
Laura Antonelli: silencioso adiós para un ícono de belleza
"Fue mi adorable compañera en un tiempo feliz", dijo Jean-Paul Belmondo al recibir la noticia de que Laura Antonelli, con quien había vivido un romance que duró nueve años (desde que compartieron un film de Chabrol, Dr. Popaul), había sido encontrada anteayer sin vida en su doloroso retiro de Ladispoli, sobre la costa del Tirreno, cerca de Roma. Tenía 73 años.
Con Laura Antonelli se va un símbolo de la belleza italiana de los años 60 y 70, exultante de sensualidad y movilizadora de varias generaciones. Había debutado en 1965 en un film de Luigi Petrini, Las de 16, y en los siguientes siete años filmó otros trece, el último de los cuales, rodado en Francia en 1972, fue el que la vinculó a Belmondo. Pero fue el siguiente título, Malizia, el que la catapultó a la fama en Europa y en los Estados Unidos. Allí componía a una sensual mucama de un viudo con tres hijos, uno de los cuales se iniciaba sexualmente con ella, antes del enlace de la muchacha con su padre.
Había nacido como Laura Antonaz en 1941 en Pola, población que ahora, en territorio croata, se denomina Pula. Dotada de esa rara belleza que Giancarlo Giannini calificó de "perturbadora", fue musa de Patroni Griffi en varios de sus films. También de Mauro Bolognini, con quien filmó, entre otros, La Venexiana (1985), con Jason Connery (hijo de Sean). Participó del auge de la commedia all'italiana, conducida por Dino Risi, Luigi Zampa y Luigi Comencini. Intervino en El inocente (1976, el último Visconti) y con Ettore Scola hizo la inolvidable Pasión de amor (1981), en un rol secundario que le valió su segundo David di Donatello. Compartió cartel con Vittorio Gassman, Marcello Mastroianni, Alberto Sordi y, por supuesto, con Belmondo.
Al cabo de veinte años de brillante trayectoria, el destino le asestó un amargo e irónico golpe a su belleza, un eco del título de su célebre film Mio Dio, come sono caduta in basso ("Dios mío, qué bajo he caído", de Comencini, 1974), a causa de las drogas y, sobre todo, de cirugías que le arruinaron el rostro (deformada, lo denunció en una conferencia de prensa), una catástrofe que explotaron inescrupulosos paparazzi. "Estuve seis días en la cárcel -contó Antonelli, a los 49 años, después de una detención por tenencia de cocaína-. Me hice amiga de todos. El papa, por ejemplo, ha pedido verme en una audiencia privada. ¡Yo, una ex pecadora, en casa del Papa! Bueno, hasta espero darle consejos."
En 1994 visitó por unos días la Argentina (aquí tenía familiares), donde participó de un almuerzo de Mirtha Legrand por una campaña para Cáritas. Por entonces se manifestó distanciada de su pasado de diva, así como de sus historias de erotismo y escándalos. Es más, aseguró que jamás volvería a actuar -no cumplió- y que se dedicaría a asistir a los pobres.
No se la veía en pantalla grande desde 1991 (en 1995, sin embargo, intervino en una miniserie televisiva, Disperatamente Giulia) y se ha apagado en su retiro costero: su final no se parece, por cierto, al de ninguna de las comedias en las que millones de espectadores seguirán evocándola.




