
Las páginas de una historia redonda
Desde los primeros recitales en La Plata, hace 22 años, hasta la cancha de Racing, se esconde un mito.
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Los 22 años que llevan en la ruta Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota están signados por una serie de sucesos, tanto musicales como extramusicales, que marcaron cada uno a su manera un antes y un después en la vida del grupo.
Desde sus caóticas primeras actuaciones en el teatro Lozano de La Plata -que incluían recitados de poesías, delirios teatrales, payasos y mimos, música, baile y la repartija de los famosos buñuelitos de ricota entre el público- hasta la estética futurista y los sonidos de última generación que recubren el concepto de su más reciente trabajo discográfico, "Ultimo bondi a Finisterre", demasiada agua corrió bajo el puente redondo. Tanta que las gigantescas olas que se formaron a su alrededor construyeron el mito más grande del rock argentino.
Un mito que cuenta con una interminable lista de nombres y apellidos, reales y ficticios. El Indio Solari, El Gordo Pierre, Skay Beilinson, Luzbelito, Tito Fargo, Rocambole, La Negra Poli, Willy Crook, El Pibe de los Astilleros, El Piojo Abalos, El Loco de la Goma, las Bay Biscuits, Semilla Bucciarelli, El Doce, El Capitán Buscapina, Sergio Dawi, Monona, Luca Prodan y hasta un tal Brigitte Bardott, entre muchísimos otros.
Un mito que sabe de pasiones, de cultura underground, de multitudes, de banderas barriales, de vida, de muerte, de silencio.
Un mito que huele a poesía y a filosofía callejera, a encendidas guitarras, a hippismo, a gloria, a comunión, a independencia, a celebración, a identidad, a violencia, a mentiras y a verdades.
La época de los pubs
La primera etapa del combo ricotero está marcada a fuego por la escena under de La Plata -ciudad que los vio engendrarse- y de la Capital Federal, durante casi diez años. Lo que los mismos músicos del grupo denominan "la época de los pubs".
Este período que se podría clasificar como de gestación -y el que llevaron adelante con algunas intermitencias-, coincidió con los siete años de la última dictadura que arrasó al país y que tanto golpeó a toda una generación de jóvenes.
Entonces, entre sucios y oscuros locales, cabarets y clubes, la historia del Rey Patricio comienza a escribirse sobre la base de shows, donde el principal protagonismo se lo lleva el concepto de fiesta creado por la imaginería de cerca de una veintena de artistas abocados a distintas actividades.
Los flashes que iluminan estos años de la banda reflejan ese estado permanente de conciertos desordenados y a esta altura históricos.
Canciones como "Maldición va a ser un día hermoso", "Mariposa Pontiac", "Mejor no hablar de ciertas cosas", "Pura suerte", "Superlógico" y "El blues de la libertad", en la voz de un carismático y leído cantante, iban acompañadas en la misma noche por poesías surrealistas, algún strip tease y actos artísticos de todo tipo con sabor a happening que quedaron en las páginas rockeras del país como la prehistoria de la comunión entre el arte visual y el rock.
Con el sello de la independencia, sin ningún tipo de prensa a su alrededor, sin poseer ningún registro discográfico en sus nueve años de vida y con un recelo particular hacia los medios de difusión, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyó los cimientos del gigante que un par de años después despertaría con toda su furia para, hasta el momento, no entregarse más a los designios de Morfeo.
Vamos las bandas
A partir de 1985, con el lanzamiento de su autogestionado primer álbum, "Gulp!", se inicia un proceso en el grupo, tanto interno como externo, que provoca una nueva e importantísima ruptura en la trama ricotera.
El artesanal sistema del boca en boca que los había transformado en un objeto de culto para el movimiento intelectual, ahora tenía un apoyo discográfico y los fieles seguidores de Patricio Rey a mediados de los años 80 comenzaron a crecer de manera casi geométrica.
Los pubs ya no alcanzaban para albergar las huestes y la banda se vio obligada a introducirse en otro circuito, con lugares de mayor capacidad.
Así, llegaría un año más tarde su segundo y emblemático disco, "Oktubre", el rojo y negro, el de las banderas y las masas en las calles, el preferido de los viejos fanáticos del grupo, ese que contiene himnos de la talla de "Semen Up", "Divina T.V. Fuhrer" y "Ya nadie va a escuchar tu remera".
Para 1988, el rito dirigido por el ya mítico personaje de Patricio Rey se celebraba con idéntica pasión en lugares como Satisfaction, Cemento, Skylab y Palladium, discotecas que se vieron desbordadas por el público.
A pesar de eso, El Indio Solari mantenía firme su postura de no tocar en Obras, bastión del rock argentino por excelencia, que significaba para su pensamiento independiente una forma de transar con el sistema establecido.
Después de la edición de "Bang, bang! Estás liquidado" esta estricta regla quedó abolida y la fiesta de los Redondos se movilizó hasta el estadio de la Avenida del Libertador, muy a pesar de un sector de extremistas que se resistían a la masificación. La desmesurada demanda llevó al grupo a tocar durante varios fines de semana en Obras durante dos años. Y a partir de una de esas series de conciertos realizados en abril de 1991, la historia cambiaría y ya nada sería igual.
Violencia es mentir
El 26 de abril de 1991, después de pasar cinco días en coma en un hospital capitalino, muere Walter Bulacio. El joven había sido detenido por la Policía Federal en la puerta de Obras, mientras escuchaba desde afuera la habitual ceremonia conducida por el Rey Patricio. La policía adujo que Bulacio tuvo una descompensación, pero más tarde se sabría que el chico había sido golpeado brutalmente.
Luego vinieron las marchas y los recitales en repudio por la falta de esclarecimiento del caso.
La página más triste de la historia ricotera se había escrito con sangre y después de recapacitar mucho alrededor del tema, la banda abrió un nuevo capítulo en su carrera.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se retiró más que nunca de los espacios públicos y sus presentaciones comenzaron a darse con cuentagotas.
En diciembre de 1994 colmaron por quinta vez en dos años el estadio del club Huracán, y aquella noche quedó registrada como la última presentación de la banda en la Capital.
La desmesurada convocatoria de los Redondos -sumado a los incidentes producidos en varios de sus shows- hizo que el grupo replanteara su estrategia una vez más y optara por iniciar su período nómada: de aquí en más, la fiesta se trasladaría sólo al interior y el mito crecería hasta lo inimaginable.
El primero de esta serie de conciertos se realizó en San Carlos, en Santa Fe, en agosto de 1995. De allí en más el rito se repetiría hasta la fecha en algunas selectas ciudades: Concordia, Mar del Plata, Tandil, Santa Fe y Villa María. En todas, el colorido y pasional paisaje sería el mismo.
Así, las huestes ricoteras invadieron literalmente cada uno de los lugares donde los Redondos llevaron su show y los relatos de miles de jóvenes acerca de la travesía que realizaron para ver a su estrella más preciada colaboraron con la leyenda.
Llueva, truene o nieve, la banda no suspende ninguno de sus recitales en el interior. Esa fue la consigna por seguir. Aunque en agosto del año último, el intendente de Olavarría, Helio Eseverri, resolvió prohibir el concierto asustado por el centenar de combis, micros y autos repletos de jóvenes que se dirigían hacia la ciudad bonaerense.
Después de años de ostracismo televisivo, El Indio Solari, Skay, Semilla Bucciarelli y Sergio Dawi ofrecieron una conferencia de prensa -que se emitió en directo por varios canales de cable- para explicarle a sus fervientes seguidores qué era lo que había ocurrido.
En mayo de este año, en Villa María las masas ricoteras volvieron a protagonizar incidentes con la policía de Córdoba.
"Seguir o no"
Antes de comenzar el recital, Solari le habló a su público: "Los sucesos de esta tarde llevan a la banda a tener que tomar una decisión: seguir o no sobre un escenario. Que se lastime alguno de ustedes no vale ningún recital de rock and roll".
El 18 y 19 del actual, los Redondos actuarán en el estadio de Racing Club de Avellaneda.
Estos shows serán los más cercanos a la Capital Federal en lo que va de este período de cuatro años de vida nómada y no son pocos los que conjeturan que podrían ser los últimos de la banda. Pero lo mismo se había supuesto de su anterior concierto.
Entonces, sólo el tiempo dirá. Porque, como siempre, quien tiene la última palabra es el Rey Patricio, el mito viviente más grande del rock argentino.
La discografía que tiene sabor a ricota
Camino: desde "Gulp!", en 1985, hasta "Ultimo bondi a Finisterre", la banda produjo una gran cantidad de himnos rockeros.
- "Gulp!" (1985): después de diez años de trayectoria under, la banda junta el dinero suficiente para editar de manera independiente su primer álbum. Himnos: "El infierno está encantador" y "Superlógico".
- "Oktubre" (1986): el clásico de clásicos. Rock con iconografía revolucionaria. Himnos: "Semen Up", "Divina T.V. Fuhrer" y "Ya nadie va a escuchar tu remera".
- "Un baión para el ojo idiota" (1988): un disco impecable. Himnos: "Todo un palo", "Noticias de ayer" y "Vamos las bandas".
- "Bang, bang! Estás liquidado" (1989): con este álbum, la banda logra la definitiva masividad y revela el más puro sentimiento ricotero. Himnos: "Esa estrella era mi lujo", "Héroe del whisky" y "Ropa sucia".
- "La mosca y la sopa" (1991): con himnos como "El pibe de los astilleros" y "Mi perro dinamita".
- "En directo" (1992): editado como un disco pirata, ganó la calle sin ningún tipo de difusión. Los shows eran cada vez menos y el álbum llegó para cerrar una etapa del grupo en vivo. Himnos: "Todo preso es político" y "Maldición, va a ser un día hermoso".
- "Lobo suelto, cordero atado" (1994): su único álbum doble. La cantidad de canciones hacen que el disco sea algo desparejo. Himnos: "Rock para el Negro Atila" y "Susanita".
- "Luzbelito" (1996): la oscuridad se apodera del alma del grupo. Himnos: "El blues de la libertad", "Mariposa Pontiac-Rock del país" y "Juguetes perdidos".
- "Ultimo bondi a Finisterre " (1998): el futuro llegó hace rato y los Redondos ofrecen su visión al respecto. El agregado de las máquinas sorprendió a su público más rockero. Futuros himnos: "Gualicho" y "La pequeña novia del carioca".
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