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Llegó el día, señores: hoy se estrena en Buenos Aires Diabólica tentación, el título que los tituladores fumados de siempre eligieron para la esperadísima película que nos presenta a Megan Fox con poca ropa besando chicas, y no me acuerdo qué otra cosa más. Y ante un evento de tal significancia, este humilde servidor vuestro no podía hacer otra cosa más que ofrecerse para verla en función privada y comentárselas antes que nadie, para que no se ensarten o para que vayan entrando en clima desde ahora. No obstante, serias dificultades se presentaron, y no quedó otra alternativa más que buscar un plan B. Paso a detallar.
No es fácil para un periodista de música entrar a una privada de cine. El Sindicato de Críticos Kirchneristas Ortodoxos (SiCKO) es muy cerrado y te la complica. La última vez que pude lograrlo fue en el año 89, para el documental Viaje al otro lado de Julio Iglesias, un filme que -en tres horas y cuarto, y con un presupuesto de 245 millones de dólares- se dedicaba a revelar cómo era ese perfil que el cantante español jamás mostraba a la cámara. De todos modos, pese a haber logrado ingresar, un joven y aún cuerdo Luis Pedro Toni se acercó a mí mientras lamía un riñón a la parrilla del catering y, con una sonrisa en los labios, me dijo: "Rajá o te quemo". Teniendo en cuenta que yo en el 89 contaba con solo diez añitos, mi reacción de pánico ante un Luis Pedro Toni sacado es completamente comprensible.
Considerando tan nefasto antecedente, volver a ingresar a una privada no era moco de pavo para mí. Ataviado con mi flamante remera de Manowar llegué al Complejo Rolo Puente, coqueto conglomerado de salas de la zona de Hurlingham donde se realizaba la función para periodistas. Allí, el dueño de la distribuidora nos recibía desde un pedestal amenazando con degollar un gatito si no le poníamos cinco estrellas a la película, y Catalina Dlugi cumplía con su función de patovica, mirando torcido a todo aquel que no fuera del gremio, como por ejemplo yo y otro pibe de la revista Ser Padres Hoy, presente allí por motivos desconocidos. Luis Pedro Toni, en cambio, yacía en posición fetal en un rincón de la sala, chapaleando en un charco de su propia saliva ("dejalo, es normal", me dijo un colega).
Ahí nomás me abarajó el encargado de prensa:
- Mauro, querido, que gusto verte.
- ¿Quién?
- Huguito, digo.
- Frío.
- ¿Serafín?
- No, uf, menos.
- Decime quién sos.
- Mancusi. De Pop Life.
- Ah. Bueno, copate con una reseña piola, y te pido si podés poner algo de la conciencia social y esas cosas, como que hicimos traducir los programas a braille y eso.
- ¿A braille?
- Seee.
- ¿Para los ciegos que vienen a ver películas?
- Eh. Ah, claro. Mmm. A ver, dame un minuto.
(Se aleja, discute con un señor pelado que se golpea la frente con la palma de la mano, vuelve al rato).
- No pongas nada de eso mejor, ¿sí?
- Ta.
Y me dejó entrar a la sala nomás. Entusiasmado con ver la película, me acomodé en un rincón alejado y me dispuse a ver los avances previos. Toni, a todo esto, tenía la cara hundida en un balde de pochoclo y repetía una y otra vez en voz alta la frase "Giunta, Giunta, Giunta, huevo, huevo, huevo", nadie sabe por qué ("siempre fue bilardista ese deforme", me susurró otro colega). El tiempo pasaba y los avances no paraban de llegar: vi el de la nueva versión de Hamlet protagonizada por Steven Seagal, vi el de Querida, sacrifiqué en nombre de Alá a los niños con Cipe Lincovsky y Jorge Corona, y vi el de Que ganas de tomar de ese sifón, dirigida por El Hijo de Fellini, con música de El Hermano de Daddy Yankee y protagonizada por La Tía Abuela de Jennifer López. Y me embolé y me dormí.
Desperté tres horas después. En la sala sólo quedábamos yo y Luis Pedro Toni, ahora corriendo desnudo delante de la pantalla y cantando "George, George, George of the jungle". "¿Qué hago?", pensé, temeroso de que El Jefe me propine un shot en las cachas por no llevar reseña alguna. Y se me ocurrió una idea: armar mi propio guión de la película de Megan Fox, que yo estimo mejor que ésta.
Miren, la cosa viene así: Megan es la conductora de una nave intergaláctica tuneada y de repente para un toque en una parrila en la esquina de las galaxias Fufú y Chucu Chucu Chucu, y va a por un morcipán, con la mala suerte de que justo cae en mundo que es una especie de Planeta de los Simios donde los habitantes no son simios, sino que tienen la cara de Marcelo Bonelli. Rápidamente Megan pela un rayo láser muy grosso y mata a todos, y se echa a tomar sol en una microbikini ínfima, hasta que es secuestrada por un grupo de ninjas que la llevan ante su líder, que es Scarlett Johansson haciendo de sí misma. Tras una escena de sexo lésbico explícito de 27 minutos, Scarlett la deja ir, y en un giro sorprendente de la trama se revela que Bruce Willis está muerto. El Fantasma de Bruce Willis, entonces, invita a Megan Fox a tomar un clericó a un bar de Las Cañitas, donde la protagonista recrea la famosa escena de Cuando Harry conoció a Sally y finge, no un orgasmo, sino nueve. En eso una bocha de marcianos entra con unos nunchakus re locos que también tiran unos rayos mortíferos, se arma batahola y boletean a todos menos a Fox, quien sale sin daños, a excepción de la total destrucción de su ropa. El marciano más capo, encarnado por Jack Nickolson, se casa con Megan y tienen 147 hijitas, todas iguales a su madre. Ahí, por algún motivo, se produce una persecución policial en auto que termina en una gran explosión, y para celebrarlo se arma una fiesta espontánea en las calles, al ritmo de "Together Forever" de Rick Astley, con Megan y Scarlett semidesnudas bailando sobre un parlante. Funde a negro, fin. Yo creo que puede andar.
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