Mad Men: llega la tercera temporada
Este domingo, por la pantalla de HBO, vuelve la serie dramática más celebrada de los últimos años; enterate cómo regresa la brillante creación de Matthew Weiner protagonizada por Jon Hamm; por Milagros Amondaray
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"Tengo una vida y se mueve solo en una dirección: hacia adelante" dice Don Draper/Dick Whitman en la primera temporada de la serie de Matthew Weiner. Con el paso de los episodios nos fuimos dando cuenta de que, por más que lo intente, si hay algo de lo que Don no podrá huir, es del pasado. Así se pudo comprobar en el último capítulo de la segunda temporada, en la que se verá forzado a reconciliarse con su mujer Betty, ahora que hay un nuevo hijo en camino. Como siempre, cuidando detalles que otras series pasan por alto (ejemplo: la puesta en escena), Mad Men concluía su segunda vuelta con un resabio doloroso, oscuro, todo lo contrario a lo que debería generar un futuro nacimiento.
<b> Las mujeres verdaderas tienen carácter </b>

En la tercera temporada, Weiner redobla la apuesta y logra que todos los personajes estén atravesados por el cambio, sin que el foco esté puesto exclusivamente en Don. De este modo, veremos a Peggy, su ex secretaria y nuevo aporte creativo a la firma, ya no solo como su versión femenina (siempre está acentuada la relación especular entre ellos) sino como un personaje con identidad propia. No es casual, entonces, que el resto de las mujeres de la serie también cobren una fuerza no bien vista en los 60. Betty dejará de vivir a la sombra de su esposo y comenzará a escupir todo aquello que se fue guardando. En este sentido, es notable el trabajo de January Jones, quien, con una sutileza asombrosa, esconde bajo esa mirada inquisidora y esos labios siempre dispuestos a hablar pero nunca del todo listos para hacerlo una suerte de bronca implosiva que puede llegar a manifestarse por cualquier lado. No subestimen a Betty.
La contracara de Peggy, Joan (la siempre bombástica Christina Hendricks), será quien sufra el mayor cambio y quien quede subordinada al futuro profesional de su esposo. Mientras aguarda que lo aprueben como cirujano, Joan se encontrará en el lugar menos pensado: en el de ama de casa. En este sentido, lo que hace Weiner es siempre colocar a un personaje en una posición en la que antes estuvo su contrafigura (podemos pensar a Peggy como contrafigura-aprendiz de Joan) para ayudarlos a ver el espectro completo. Ya se sabe: adaptarse a una determinada sociedad, con sus reglas y fluctuaciones, trae aparejado una simultánea maleabilidad para afrontar esos movimientos incesantes.
<b> Mirá una escena con Peggy de la tercera temporada: </b>
<b><i> Shut the Door, Have a Seat </i></b>
"Cierra la puerta, siéntate." Así se llama el último episodio de esta tercera temporada (no se preocupen: no voy a arruinárselas con spoilers) y es el perfecto ejemplo de todo lo que sucederá en la agencia publicitaria Sterling Cooper. Reuniones secretas, negociaciones y, sobre todo, esos cambios a los hay que adaptarse, se hacen extensivos a Don y compañía, quienes deberán cuidar sus intereses ante la irrupción de nuevos integrantes de la firma. Ese mundo de fantasía que se construyó Don (y que se ve en el rostro de Jon Hamm en cada secuencia) se ve quebrantado, ahora, a nivel profesional. Nuestro anti-héroe favorito deberá acostumbrarse no solo a dejar de ser la estrella del show sino a constituirse en una pieza más (con todo lo que esto implica para su ego) de una corporación donde ahora se producirán recortes de presupuesto, despidos y movidas hasta ese momento anómalas. En este sentido, y como a Weiner le atraen los juegos de ping pong entre dos personajes, Pete (el fantástico Vincent Karthesier) y Ken son forzados a trabajar en un mismo puesto y, así, a conocer sus propias debilidades.
<b> La basura, bajo la alfombra </b>

Durante las temporadas previas, muchos de los ejes temáticos de Mad Men circularon sobre la necesidad de ignorar al elefante grande en la habitación: Don y su verdadera identidad, Peggy y su embarazo, Betty y todo lo que sucedía en su entorno, etc. En esta tercera temporada, hay una necesidad de enfrentar a los personajes con la realidad. En esto mucho tiene que ver un determinado suceso que los ayuda a despabilarse.
Así como la muerte de Marilyn Monroe había sacudido la vida de Joan en el capítulo "Six Month Leave", en esta vuelta el asesinato de JFK repercute en todos los personajes. Con una astucia pocas veces vista, Weiner logra pintar de cuerpo entero a todos ellos, a remarcar sus cualidades (en especial, sus miedos), a partir de la reacción ante un hecho que los agarra desprevenidos. De eso se trata Mad Men, de un constante ir y venir entre el pasado y el presente, donde no importa cuánto alcohol tomes, cuántos cigarrillos fumes o cuántos secretos guardes en una cajón, siempre habrá alguien con la llave en la mano, dispuesto a hacer volar todo por los aires.
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