Memorias de "Lo que el viento se llevó"

Un experto argentino habla de sus vínculos con el legendario film, que se repone en una versión íntegramente restaurada.
Natalia Trzenko
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4 de agosto de 1999  

Mañana, cuando "Lo que el viento se llevó" se vuelva a proyectar en un cine local -la sala 2 del cine Metro- después de diez años de ausencia en la Argentina, Carlos Saravia Aguirre tendrá uno de sus mejores días. Muy parecido a aquel en el que, a los 14 años, vio junto a sus padres una película que en un primer momento creyó que era "sobre un tornado". Después de la confusión, llegó para Aguirre el amor por el cine en general y por esta película en particular. Gracias a las historias que el film contaba, comenzó a investigar sobre los actores que participaron en él, el vestuario, la arquitectura y todo lo que tuviera que ver con el sur de Estados Unidos. Su intención era entenderlo todo.

En 1972 se convirtió en socio del Club de Admiradores de "Lo que el viento se llevó", con sede en Estados Unidos. Conocido como el único sudamericano de la entidad, Aguirre empezó a intercambiar material con coleccionistas de todo el mundo.

Un artículo en particular llamó la atención de la asociación de fanáticos del film en el Estado de Virginia. En tiempos en los que no existían tecnologías como la del video, Carlos Saravia Aguirre reprodujo la película cuadro por cuadro, realizando lo que en la jerga del cine se conoce como storyboard. Fueron más de 5000 dibujos que el club de admiradores de Virginia le compró y gracias a los cuales pudo afrontar los costos de vivir durante un año en el sur de los Estados Unidos. Se compró un coche viejo y con él recorrió cada uno de los lugares mencionados en el libro y la película.

De la cinefilia a la historia

"Lo que más me interesaba era hablar con la gente del lugar sobre la Guerra de Secesión. La autora de la novela en la que se basó la película, Margaret Mitchell, era sureña y quiso escribir sobre la gente que conocía, ya que la había impresionado mucho el hecho de que el Sur hubiese perdido la guerra", explica Aguirre, convertido gracias a la cinefilia en un experto historiador. En su gira no dejó de visitar todas las casas de antigüedades de la región, en las que encontró verdaderos tesoros.

"Cuando estuve en el Sur conseguí muchísimo material, cosas inhallables en este momento. En esos lugares se guardaban auténticas reliquias, casi sin saberlo. Por entonces, no se les daba mucha importancia a las viejas películas de la época de oro de Hollywood, y gracias a eso pude conseguir una gran cantidad de artículos a precios relativamente accesibles", asegura Saravia Aguirre. El ejemplo más claro es un programa de la noche de estreno de la película, en Atlanta, que recibió como regalo de una coleccionista irlandesa y que en la actualidad cuesta más de 25.000 dólares.

Otra fuente proveedora de muchos de los preciados artículos de Aguirre fue la hija de su actriz favorita, Vivian Leigh, la bella británica que encarnó a la famosa Scarlett O´ Hara. De ella guarda, entre otras cosas, un par de guantes que fueron usados por la estrella durante la filmación de la película.

La vigencia del film

En diciembre próximo se cumplirán 60 años del estreno de "Lo que el viento se llevó". Sin embargo, el tiempo parece no haber atenuado el orgullo que esta película provoca entre los habitantes del sur de los Estados Unidos.

Tanto es así que el propietario actual de los derechos de la película, Ted Turner (dueño y creador de la CNN), un sureño de pura cepa, mantiene durante todo el año, las 24 horas, un cine reservado sólo para proyectar el film en la ciudad donde reside, Atlanta.

En varios Estados del sur norteamericano, cuenta Aguirre, hay calles, plazas y hasta restaurantes con los nombres de los personajes de la película. En su opinión, esta vigencia tiene directa relación con su mensaje. "La idea de que siempre hay un mañana, famosa frase de la última escena de la película, es un concepto muy fuerte que nos llega a todos", afirma convencido.

"Además, el personaje de Scarlett pasa durante toda la trama por todos los estados anímicos posibles y eso la hace muy humana", agrega casi diseñando una fórmula que ningún cineasta actual, según su parecer, debería ignorar: "El mensaje, la modernidad de los diálogos y la manera de filmar hacen que una película no envejezca y que cada vez que se reestrene se transforme en un éxito de taquilla".

Aguirre, coleccionista casi empedernido, con un patrimonio de 2500 videos que trasforman su casa en una especie de museo, según sus propias palabras, no sólo comprende la afición de los norteamericanos por este film, sino que hasta encontró su relación con la historia de la Argentina.

"Yo comparo la historia del sur de Estados Unidos con la nuestra. Somos como ellos una mezcla de razas, inmigrantes . Ellos son románticos, se quedan muy enganchados con el pasado, con la nostalgia y son melancólicos, como nosotros." Tal vez sea por esas razones, más cercanas a la sociología que a la pasión, que Aguirre se mantiene fiel a este film. Quizás el secreto está en entender que más allá de sus guerras y sus amores contrariados, "Lo que el viento se llevó" es básicamente una película humana.

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