
Mancebos, un combo de inspirada identidad
1 minuto de lectura'
Presentación de "Rie pagliato", del grupo Mancebos, con Claudio Gatti en trompeta, Guillermo Capocci en guitarra, Julio Ponsard en contrabajo y Manuel Caizza en batería. En Notorious. Próximo show: pasado mañana, a las 21.30, en Uno y Medio (Vale Cuatro), Suipacha 1025.
Nuestra opinión: muy bueno
Un comienzo de año por demás auspicioso con la actuación de Mancebos, que presentó su segundo disco, un trabajo en el que transmiten una fuerte identidad, bañada por una fresca inspiración.
El combo, que surgió a fines de los noventa en el Jazz Club del Paseo La Plaza, es uno de los representantes del creativo camino que están haciendo los músicos de jazz en la actualidad.
Su música es original y tiene como eje un excelente desempeño técnico-instrumental que se apoya sobre ricas melodías de impecable concepción.
El grupo mostró sobre el escenario haberse quitado de encima ciertos tópicos que produjeron una música abierta, más descriptiva y en la que transmiten un carácter genuino, sin impostaciones.
Desde el comienzo, el combo demostró los cambios que atravesó respecto de su antigua formación de quinteto, de sonido extravertido. Ahora, el grupo se destaca tanto en la composición como en los arreglos y también en los changes, los que generaron un constante movimiento.
Gatti es un músico que logra realizar hallazgos en la trompeta. Sus solos tuvieron el encanto de la sorpresa. Desde climas muy a la manera de Clifford Brown, pasando por los sonidos davisianos de la trompeta asordinada hasta melodías de inobjetable atmósfera tanguera, todos ellos marcados por su estilo fluido, de sonido levemente redondeado y metálico.
Capocci es uno de los guitarristas con más temperamento de la escena argentina; con la elección de la guitarra acústica como instrumento (antes se colgaba la eléctrica) le dio un toque tímbrico más personal al grupo. Este guitarrista, de eclécticas influencias, es quizás el motor del cuarteto; su estilo parece traducir una emoción concentrada. Suavemente pirotécnico, no perdió jamás de vista el valor de las melodías, a las que sin excederse en su protección las cuidó acertadamente.
La base rítmica
La sección del ritmo tuvo en Manuel Caizza a un sólido baterista que supo combinar el mensaje de sus solos con la temática de la propuesta y a Julio Ponsard en una función de interlocutor medido y criterioso en la que mostró, por un lado, una completa autonomía y, por el otro, un espíritu que quebró el tradicional mantenimiento regular del tiempo. Por detrás del protagonismo sonoro mantuvo conversaciones con los solistas. Diálogos en los que plasmó una forma estilística que casi no tiene seguidores en esta ciudad.
Los temas fueron del disco "Rie pagliato", un puñado de composiciones en las que incluso el grupo improvisa cantando, cada uno, su parte instrumental.
En efecto, conducidos por la interesante voz de Gatti, cada uno de los músicos se introdujo en la improvisación parafraseando sus partes, lo que creó un clima íntimo que recibió, inmediatamente, la adhesión del auditorio. La propuesta tuvo también algo de lección, pues mostró cómo se integran las diferentes partes para construir la totalidad. ¡Qué buena lección para los oídos atentos!
En cuanto a los arreglos, Mancebos dejó en evidencia un trabajo con un lenguaje moderno que se abre camino entre el hard bop de su primera etapa y los hallazgos en cuanto a lo conceptual de la etapa por la que atraviesa actualmente.
Una construcción sonora
La idea que pareció ganar espacio es la de edificar una música con mucho movimiento en la que el colectivo guarda un importante papel, sin descuidar el lugar de los solistas. Capocci como Gatti son músicos que tienen, definitivamente, cosas para decir. Los dos sets mostraron equilibrio y disposición para el riesgo.
De los temas presentados, "Expreso Bogotá" refleja más que otros los cambiantes contextos en los que se movió el combo. La melodía tiene arreglos que construyeron una atmósfera de suspenso, como un tren que atravesará los caminos de la improvisación, rica en colores y texturas. En cada parada de este expreso hay un solo, en el que cada intérprete eligió atmósferas diferentes pero enhebradas como en un collar de diamantes, en el que cada piedra ilumina a la siguiente.
Así, el primero es el de Caizza, que construyó con un criterio casi ferroviario la idea del solo. Redobles y paradiddles sobre los tambores y ataques sobre los platillos con una regularidad rítmica que sugirió la marcha de un tren, aunque de coloridos vagones tímbricos. Gatti eligió una línea de equilibrio entre el ataque de escalas y cuerpo melódico. Reelabora la melodía original haciéndola más aérea, de tonos agudos, para luego matizarlas con descargas de encadenamientos armónicos a gran velocidad. Saltan de su trompeta puñados de notas que parecen salpicar a la audiencia.
La energía de Capozzi se la sintió más concentrada. Es un músico emocional que utilizó, esa noche, la frase como argumento para todos sus ataques; líneas cortadas por un estilete para luego rehacerlas en la frase. Hubo señales de todo tipo en su solo; desde toques rockers hasta aires folklóricos. El trabajo de Ponsard fue de una impecable pulcritud. La resolución del tema los encontró en una suerte de hard bop abierto, potente y de ricos matices.
Mancebos es un grupo que comenzó a ser él mismo, uno de los caminos que conlleva más riesgos, pero cuyos resultados hoy son los mejores.





