"Madame Bovary", según Claude Chabrol, por TV
Hoy, a las 22, se emitirá este notable film por Cablevisión
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El francés Claude Chabrol es un director maltratado por la distribución mundial, y parte de su obra, casi toda la que ocupa las dos últimas décadas, sufrió la marginación de los cines locales. Ocurrió con "Días tranquilos en Clichy", basada en Henry Miller; con "Dr. M", sobre el Mabuse de Lang, y con "Betty", según Simenon.
También con su versión de "Madame Bovary" (1992), que esta noche, a las 22, se verá por Cine 5 de Cablevisión.
En el caso de la más célebre novela del normando Gustave Flaubert (1821-1880), el cineasta formado en la nouvelle vague se ajustó al original al pie de la letra, sin ningún tipo de interpretación psicologista ni cambio de tiempo o lugar.
La descripción en extremo realista de las páginas escritas por el autor de "Salambo" y "Bouvard et Pecuchet", a mediados del siglo pasado, deviene en un impresionante armado visual, respaldado por la cuidada caligrafía cinematográfica, que Chabrol aprovecha para desnudar la hipocresía "de provence". La excusa es Emma, una joven de pueblo que aprende a amar desde la literatura y que, víctima de la transgresión que significa dejarse arrastrar por las pasiones, es condenada a un destino trágico.
La elección de Isabelle Huppert para interpretar a semejante arquetipo fue acertada. La actriz, que transmite vitalidad como si el tiempo no le hiciera mella, consigue reflejar en su mirada el drama interior de esa mujer soñadora, nada resignada a la frustración, para quien la vida ofrecía mucho más que la rutina junto a un médico dedicado a su profesión.
Encadenado a la monotonía del ficticio Yoinville-l´Abbaye y, por lo que insinúa el guión del Chabrol, proclive a prácticas perversas, que acepta sin resistencia, se deja arrastrar por impulsos descontrolados hacia un desenlace inexorablemente trágico.
Con mirada crítica
Chabrol critica una vez más a la burguesía de su país, como ya lo hizo en muchos de sus films anteriores a través de un plano que trasciende el tiempo: "Pienso que sin imaginación no existe felicidad y lo que me aterroriza de la burguesía, en especial de la provincial, es que no tiene imaginación; concentra todos sus esfuerzos en sus posesiones, y poseer no es particularmente un sinónimo de felicidad".
El guión marca el paso del tiempo con relatos en off del autor, con los que subraya el drama, abre y cierra elipsis, claves de la ajustada síntesis que consigue, logrando poner en primer plano los sentimientos de Emma, siempre obsesionado por respetar el que considera como "un guión escrito por Flaubert", a propósito del costado ridículo de la mediocridad.
En este sentido, la idea de la felicidad de los mediocres en un mundo mediocre queda reflejada a la perfección en la secuencia final, en la farmacia, poco antes del desenlace.
La versión más extensa
"Madame Bovary es la obra maestra perfecta", dijo Chabrol, y agregó que "la trama no es gran cosa: una mujer casada, aburrida, con su pequeña vida de provincia. Tiene dos amantes, contrae deudas y se envenena. Pero es la novela francesa más conocida en todo el mundo, porque toca algo fascinante y misterioso, como las tragedias del teatro griego".
Publicada hace siglo y medio, "Madame Bovary" sigue vigente, eso sí, sin desatar la indignación que provocó en su tiempo.
Más allá de que la versión Chabrol es más extensa que sus predecesoras (su duración original es de poco más de dos horas), el director confesó en tiempos de su estreno que de los siete años de la vida de Emma Bovary repasados en la novela había eliminado lo que le pareció accesorio.
El film, que fue proyectado por primera vez en marzo de 1991 en Francia, es el número 35 en la filmografía del autor de "Los primos", y a pesar de tratarse de una superproducción (unos 7 millones de dólares) sufrió una precaria distribución mundial (como ocurrió con la mayor parte de su última producción).
En la Argentina fue presentado (en 1993) casi sin publicidad en videoclubes, de donde rápidamente desapareció sin pena ni gloria.
Filmografía inspirada en una obra maestra
El personaje creado por Flaubert llamó la atención de Anton Chejov, quien de alguna forma tomó su clave en "La cigarra", y también entusiasmó a distintos cineastas.
Se contabilizan, incluida la de Chabrol, seis versiones. La primera (1934), de Jean Renoir, tuvo como figuras centrales a Alice Tissot y Pierre Renoir. La segunda (1947), del argentino Carlos Schlieper, se iniciaba con el mismo Flaubert justificando a su Emma frente a un tribunal francés, y continuaba con la trama, por cierto resumida, donde Mecha Ortiz y Roberto Escalada hacían suspirar a la platea.
La tercera edulcorada a gusto de Hollywood (1949) es de Vincente Minnelli y reunió a Jennifer Jones con James Mason. La cuarta (1969), con Edwige Feenech, resultó sólo una parodia. La quinta, titulada "Vale Abraäo" (1992), tiene _según la crítica europea_ el identificable toque del prolífico director portugués Manoel de Oliveira.





