Los que siempre mueren por amor
Pasado mañana se estrena una nueva versión de Romeo y Julieta en el teatro oficial, con la dirección de Virginia Lago y un elenco integrado por hijos de actores
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Así como los amantes del ballet tienen un Lago de los cisnes prácticamente una vez por año (o más), el público teatral siempre tiene la suerte de gozar de alguna versión de Romeo y Julieta, el clásico de Shakespeare. El mismo teatro oficial porteño estrenó una exitosa versión (dirigida por Alicia Zanca), que estuvo en cartel durante las temporadas 2003/2004. Diez años es suficiente como para volver con esta gran historia de amor. Pasado mañana, en el teatro Regio, del Complejo Teatral de Buenos Aires, subirá a escena una nueva versión dirigida por Virginia Lago, la gran actriz que alguna vez hizo Piaf o Violeta viene a nacer, la señora amable de Historias del corazón. Esta versión tendrá la particularidad de contar en el elenco con una buena cantidad de hijos de actores famosos. "Estoy trabajando desde el año pasado en la obra -cuenta la experimentada actriz y directora-. Es una versión de Pablo Neruda, cuyo espíritu se percibe en varios pasajes. Y la idea de trabajar con hijos de actores se me ocurrió de entrada. A mí me gusta trabajar con gente joven y creo mucho en los ejemplos. Y estos chicos tuvieron muy buenos ejemplos en sus padres."
Los protagonistas de la obra serán Juan Pablo Galimberti y Mariana Giovine (hija de Lago y Héctor Giovine). Roxana Berco y Gabriel Rovito serán los Capuleto, y Pietro Giam y Miryam Strat, los Montesco. "Yo había propuesto originalmente Verano y humo, de Tennesee Williams, y la gente del San Martín lo había aceptado. Empecé el trabajo y tuve que parar porque parece que los herederos del autor no quieren que se hagan obras de él en la Argentina. Hay un problema que desconozco, pero lo cierto es que no pude seguir. Y ahí Alberto Ligaluppi, el director del San Martín, me propuso hacer esta versión de Romeo y Julieta. Dije que sí porque es una obra extraordinaria que se seguirá haciendo por los siglos de los siglos".
-¿Cómo se logra originalidad en una obra que se ha montado tantas veces?
-Es que no quiero ser original, no me interesa para nada. Vi muchas versiones de Romeo y Julieta, en teatro, ópera, cine? Muchas de ellas son obras maestras, y todas son distintas. Cuento con ese bagaje para esta versión. Se trata de una obra llena de pasiones, de amor, locura y muerte, una verdadera tempestad. El amor entre Romeo y Julieta es puramente pasional, y ocurre lo que ocurre porque viven en una sociedad donde el odio es protagonista. Ahí hay una conexión con la actualidad. El odio está matando mucha gente joven en todo el mundo. En la obra es el odio ciego entre dos familias. Y en nuestra vida cotidiana lo vemos en muchos lugares. Pensemos en la violencia en el fútbol, por citar un ejemplo bien terrenal. La ambición por el poder y el dinero produce hoy tantas aberraciones como en el pasado.
-¿Sos de las que piensan que hay demasiados enfrentamientos en la sociedad argentina o valorás la discusión?
-A mí me parece buena la discusión. Lo que no me gusta ni me gustará nunca es que alguien crea que tiene la única verdad. Me parece que uno puede defender su posición con uñas y dientes, pero también debe escuchar al otro. Los enfrentamientos permanentes no sirven, fijate lo que pasa hoy en todo el mundo. Cada uno, desde su lugar, puede hacer algo para que eso cambie.
-¿Sos nostálgica, viviste tiempos mejores?
-No creo que todo tiempo pasado haya sido mejor, pero en los años 60, cuando yo era joven, había un espíritu revolucionario que hoy no existe. De la violencia de los 70 no soy nada nostálgica, eso sí. La hemos padecido mucho? Sí siento nostalgia de mi niñez, de mi casa grande en Villa Ballester, con las puertas siempre abiertas. Pero me gusta vivir el presente y proyectar.
-¿Cambió mucho el mundo del teatro en todos estos años?
-Lo que sucede con el teatro en la Argentina es impresionante desde hace tiempo. Mucha gente que viene del exterior no lo puede creer. Es notable que exista la cantidad de obras que se estrenan en todo el país cada año. Buenos Aires es una de las plazas teatrales más importantes del mundo. Yo, obviamente, tengo mis referentes, mis legados. Onofre Lovero ha sido un padre para mí. Es alguien que hipotecó su casa para producir teatro independiente. Lo que no cambió, lo que persiste, es eso: gente que sigue soñando con el teatro.
-¿Sos espectadora frecuente? ¿Preferís el off o el circuito comercial?
-Voy mucho. Y pienso que el teatro es bueno o es malo, no importa tanto el circuito. Alfredo Alcón y María Rosa Gallo, por citar dos ejemplos, han trabajado en los dos ámbitos con grandes resultados. Hay que cuidar mucho a los productores, porque producir teatro es muy difícil, riesgoso. Hace falta que estén. No comparto la idea de que una estrella de la TV te garantice un éxito. Para mí, el éxito lo propicia un material de calidad. Es cierto que algunas veces calidad y éxito no van de la mano, así como espectáculos excelentes pueden fracasar, como pasó con Los caminos de Federico. Lo hacía Alcón, era una maravilla y no iba nadie. Pero siempre preferiré la apuesta por la calidad.
-¿Nunca elegiste un proyecto porque te cerraba, sobre todo, la propuesta económica?
-La verdad que no. Siempre elegí trabajos que me gustaban, tanto en teatro como en televisión y cine. La plata va y viene...
-¿Y te gusta la televisión que se hace hoy en la Argentina?
-Veo mucha histeria con el rating. Antes era otra cosa, los programas aguantaban más. Extraño a alguien como Alejandro Romay, que acompañaba los proyectos, que siempre estaba presente. Hice mucha TV: grandes novelas, un ciclo dedicado al teatro universal, el de Alta comedia... Trabajar con gente como María Herminia Avellaneda y Alejandro Doria fue un gran aprendizaje. Recuerdo también Cosecharás tu siembra y Más allá del horizonte, dos telenovelas con un año de preproducción, algo impensable hoy. En Brasil todavía se trabaja así, por eso tienen esa calidad en sus productos. En eso, deberíamos emularlos.




