
Memphis, en Boca y con alma de campeón
Presentación: la banda blusera actuará antes de los Bee Gees, en la Bombonera, donde tocará su nuevo disco, "Hoy por hoy".
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Pasan los años, sacan discos y obtienen certificaciones de platino. Pero Otero sigue hablando de la Memphis como de una banda viajera . Lo atestigua con un relato relámpago de un fin de semana de vértigo: "Un día tocamos en Esquel con nieve, hicimos combinación en Buenos Aires con lluvia y nos bajamos en Corrientes con 30º de temperatura. Todo en un saque; nos íbamos sacando la ropa en la pista", dice, con su conocida voz grave, Adrián Otero.
Veinte años lleva el combo portando instrumentos y blues por los caminos. "Hace unos días tocamos en un pueblo de Mendoza; era casi toda población rural y me entusiasmé tanto que me terminé tirando al piso. Al día siguiente no me podía mover", agrega la anécdota Otero. Menciona también un pueblito del Sur en el que "viven 10 mil personas y nos fueron a ver tres mil. Estaban todos los que tienen entre 15 y 60 años. Y los hijos de los de 30 y 40".
Memphis se enorgullece, entonces, de ser una banda popular. Algo que, dicen, tienen que agradecer en gran parte a la televisión. Ese mismo medio que otros miran con recelo y que en su momento criticó a la banda por sus repetidas apariciones en el tan poco rockero programa de Tinelli.
Pero el dilema no parece ser un tema que lo preocupe. "Voy a decir algo que va a dar que hablar. Pero el rock, que debería ser el lugar de la libertad, a veces es el más sectario, prejuicioso e intolerante. Si vamos a la televisión, es para ocupar un espacio que si no ocuparían otros".
Los Memphis, en esta sala de ensayo cerca de San Juan y Boedo, no creen en el manual del buen rockero. "Somos buenos rockeros sin manual. Si no, a ver quién es más rock and roll que yo, quién empezó a tocar en la calle", desafía.
La banda, orgullosamente popular, no tiene conflicto entre la pasión y el negocio. El mismo Otero que con sus relatos de ruta afirma que "tiene que haber algo más importante que la guita, porque, si no, no hacés estas giras", está decidido a vender "Hoy es hoy", su nuevo disco. "Yo salgo a vender los discos y me tomo el trabajo de hacer prensa. Le pongo garra, no me hago el artista y vuelo por el aire. Me pongo el disquito bajo el brazo y me voy a patear. Un disco no se vende cuando es malo y no gusta o es muy extraño y entonces no tenés aspiraciones de vender. Pero los Memphis sí las tenemos. Los hacemos para eso, no para que estén durmiendo en las disquerías. Que se vendan muchos por minuto, si es posible", dice, y sigue ignorando el bendito manual.
Memphis, con alma de campeón
Memphis, como su nuevo disco, "Hoy por hoy", está lejos de aquellos shows descontrolados y anárquicos de los ochenta. A fines de los noventa, la dinámica es otra y el próximo sábado serán la banda invitada en el show de los Bee Gees. "Vamos a la Bombonera con una formación ganadora -dice Otero, el futbolero, el fanático de Vélez-: de arquero va "El viento te lo dirá"; de nueve, "El blues de Rosario"; volante por izquierda "La bifurcada", de punta "Locura"; en el medio campo "Eugenia", para que con sus caderas pueda frenar el ataque contrario, y de líbero "La flor más bella", para tirarla a la tribuna." Claro que no le pedirán coros a los hermanos Gibb.
Pero de aquellos ochenta quedaron marcas y recuerdos de bares y shows caóticos en lugares como la Esquina del Sol o el Stud Bar, donde juntaban a su gente. Pero también historias como la de BARock. En aquel festival, en 1982, sus trajes y su blues de esquina no fueron muy bien recibidos. Todo lo contrario.
"Yo tengo una teoría. Pienso que éramos tan comunes, tan simples y básicos que estábamos adelantados para la época. Por eso no pudieron entender cuando cantamos "Moscato, pizza y fainá" o "El blues de las 6 y 30". Pero acá, al que no le gusta comerse una pizza con moscato en Las Cuartetas o en la Universal no merece ser porteño. O miente o anda mal del hígado. Era muy simple, una historia de verdad, pero entonces estaban acostumbrados a escuchar rock sinfónico y jazz rock. En ese festival, a V8, Los Encargados y a nosotros nos tiraron de todo porque eran propuestas nuevas."
El nuevo orden de La Blusera
También, asegura, cambió la interna del grupo y "el nivel mental es otro, antes estábamos bastante deteriorados físicamente y lo único que nos mantenía era la pasión, era un momento de delirio, anárquico".
Este nuevo estado de prolijidad les permite organizarse y concentrarse mejor a la hora de componer y grabar. "Para hacer cualquier actividad bien hecha tenés que poner mucha energía, mucha pila, saber apuntar y pegarle. Tenés que tener poder de concentración, voluntad y fe".
Entre las vueltas del cambio, Eduardo Anetta, baterista de La Blusera desde hace años, se bajó del tren. Primero fue una hepatitis la que lo mantuvo alejado de los ensayos y las presentaciones. Sus compañeros, entonces, recurrieron a Marcelo Mira, que ya se quedó para la grabación del disco. Anetta, dicen, estaba cansado del ritmo de las giras y quería dedicarse a su otra pasión: la pintura.
"Memphis estaba necesitando un cambio de batería y se dio, casi naturalmente. Pero la relación humana sigue intacta como siempre. Y lo extrañamos". Marcelo Mira, igual que el Gonzo, en saxo, figuran como músicos invitados. "Ellos no son Memphis, Anetta sí lo era, pero ahora somos cinco".
Otero, el clásico
El hombre que pateó las calles, el mismo que asegura que, dentro de la banda, es de los más modernos, hoy lee a los clásicos. "Sigo siendo el mismo letrista de siempre, realista o costumbrista, pero para este disco trabajé mucho más. Lo de la letra es igual que lo de la música, tiene que tener un ritmo. Me tomé el laburo, y me proporcionó un gran placer leer a Quevedo, a Góngora, los sonetos y todo eso. Adquirí como un ritmo automático muy grosso a la hora de rimar que me ayudó mucho -dice, con acento de porteño tanguero-. La rima debe ser la rima y cualquiera que escriba soneto en endecasílabo, rimado con rima perfecta, lo sabe. El que no sabe hacer eso se llamará de otra manera. Pero, surrealismo o no, las giladas dichas de una manera surrealista siguen siendo giladas, lo mismo que puede pasar con mi realismo y mi costumbrismo".
De allí al tango, un paso. Y ahí está "Tangazo" para dejar testimonio musical. "Nos salió del alma, empezamos con un tema que buscamos por el lado del jazz, y yo le propuse al Ruso (Beiserman) hacer un tango con la misma secuencia de acordes. Fabián (Prado) lo redondeó". Contaron con el apoyo de Esteban Morgado en guitarra y Walter Castro en bandoneón .
"No sé si los tangueros van a decir que es un buen tango, pero lo hicimos de corazón. Además, nadie me tiene que decir qué hacer, ni rockeros ni tangueros. Yo soy un ciudadano libre; voto, pago mis impuestos y no necesito autorización de nadie".
Según el cantante, "este álbum es el más difícil de digerir de Memphis porque es muy variado. Los primeros discos eran blues y ritmo y blues, esto es un abanico en el que, además, son muchos los que compusimos". Así hay tango, boogie y hasta un casi fox trot como "Vuelvo a casa mamá".
Otero se define como de la línea moderna, frente al purismo blusero de, por ejemplo, el Ruso Beiserman. "Pero partamos de la base de que nos gusta tocar todo, y sin olvidarse de que venimos del blues, pero, dentro de eso, yo soy moderno", y vuelve a reír.
Del escenario al bar
-Loco, vos tenés la voz parecida al que canta en Memphis.
-Momentito, el que canta en Memphis tiene la voz parecida a mí.
El que contesta es Otero, pero en su rol de Manuel, el dueño de un bar. El diálogo formará parte de "La nocturna", una serie que Canal 13 pondrá en el aire a mediados de mes y en la que trabajan Víctor Laplace, Daniel Fanego y Otero. "Hago del dueño de un bar, un tipo muy gaucho, muy noble." No es su primera experiencia con la actuación. Antes trabajó en dos largometrajes de Raúl Perrone, "Cinco pa´l peso" y "Graciadió", el corto "No seas cruel" y un capítulo de "Poliladron" con Juanse. "Voy despacio porque hay códigos que tengo que aprender. La gente con la que trabajo me ayuda mucho, es muy copada. El director es hincha de Vélez, como yo."
La historia comenzó cuando lo llamaron para pedirle un tema para la cortina del programa. El productor se entusiasmó con él y su voz, y lo terminó convenciendo para actuar. El entusiasmado es, ahora, el mismo Otero, que busca definir el perfil del personaje. Mientras, atiende las mesas y está pensando en poner música. "Hay una maquinita de discos con monedas, pero no suena. Voy a ver si pongo temas de Memphis. Al fin de cuentas es mi bar", dice, y larga una risotada más grave aún que su voz.
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