
Usa toda tu fuerza
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Es el día de un regreso. A las seis de la tarde ya bajó el sol, y en las calles de San Telmo la temperatura parece inferior que la que asegura la radio. En la puerta de un boliche, unos veinte chicos hacen cola para un show que no empezará antes de la medianoche. Tienen motivos que justifican esagélida espera la intemperie. Después de uatro meses sin tocar, el trío uelve a enfrentar al público tras su regreso de os Angeles, onde grabóUsa toda tu fuerza, el nuevo álbum que acaba de editarse.La ocasión es la fiesta aniversario de la revista
Madhouse, y a.n.i.m.a.l. es la atracción principal. El show no durará más de media hora, pero en la prueba de sonido el guitarrista-cantante Andrés Gimenez se esfuerza para que todo suene a la perfección. Toda su vida fue igual:
-Soy un obsesivo desde siempre -dice-. Creo que cuando hacés algo para un público que tiene expectativas y sentimientos puestos en eso, tenés que tratar de dar lo mejor. Por eso tengo esa actitud. Como músicos, nos debemos mucho al respeto del que está abajo, o el que está al costado trabajando por nosotros. Es comparable con los jugadores de fútbol: estás entrenándote toda la semana y el domingo, cuando salís a la cancha, tenés que jugar el partido de tu vida. Esa actitud ayudó mucho a que a.n.i.m.a.l. hoy esté donde está.
En esa prueba, que no va a llevar más de una hora, ensayan "Barrio patrón", un hardcore furioso que no alcanza el minuto de duración y aparece como el único tema a estrenarse esa noche. Para sus fans será suficiente; el frío resultará un recuerdo.
Cuando trabajaba lavando autos en ramos mejía, en el alma de Andrés Gimenez ya latía su pasión por el rock duro, pero ni en sus fantasías más osadas imaginaba este presente con a.n.i.m.a.l., el grupo que él mismo creó en diciembre de 1992. La banda que completan su bajista y amigo Marcelo Corvalán -al que todos llaman Corvata- y el baterista Andrés Vilanova -que desde que llegó al grupo es El Niño- alcanzó metas difíciles para la música de heavy metal en la Argentina. Su tercer álbum, El nuevo camino del hombre, ya es disco de oro (30 mil unidades vendidas) y el siguiente, Poder latino, está por llegar a la misma certificación. En la primera edición del ciclo gratuito Buenos Aires Vivo reunieron a 35 mil personas; ya llevan varias giras por toda América latina y dos por España, en su única incursión en el continente europeo. Desde sus inicios, a.n.i.m.a.l. creció a cada paso, pero a fines de 1997 recibió un golpe inesperado: un mes antes de irse a Los Angeles a grabar Poder latino, con Max Cavalera como productor, Martín Carrizo -hoy baterista de Gustavo Cerati- confesó su decisión de abandonar el grupo, con carácter de indeclinable. "En ese momento fue como estar en el fondo del mar con una piedra atada al cuello", recuerda Corvata. En un mes y medio encontraron el reemplazo en Andrés Vilanova. El muchacho tenía 17 años y escasa experiencia en estudios de grabación; la banda decidió entonces que era apresurado que participara en el álbum. La solución llegó contratando a un sesionista: Jimmy DeGrasso, hoy baterista de Megadeth.
-Era mucha responsabilidad para El Niño -reconoce Gimenez-. Nos hubiésemos cagado la historia mutuamente. Era apresurar la cosa al pedo, como si pusieras a un pibe de la sexta división a jugar en Primera, porque te falta un diez. Lo quemás y después no sirve más.
Las circunstancias que rodearon la grabación de Usa toda tu fuerza fueron muy distintas; el escenario, el mismo. El nuevo integrante ya se había consolidado, y con esa base la banda regresó a Los Angeles a fines de abril.
-¿Por qué ir a grabar a Los Angeles?
Andres: Más que ir a Los Angeles, lo que nos llama es el estudio. Nos encanta el Indigo Ranch: allí se trabaja únicamente con equipos análogos. Se trata de un estudio muy difícil de encontrar en cualquier parte del mundo. Encima, ubicado en un lugar muy especial, en una colina en Malibú; estás casi aislado.
-¿Quién lo construyó?
-Un enfermo mental que se llama Richard Kaplan, hace treinta años. El fue el productor de nuestro disco. Por ahí pasaron Megadeth, Pearl Jam, Sting, Soulfly, Nick Cave, Korn, Limp Bizkit. Es un lugar único, donde no existen las computadoras. Tal vez muchos creen que vamos a los Estados Unidos por una cuestión de tecnología y en nuestro caso es totalmente al revés. Buscamos esa tecnología análoga que produce ruido a cinta. La mesa de sonido es marca Nib, supervieja, de las que sólo hay seis en el mundo y se hacen por pedido. Las perillas de la mesa son como las de una licuadora. Si escuchan atentamente el disco van notar que como ruido de fondo se percibe un soplido horrible, pero para nosotros eso es lo que le da cuerpo a la canción.
Veinte dias antes de que el nuevo album este en la calle, el manager -y cuarto miembro oculto- de a.n.i.m.a.l. me llama para escucharlo. El resultado es muy interesante: doce temas feroces, de dientes apretados, que no dan respiro. El cover de ac/dc, "Highway To Hell" -cantado a dúo con Lemmy Kilmister, de Motörhead, único invitado en toda la placa-, es impecable, pero no alcanza a opacar ningún tema del trío. Esta primera audición sugiere que el grupo ha grabado el álbum más contundente y personal de su carrera. Andrés no se equivoca cuando lo define como "el disco más a.n.i.m.a.l. de todos".
Diez días más tarde, la cita es en un enorme sótano del barrio de Recoleta que todos los fines de semana hace las veces de discoteca que mezcla el rock, la cumbia y el hip-hop. Es lunes y no para de llover. En la pista principal hay una escenografía hecha con láminas plateadas y un tambor de lavarropa que cuelga del techo (Andrés lo describe como "un rallador de zanahorias gigante"). Se trata del set de filmación del video de "Revolución", primer corte del disco. Los tres toman posición, se larga el tema y, frente a la cámara que está trepada a una escalera, el grupo practica un playback; la agresividad de su actitud asusta.
Cinco horas después se impone un break. Voy con Andrés al baño de damas que las circunstancias han convertido en camarín. El líder de a.n.i.m.a.l. no aparenta los 32 años que cumplió en abril, pero su historia se encarga de recordárselos a cada rato. Andrés tenía 11 cuando la familia Gimenez perdió casi todo lo que tenía: una casa en Villa Devoto, un taller de galvanoplastia y un futuro sin urgencias. Era el año del Mundial y tuvieron que mudarse a una casa en Ituzaingó, la misma que alquilan en la actualidad y donde funciona la sala de ensayo de la banda. Hoy Andrés se anima a contar los tiempos duros que pocos conocen.
-Mis viejos y yo laburábamos para poder pagar el alquiler y comer. Hice de todo, trabajé hasta en Fabricaciones Militares; tuve que dejar porque me hice mierda la columna. Fueron épocas muy difíciles: estuve cuatro años sin comprarme un par de zapatillas ni un pantalón. Comía lo mínimo: un mate cocido con pan al mediodía, y lo mismo a la noche. Todo eso contribuyó a hacerme como soy. ¿Por qué agradezco cuarenta veces durante un show? Será porque habré sufrido mucho, o porque tengo miedo a fracasar.
Su familia, muy numerosa (una hermana, seis sobrinos, cincuenta primos), es un apoyo notable en su carrera; uno de esos primos, Alfredo, fue el responsable de que la música se convirtiera en la pasión de Andrés. Primero le regaló un disco de Pappo’s Blues, y luego lo llevó a un recital de V-8. Andrés tenía 13 años.
-Al tiempo me enganché con Riff, Santana y otros discos que me prestaban. Lo que hacía era ponerlos a una velocidad menor; como casi todos eran de 33 rpm, los ponía a 16 y de esa manera intentaba sacar las notas con la guitarra criolla. Después volvía a la velocidad normal y trataba de seguir la canción. Nunca estudié música. Mi primera guitarra fue una japonesa, marca Hondo, modelo Les Paul; era un cuerno. Después me compré un amplificador nacional marca Igor, de 20 watts. El equipo lo completaba un pedal de distorsión que armamos con un amigo: lo habíamos bautizado "El Gimenez". No había plata, entonces hacía los típicos yeites de pibe, como hervir las cuerdas de la guitarra para que volvieran a sonar bien, o hacer púas con la parte de debajo de las botellas de plástico de Coca-Cola.
-¿Por qué te decidiste a contar todo esto?
-Porque me jode que la gente me prejuzgue sin conocerme. El hecho de, con mi familia, haber perdido todo y habernos podido levantar hace que yo sea un tipo agradecido por todo. Cuando ensayaba con Beso Negro, mi primer grupo importante, me colaba todos los días en el tren y caminaba quince cuadras hasta mi casa. No cuento esto para dar lástima, pero a esta altura de la carrera del grupo no tengo problema en decirlo. A lo mejor les sirve a los que creen que salir en la tapa de alguna revista te convierte en luminaria; no es así. Ser un grupo importante o los número uno en un estilo no significa nada, menos en América latina. A lo mejor, si a.n.i.m.a.l. hubiera nacido en los Estados Unidos, yo tendría un par de casas y cinco autos. Mi presente es todo lo contrario, pero no me quejo.
Si en un rincon esta andres gimenez, en otro -aunque dentro de la misma habitación- se encuentra Ricardo Iorio, líder de Almafuerte, el grupo que pelea por la hegemonía de la música pesada en la Argentina. Viejo zorro en la contienda verbal, Iorio se enfrentó con casi todos los que estuvieron a su lado y, desde que a.n.i.m.a.l. se convirtió en competencia, el verborrágico ex Hermética y ex V-8 no perdió oportunidad de denostar a sus colegas.
-¿Cómo tomás las constantes declaraciones de Iorio en contra de tu grupo?
-No sé que le pasa a Iorio con nosotros. Yo no me olvido nunca cuando leí en el diario que Hermética se había separado y Ricardo decía que la banda a seguir era a.n.i.m.a.l. Me puse a llorar. Varias veces fui a ver a Almafuerte y siempre me trató bien: "¿Como le va, mi amigo?", me decía. Después no sé qué le pasó. Me encantaría poder sentarme a charlar con él, aunque Ricardo diga que hablar conmigo es perder el tiempo. No me conoce tanto, y tampoco sabe de qué lugar vengo. De otro modo, no diría las pavadas que dice de mí.
-¿Hablarías con él, hoy?
-Por supuesto. Porque creo que las dos bandas, juntas, podríamos hacer muchísimo por el movimiento pesado argentino, y lo que más me duele en el alma es ver discutir a un chico de Almafuerte con otro de a.n.i.m.a.l. por las pavadas que dice una persona. De la misma forma, me duele escuchar a Ricardo hablar mal de Malón. Eso pasa nada más que en este país. Hace separar a un público que hace sólo un par de años iba a ver a todos los grupos por igual. Por respeto a tus compañeros, cerrá la boca. No puede degradar a gente con la que compartió su vida. Que diga que a.n.i.m.a.l. es una mierda no me duele por mí, porque yo sé muy bien de dónde vengo y que algún día me lo voy a cruzar y lo vamos a arreglar, pero me duele por la separación del público. Ricardo es un talentoso, pero no me gusta cuando habla mal de la gente. Me cayó muy mal que hoy, después de su muerte, le dedique un tema a Osvaldo Civile, luego de haber hablado pestes de él toda la vida. Yo fui operador de sonido de Horcas y supe lo buen tipo que era Osvaldo. Seamos verdaderos.
A andres vilanova nadie lo llama por su nombre. Es El Niño, por sus 19 años. Habla poco y la mayoría del tiempo se refugia detrás de su batería. Al igual que Gimenez, tampoco estudió música, pero en su casa se la respira desde que nació: su padre es Miguel Botafogo Vilanova, celebridad del blues local.
-El hecho de tener una familia de músicos me sirvió muchísimo. Mi mamá es la manager de mi papá, mi hermana mayor toca el piano, y la más chica ya va mostrando lo suyo con flautitas y esas cosas. Mi viejo y mi abuela me ayudaron a comprar la batería. Ellos entienden un montón de cosas; por ejemplo, que haya dejado el colegio: por entrar a a.n.i.m.a.l. tuve que abandonar el secundario en quinto año. No sé si otros padres lo hubieran aceptado. Cada duda que tengo lo consulto a mi viejo; es un apoyo constante.
El Niño era fan de la banda que hoy integra. Seguía a a.n.i.m.a.l. desde los 14, y en los shows se deslumbraba con la técnica de Martín Carrizo, a quien jamás imaginó que tendría que reemplazar. Su primera experiencia fue con una bandita punk, Malas Compañías, con la que grabó algunas producciones independientes. Antes de que El Niño comience a hablar, aparece Gimenez y le advierte: "Ojo con lo que decís de mí, porque te vas a tener que ir a tocar con Melero. Cerati ya consiguió baterista".
-¿Cómo fue el cambio de fan a integrante?
-Yo soy bastante frío. Desde el vamos supe que tenía que ensayar. Entendí que no tenía tiempo de vivir la fantasía. Cuando entré en la banda ensayaba todos los días, solo o acompañado. Iba a la sala en Navidad, en Año Nuevo, y mi viejo me iba a buscar a la casa de Andrés todas las noches, a las 10.
-¿Recordás tu debut con la banda?
-Fue en el primer Buenos Aires Vivo, delante de 30 mil personas. Jamás había tocado con una estructura similar. No fue fácil. Cuando en medio del concierto pusieron las luces tipo flash me asusté.
-Estuviste en la grabación de "Poder latino" pero no participaste de ella. ¿Cómo viviste eso?
-Al principio fue un poco jodido; no me sentía muy bien. Cuando iban pasando los días y hablaba con [el baterista] DeGrasso -que me decía: "No sé por qué estoy grabando yo: éste es tu lugar"-, me relajé un poco más. Con el tiempo me di cuenta de que no participar fue lo mejor. La grabación de un disco es algo muy fuerte para un músico: te cambia la cabeza. Yo estaba en el grupo hacía dos meses y con lo obsesivos que son los chicos me dije "menos mal". Si en el proceso me puse un poco nervioso, ni me imagino lo que hubiera pasado si hubiera grabado el disco anterior…
La informacion de la grabación del video de "Revolución" se filtró en algún diario y se espera la llegada de fans con intenciones de estar cerca de los músicos. "Si vienen algunos chicos, ¿les podemos decir que entren y se queden a un costado?", le consulta Corvata al director del clip. El bajista se queda tranquilo cuando le dicen que sí. Marcelo Corvalán es el responsable de todas las letras de a.n.i.m.a.l. Aquella de la que estaba más orgulloso, dice, era "Antes de morir", pero hoy prefiere el tema que le da título al nuevo álbum. A diferencia de Andrés y El Niño, tiene una actividad paralela: la línea de ropa Loco Pro es la máxima conquista de su incursión en el negocio textil.
Corvata reconoce su simpatía por ciertos "vicios", y a uno de ellos le dedicó un tema: "Chalito". "A Calamaro le hicieron una historia terrible por algo mucho menor", se compadece.
-¿Sos el más músico de la banda?
-Antes el más virtuoso era Martín, pero desde que se fue me quedó ese título. El Niño también aporta lo suyo, porque sabe bastante gracias a su entorno familiar. Lo curiosos es que yo aprendí a tocar el bajo con el casete de El número de la Bestia, de Iron Maiden; Harris me partió la cabeza. Ponía el casete hasta que aprendí todo el disco. Ese aprendizaje me hizo crecer de golpe como músico: me enseñó a componer un tema, a ir metiendo distintos arreglos... Al poco tiempo viví algo que les debe haber pasado a otros músicos: tragarme el personaje del virtuoso tipo Steve Vai o Jaco Pastorius; ese raye me agarró por un tiempo. Por suerte, se me fue.
-¿Qué te hizo meterte en el negocio de la ropa?
-Me gustaba la idea de que los chicos que seguían a a.n.i.m.a.l. tuvieran la opción de una remera para diferenciarse, sin que fuera la típica camiseta de estampado de banda. Que tuviera un diseño distinto. Mi viejo tuvo siempre un taller independiente en mi casa, con unas máquinas enormes que tejen paños. Toda mi vida odié esas máquinas y juraba que jamás tendría algo que ver con ellas. Pero fue como una herencia que no pude evitar. Ahora, junto con mi mujer, llevamos esta pequeña empresa. Con el grupo laburamos como si fuéramos proveedores independientes y le damos a a.n.i.m.a.l. un porcentaje de las remeras que se venden con el logo de la banda.
El dia de filmacion concluye. luego de ocho horas de hacerle muecas a una cámara, la distensión se esparce en ese sótano. El Niño improvisa una función de dj con sus discos favoritos. Corvata saluda a un par de fans. En un rincón, Andrés charla con amigos. Afuera sigue lloviendo y el agua trae la última anécdota de la noche: "En febrero íbamos a tocar en el Buenos Aires Vivo, pero llovió a cántaros todo el día. Justo a la hora del recital, cuando no tenía que parar de llover, paró. Aun así, no se podía tocar: era un peligro. (La prueba de eso fue el recital de Divididos.) Me quedé en el lugar desde las 2 de la tarde hasta las 12 de la noche, para hablar con la gente que iba llegando y explicarle que el show se suspendía. Muchos estuvieron agradecidísimos, pero otros no lo entendían; me decían: «Bueno, aunque sea subí y tocá un tema». Tal vez no me tendría que haber quedado dándoles razones a cada uno de los chicos hasta tan tarde, pero yo soy así y no puedo cambiar".
Su enfermedad.
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