieron en banda nacional invitada y compartieron escenario con Molotov, Café Tacuba y otros.
Lo que vino después ha sido grande. En Los Ángeles grabaron Tripping Tropicana , su tercer álbum, que editaron el 24 de febrero en Estados Unidos y Puerto Rico, y arrancaron una nueva gira en la que incluyeron varias ciudades de estos países, más comida y hoteles decentes. También se anotaron varios puntos con una serie de estrategias de mercadeo y publicidad poco convencionales pero, a decir verdad, bastante efectivas. El canal 10 de las emisoras en los aviones de American Airlines transmite su disco, se lanzaron a la venta on line, entraron a las selecciones musicales de los canales por cable y una gran cantidad de cines en Estados Unidos pone antes de las películas uno de sus sencillos Primero fue Que vo hacer, seguido de Lo Fi y próximamente trasmitirán Perdóname. Este servicio, conocido como Movie Tunes, también es utilizado por Norah Jones, Coldplay y Avril Lavigne [Superlitio es la única banda latina que lo hace].
Luego llegó la nominación a la última entrega de los premios Grammy Latinos. Era julio y Pedro Rovetto [bajista] se había quedado en Nueva York cuando terminó la gira y se coló entre la ceremonia de nominaciones, sólo por curiosidad, sin ninguna esperanza. Robi Draco Rosa leyó la lista, y ahí estaba Superlitio como Mejor nuevo artista. No se llevaron el premio, pero no importó. Con su primer disco en ese mercado se hicieron visibles para toda Latinoamérica. Ahora son conocidos por nuevos productores, tienen propuestas interesantes para la realización de sus videos, firmaron para llevar su álbum a cinco países de Europa y aparecen en los discos de recopilaciones de los Grammy Latinos y de LAMC 2004. Son amigos de Julieta Venegas, de los de Control Machete y si Robi Draco Rosa o los de Kinky se los encuentran, seguro los saludan.
Sus presentaciones dejaron de ser en bares de mala muerte para pasar a ser en el Avalon y el Key Club de Los Angeles. Y, sin embargo, aún siguen siendo los mismos caleños sencillos, medio payasos, que llegan como trombas a los lugares, hablan duro y destapan cervezas.
Podría decirse que los chicos de Superlitio ya son estrellas. Pero lo mejor es que tienen madera para seguir brillando. Su música es original, y aunque están haciendo su carrera en Estados Unidos por fortuna no en el reino de los Estefan se han mantenido al margen de los productos comerciales embotellados en un pop pegajoso y desechable. Lo de ellos, aunque es principalmente funk, se mete sin timidez en los predios del rock, el hip-hop, el drum nbass, la electrónica, lo tropical y latino de su país. Además tienen herramientas para dar la pelea en mercados diferentes al hispano, pues el inglés y el francés fluyen en sus letras. En resumidas cuentas, Superlitio dio mucho de que hablar durante este año, pero en el que viene las cosas se pondrán mucho mejores, principalmente porque Tripping Tropicana ya se habrá lanzado en América Latina.
4-Pornomotora
Bogotá tenía antes un torrente sanguíneo subterráneo como pocas ciudades. Cada fin de semana lograba reunir grupos de gente en diferentes lugares, que eran capaces de derrotar el frío para oír a las bandas locales. Los escenarios, sin embargo, fueron desapareciendo, y las bandas disolviéndose. Los DJs y otras corrientes segmentaron la banda sonora con la que la capital se había armado para dar paso a un futuro de mano de la frase: Rock & Roll is dead.
Seis de la tarde, hora perfecta para un trancón de líneas interminables de carros en el centro de la ciudad donde los cuatro integrantes de Pornomotora suben a un taxi para llegar relativamente a tiempo a una prueba de sonido. Después de un silencio denso, Christian de la Espriella, su vocalista líder, empieza a entonar una canción en la que se puede reconocer una voz bien educada y dispuesta a matar el aburrimiento. El resto de la banda lo sigue, y los acompaña el ruido de exhostos, pitos y sirenas.
Horas después, sobre un escenario, Edwin da tres baquetazos para dar la señal de inicio, y continúa la sinfonía del taxi, esta vez armados con instrumentos y una convicción sólida a la hora de atacar con ellos. Desde su inicio, en 1999, ninguno de sus integrantes pensó que era un pasatiempo adolescente, no tenían ni el tiempo ni el dinero para dedicarse a jugar, sino como un compromiso personal que obedecía a una disciplinada formación musical que adquirieron desde que eran niños.
Como individuos son completamente diferentes, pero como banda se amalgaman perfectamente para lograr una imagen difícil de definir en términos estéticos y musicales, claros al hacer las cosas como las sienten y tomando decisiones sin respetar vacas sagradas ni estereotipos que condicionen o limiten su forma de trabajar, con tonalidades diversas y alejados de la necesidad de llevar un mensaje específico que los defina como un término de diccionario. Con esa premisa, Pornomotora toma el micrófono y sin vacilar canta I hate Rock & Roll.
La banda no le promete a su público recuperar esa escena rockera perdida de la ciudad, pero apenas suben a un escenario se siente su fuerza. Christian es de las pocas voces magníficas que tienen las bandas masculinas en Colombia, y lo prueba en cada canción. La gente quiere más. Los chicos, todos menudos y con aire desprotegido, no aflojan. En realidad, no han aflojado ni un poquito desde que nacieron, por eso las dos nominaciones a los premios MTVLA son, más que una recompensa, una consecuencia. Y su público, aunque no lo acepte, guarda la esperanza de que, después de todo, el rock no haya muerto.
5-tk
Habrá toda una generación en Latinoamérica que crecerá considerando a TK y Líbido como lo único y lo mejor del rock peruano. Que no sabrá de nombres como Leuzemia, Frágil o Los Shains.
Gran injusticia. Pero ocurre que, como su par ganador de dos lenguas en MTV, los TK avistaron a tiempo una nueva ola y sin prejuicios se lanzaron a correrla.
Combinando una cuidada imagen y tonadas que entrecruzan sus referentes inmediatos U2, Dave Matthews, Gustavo Cerati, Travis y Coldplay, hoy resulta muy difícil, casi imposible, retener tan sólo una hora juntos a Emilio Pérez Armas [guitarra], Edgar Guerra [primera guitarra y voz], Christopher Farfán [batería], Diego Dibós [vocalista] y Carlos Lescano [bajo]. Emilio y Edgar se conocieron en la Universidad y se dedicaban a tocar la guitarra para matar el tiempo. En febrero de 2002, el hobby estudiantil tomó la forma de un disco debut [Trece] grabado por su propia banda en la que ya estaban Christopher, Diego y Carlos. Gracias a ese trabajo, TK se convirtió en el primer grupo de rock peruano en ser firmado por una multinacional, que en su caso fue Sony. Ya tienen un segundo álbum [Tentando imaginarios], que fue publicado en mayo de 2004. Para entrar al apetecido mercado argentino, firmaron con el sello Pop Art, el mismo de Babasónicos y La Renga. Los Talita Kumi Levántate y anda en arameo, o TK, manejan agendas que revientan de sesiones de fotos, entrevistas y llamadas de larga distancia en conferencia bien sea con los distribuidores en Argentina, los productores en Estados Unidos o los ejecutivos de la Warner-Chappell, quienes administran sus regalías.
Todo un logro para el entorno promedio que ofrece el Perú a sus artistas. En los tres cortos años que llevan juntos, han dejado carreras y estudios ingeniería, administración, una que otra novia, y a las reseñas que tildan algunas de sus letras de crípticas. Ellos creen en los vídeos, la rotación constante y la labor social. Su reluciente Fundación TK tuvo dos buenos hijos: BiblioTK, para recaudar libros en conciertos, y cada 1.000 inaugurar bibliotecas en zonas de pobreza ya van dos, y TK Conversa, charlas de una hora en algún colegio acerca de hábitos de lectura, sexo, disciplina, drogas y, por supuesto, piratería. La charla cae con miniconcierto gratis. En los conciertos que realizan a favor de BiblioTK, se accede regalando un libro. No se trata de hacerse los buenos. Simplemente es mejor cambiar las cosas con acciones y no con discursos o con canciones que critican todo pero que no marcan ninguna diferencia.
Ahora se van por su segundo MTV Latino [se llevaron una lengua por Mejor Artista Nuevo Central en 2003], en la categoría Mejor Artista Central. Con tan veloz crecimiento, se lleven o no la segunda lengua, en poco tiempo muchos se llevarán algo de TK. Quiéranlo o no.
6-Priscila Moreno
Su sencillo Funky Night la ha convertido en una de las artistas rockeras más importantes de la escena panameña, candidata para arrasar con los premios PanamaRock y símbolo sexual. Priscila apenas comienza.
Priscila Moreno tarareaba el himno nacional antes de decir mamá. Ahora, a sus 25, es una de las candidatas a ser nominada como Artista Revelación, Artista Femenina y Mejor Video de 2004 en los Premios PanamaRock, que se realizarán a final de año, lo que la convierte en la chica más prometedora en la escena rockera de Panamá.
Priscila comenzó joven en el camino de la música. A los nueve años escribió su primera canción titulada Los años pasan y a sus 15 debutó como intérprete y compositora en el Festival de Talento Juvenil en 1996, donde ganó el premio a Mejor Canción Inédita, con el tema Perdiéndote. A raíz de esto decidió formar un dúo musical con una de sus mejores amigas, al que denominó Garota.
Desde que comenzó ha recibido varias ofertas para grabar, para ser producida y manejada, pero involucraban cambios radicales en su música. Así que en 2001 inició la producción de lo que sería su cd debut, con sus propios recursos; también empezó a participar en grabaciones de artistas locales e internacionales, componiendo y cantando jingles de radio y televisión, participando en bandas de covers y hasta trabajando como dj en una estación de radio, para reunir el dinero de su disco.
En 2003 lanzó su primer sencillo promocional, Delirando, que tuvo buena crítica pero poca ayuda en la radio, según ella cree, por ser más rock que pop.
En septiembre anunció el lanzamiento de su álbum debut para finales de octubre, que iba a llamarse Priscila Moreno, y para promocionarlo acabó de editar el nuevo sencillo Funky Night, donde su coro en inglés Hey Mr. DJ play my funky music, es su pequeña venganza a la indiferencia de las emisoras con Delirando: ¡Esa gente no quería tocar mi música!, se queja. Apenas un mes antes del lanzamiento de su disco, decidió renombrar su producción Funky Night, que es claramente más comercial que su sencillo predecesor, pero aún conserva su ya típico egoísmo musical.
7-Sonica
En el 98, cuando The Offspring y Green Day lideraban el punk mundial por supuesto, criticados por los radicales del movimiento, cinco adolescentes influenciados por NOFX empezaban a convivir con el under caraqueño. Eran mal vistos por sus colegas aún lo siguen siendo sobre todo los ultradefensores radicales del punk. Eran Sónica.
La primera sesion de fotos para lograr la imagen que acompaña este texto fue cancelada gracias a que la policía de tránsito retuvo a Jean Carlo por haber dejado su licencia y los papeles del vehículo como las bondades corruptivas no se adaptaron a su bolsillo, no llegó a la cita a tiempo. Luché contra la ley, pero la ley ganó, cantaba The Clash. A pesar de lo molesto del incidente, no se puede negar que tuvo una especie de brillantez punk.
Ahora sí, un poco de historia. El baterista Martín Imhof, conocido en el showbiz por sus trabajos en radio, televisión, cine y comerciales, aquel chico precoz que a los ocho años entraba a los antros de rock, decidió formar Sónica con apenas 14 años. Su hermana María guitarrista se unió para completar la plantilla con Nelson Porras guitarra, Jean Carlo Calderón voz y luego de un par de cambios entró Gilbert Lugo bajo.
Puede que sean de clase media, pero lejos del fashion punk y del pop irrevererente que se debate en las sonoridades de la banda, hay historias laborales atípicas donde cadenas y demás accesorios skater deben lidiar con la realidad cotidiana.
Martin pasa su vida entre baquetas, guitarras, un proyecto paralelo orientado hacia el hardcore-punk-metal, mientras que en las tardes es el VJ del canal musical Puma Tv. María estudia al tiempo arte e historia. El otro guitarrista, Nelson Porras, en vísperas de obtener su título en administración mientras mantiene la estabilidad de una farmacia, da rienda suelta a su carácter numérico. El diseño gráfico ocupa al bajista Gilbert Lugo, diseñador y webmaster a tiempo completo, quien controla la página de la banda.
El caso de Jean Carlo, vocalista, tiende más a chocar la media punk. Es el chico callado e introvertido que desafía al público en tarima con su particular tono de voz, está a cargo de un par de tiendas de ropa de la familia y continuará sus estudios de comunicación social, siempre que no tenga algún problemilla con las autoridades.
Sónica es algo así como un híbrido entre NOFX, Good Charlotte y Simple Plan. Aunque suene graciosa su autodenominación de Happy Neopunk, en realidad encierra algo serio: la separación del prototipo radical punk simplemente crean sonidos pegajosos y letras universales donde la única irreverencia es hacia el género en sí. ¿Cómo podrían pelear contra el sistema político cinco adolescentes de clase media?
En el Warped Tour han adquirido conocimientos de la movida gracias a sus visitas anuales a ese festival. Son conscientes de que tener una guitarrista mujer que no para de dar autógrafos luego de cada show, es otro gancho comercial. El rockstar de la banda, Martin, puede ufanarse de ser un personaje reconocido en la movida local cuestión de actitud ante la vida.
Sónica ha tenido la responsabilidad de llevar al punk a una categoría comercial como nunca antes en Venezuela. La clave del éxito de Sónica está en dos aspectos, en la constancia y en hacer canciones y moverse con actitud pop dentro del virulento ambiente punk, comenta Félix Allueva, presidente de la Fundación Nuevas Bandas.
No se trata de ausencia de bandas del género, sino que el punk como movimiento tiene poco acceso en las radios. Sónica ha ido forjando su estilo, ya sea fashion o pop-punk, pero lo han mantenido.
Tarde o temprano se titula su primer álbum, un compendio de 13 temas melodiosos que expresa un primer punto de partida de la banda. La salida del disco [16 de octubre] ha sido promocionada con el tema Perfecto que abrió una brecha en la radio, junto con el videoclip. Su segundo promocional, Cuánto me cuesta, acompañado del tercer clip el primer trabajo audiovisual, El Niño, que no aparece en el disco.
Mientras tanto, marcar la diferencia en un país como Venezuela, donde quienes determinan el género en el mainstream se convierten en los precursores, es la motivación. Sónica ya ha iniciado un vertiginoso camino en el que la actitud, la buena música y un plan de trabajo pensado puede darle el éxito futuro... esa es la apuesta.
8-Rocola Bacalao
Casi todos chicos y atrevidos, los Rocola Bacalao son diez músicos que decidieron revolucionar la escena del rock ecuatoriano, con una mezcla musical que parece imposible, pero que a la larga suena fantástico. Tres discos después se disparan en América Latina.
Lo mas dificil es ponerle una sola etiqueta a la música de esta banda; lo más fácil, reaccionar de cualquier forma a ella. Un mismo disco de la Rocola Bacalao bien puede ubicarse en eso que los sofisticados llaman eclecticismo o los más tradicionales y anacrónicos, fusión. No importa, que los interesados debatan en ello. La cuestión es que a la banda quiteña lo que le interesa es divertirse haciendo música, y si para ello tiene que tocar una cumbia, un ska, un reggae, hacer salsa, merengue, funk, punk, swing, polka o hardcore, la base de guitarra, bajo, batería y percusión latina y la artillería de saxofones, trombones, y trompeta no se enfrasca en dilemas. Su espectro musical es tan variado como las edades y apariencias de sus integrantes. De sus diez miembros, cinco superan los 24 años y los otros tienen menos de 21. Cuatro son académicos de la música de tiempo completo y los demás dividen de alguna forma sus labores de obligación con aquellas de convicción, es decir, la música y sus avatares en un medio que despierta.
Rocola Bacalao nació en el 99 cuando el entonces débil mercado musical ecuatoriano ofrecía una casi homogénea vitrina de rock serio y pop adolescente. A nadie se le había ocurrido juntar un hardcore y una cumbia, y cantar a coro el anhelo de querer ser el más popular, o unir la tradición ecuatoriana del sanjuanito con un punk y hacer girar una rueda de camisetas negras al compás de un punkuanito cargado de localidad. Lo que hizo la autodenominada Banda más chimba del Ecuador fue reunir creatividad con sabor auténtico; creó novedad musical y una frescura lírica capaz de reírse de todo, empezando por ellos mismos, y a la vez darle vistazos a lo más comprometido.
Puede parecer contadictorio, pero la Rocola Bacalao es una banda seria que no se toma a sí mismo muy en serio. Por eso pueden revolver sin pudor los ritmos enumerados más arriba. Por eso no les importa su título de banda chimba.
Ya sea en letra o música, al matiz original de una vanguardia chimba creada por la banda no lo opaca ni su ambiciosa amplitud sonora. Tal vez ahí está la clave: música libre que mantiene intacto un código particular y que acelera en calidad con el trabajo de los años.
En esta misma revista [ver RS3], se les reseñaba como completamente engranados, con buenos vientos, guitarras limpias y ritmos bien logrados, la Rocola Bacalao hace de su cuarto disco Live in Tokyo un manifiesto, y en lugar de optar por letras profundas y reaccionarias, simplemente se dedica a aclarar que, para ellos, la música es un vehículo para seguir haciendo todo lo que nos han enseñado que no se debe hace: contar historias que te hagan cagar de risa de la manera en que nadie más se atreve hacerlo, así todos quieran.
Sus tres discos lo avalan. El primero [Mi primer compat diss, 2001], la arremetida de una fuerza extraña que se posaba con firmeza en las tarimas; el segundo [Más aniñados que nunca, 2002], el experimento casero a cuatro canales, la libertad total, el ¿Por qué no; el tercero [Live in Tokio, 2003], la arbitrariedad más profesional de todas, la mentira montada de una gira mundial y el reflejo del aprendizaje.
La última calificación aún no está dada, pero los parciales demuestran que la Rocola Bacalo puede aprobar el año, a no ser por muerte del titular. Decídelo por tu cuenta.






