
Mi intervenido pony
Al trote y con buenas intenciones, caballitos decorados por artistas pasaron por una galería neoyorquina
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NUEVA YORK (Especial).– Lista de caballitos: pony bola de espejos; pony tapizado de pastillas de menta de colores; pony luciendo tatoo de historieta de Roy Lichtenstein; pony Jem and the Holograms, con rayos de colores, cicatriz flúo en la frente, patitas fucsia; pony geisha, con sombrillita y motivos nipones en miniatura... Todos pasaron al trote por Nueva York, hace unos días, como parte de The Pony Project, exhibición itinerante de arte inspirada en el juguete favorito de todas las chicas. Hasbro, la empresa productora del Little Pony original, invitó a un grupo de mujeres artistas a intervenir una serie de 42 caballitos blancos y lisos, todos iguales, tamaño mesa de luz. Cada artista debía apropiarse del muñeco con libertad, imprimiendo sobre la superficie su propia perspectiva.
Y el arco iris de ponies resultante es realmente instructivo: enseña que en un mismo objeto pueden esconderse fantasías muy divergentes. No hay una sola manera de usar un juguete. No hay una sola manera de jugar con el pony. No hay una sola manera de ser artista y mujer.
El casting de ponymakers fue hecho por la agencia creativa Thunderdog Studios, con base en Brooklyn, que desde hace años se especializa en la producción de juguetes de diseño, buscando armonizar la cultura pop y el arte a través de la exploración de nuevas tecnologías.
El acuerdo entre Hasbro, Thunderdog y la galería Milk –una de las más importantes de Nueva York, en el fashionable Meat Packing District– indica que el 50 por ciento de lo recaudado por la exposición y la venta de merchandising (remeras, posters, miniponies, que en breve podrán comprarse vía www.theponyproject.com ) será destinado a distintas asociaciones benéficas.
El 50 por ciento restante corresponde a las artistas, entre las que se destacan la diseñadora de moda Betsey Johnson, la fotógrafa Annie Leibowitz y la legendaria DJ de la escena de clubes neoyorquina Justine D. En la tarde de la apertura, su pony, completamente espejado, congregaba a todos los jóvenes modernos que habían llegado a la galería.
El preferido de las niñas, en cambio, era un pony de color chocolate, con los ojos encendidos por una luz roja. Su creadora, Gothy, lucía trenzas color manteca igualitas a las del muñeco. Una chiquita mostró ser la mejor intérprete de la obra: le preguntó a su madre si el pony era el hijo de la señorita que compartía sus trenzas. La artista, halagada, no pudo dejar de reírse durante un buen rato.
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