Mora Calabrese, la esposa de Abel Pintos: de la timidez y el bajo perfil a abrir su propia joyería en Recoleta

La empresaria chaqueña habla por primera vez en una exclusiva para LA NACION sobre su nuevo emprendimiento, su matrimonio y la maternidad

Mora Calabrese, esposa de Abel Pintos, habla por primera vez sobre su nuevo emprendimiento, su matrimonio y la vida familiar
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Mora Calabrese (38) es la musa de algunas de las canciones más románticas de la música argentina que suenan en Spotify y en la radio. ¿Y cómo no serlo si está casada con Abel Pintos (42)? Pero, más allá de la gran popularidad que tiene él, ella siempre eligió acompañarlo desde el costado del escenario porque, según sus palabras, aunque quisiera, no podría exponerse tanto. Y eso se nota en la timidez con la que posa para la cámara. No sabe dónde poner las manos y su risa refleja su nerviosismo, pero en esa incomodidad busca una mirada amiga, se relaja y se entrega por completo. Irradia una elegancia innata y una simpleza que no pasa inadvertida. “No me gusta exponerme. Lo sufro, pero lo hago igual”, reconoce. Pero, aunque su marido es muy famoso, su nombre también resuena con fuerza. No le molesta que la conozcan por su relación, pero tiene perfectamente en claro que no es una extensión de él; tiene su propia identidad y un proyecto personal completamente alejado del espectáculo.

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Durante la pandemia empezó a estudiar orfebrería y a crear piezas de joyería para regalarle a su círculo íntimo hasta que su marido, su principal apoyo, le dio un consejo que resultó bisagra: que abriera su propio local. Esta decisión no fue tomada a la ligera, no solo por su tendencia perfeccionista a que su trabajo alcanzara el máximo nivel, sino porque era salir de la privacidad que eligió durante 13 años para exponer su faceta más introvertida y vulnerable.

Luego de tres años de ventas online, en abril de 2026 abrió su local ubicado en Avenida Callao 1420, en el barrio porteño de Recoleta. Cala —una abreviatura de su apellido— es la coronación de una pasión transgeneracional que heredó de su abuela, de su madre y que también le pasó a su hija mayor, Guillermina. En el pequeño taller que tiene en una habitación de su casa hace todas las piezas de plata 925 y bronce, desde collares hasta pulseras, aros y anillos. “Nos parecería que en este estilo de marca era bueno darle al cliente la experiencia completa porque a veces no es lo mismo ver en una página web una pulsera que tocarla, sentir su peso y apreciar los detalles”, advierte.

Entendió que este emprendimiento demandaba no solo hacer las piezas, organizar la vidriera y asesorar a los clientes, sino que haya una cara visible. Eligió a LA NACION para mostrar por primera vez en un medio su proyecto más personal, para hablar de su matrimonio con Abel Pintos, de las personalidades de sus tres hijos, Guillermina, Agustín y Rosario, y reflexionar sobre la vida que construyó entre su Resistencia natal y Buenos Aires.

¿Cómo surge tu pasión por la orfebrería?

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—Es algo que siempre me interesó, pero yo vivía en Resistencia y no existía nadie que enseñara allá. En pandemia se abrieron nuevas posibilidades y comencé a tomar cursos online con Laura Saud y abrí una puerta que me fascinó. Sospechaba que me iba a gustar, pero no imaginé que tanto. Empecé a experimentar, a probar y a mandar a fundir. Fue un camino de ida y de a poco fue tomando forma. Primero hacía piezas para mí, mis hermanas y mis amigas hasta que, después de casi seis años, terminamos abriendo un local.

Hacías piezas para regalar y terminaste abriendo tu propio local. ¿Cómo se dio esa transición?

—Fue sobre todo un proceso emocional porque para mí era algo muy vulnerable abrir una partecita a ser juzgada por el resto. Pero me gustaba lo que hacía, cada pieza y cada proceso, y quería compartirlo y mostrarlo porque confiaba en que había otras personas que lo iban a poder apreciar y disfrutar como yo. Mi marido fue clave en todo esto. Me apoyó y me animó a mostrarlo. Fue un trabajo de casi un año de ir probando porque fui muy cuidadosa de que las cosas funcionaran. Ahí la invité a Flor [Amendola, su amiga y socia] a participar. Si ella no era parte de esto, nunca iba a salir a la luz. Yo diseño y hago a mano cada una de las piezas y ella es la que hace que todo funcione.

—¿Cómo te acompañó y motivó tu marido en el proceso antes de presentar la marca en público?

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—Me decía: “Está buenísimo lo que hacés, tenés que mostrarlo, no tiene que quedar solo en vos y tu círculo íntimo”. Me dio la confianza de que realmente estaba bueno y que podía compartirlo para que sea de alguien más.

—¿Cómo es el proceso de armado de las piezas?

El taller está en una habitación de mi casa. Por lo general, no dibujo, sino que arranco en la cera directa. Trabajo en plata y bronce usando la técnica de cera perdida. Hago entre cinco y ocho piezas por día y las mando a fundición, que tarda entre dos y tres semanas. Cuando vuelve en metal bruto, empiezo con el proceso de pulido, que tarda entre dos y tres horas. Ahí queda listo para venir al local o a la web.

—Pasaste de mantener un perfil súper reservado a poner la cara en las redes de la marca. ¿Cómo fue vencer esa timidez?

—Cala es parte de mi identidad, de mi estilo de vida y de mi cotidianidad. Era raro no poner la cara y no mostrarme. Porque, aparte, como soy yo quien hace todas las piezas, soy parte del proceso y de la marca. Entonces era fundamental incluirme en el proyecto.

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—Desde el comienzo de tu relación nunca te expusiste públicamente y preferiste acompañar, pero a un costado. ¿Cómo se pacta en una pareja el nivel de exposición cuando uno es tan masivo y el otro prefiere la intimidad?

Elijo un lugar más reservado porque también es mi personalidad. Creo que, aunque quisiera, no podría ser alguien tan expuesto a hablar tanto de mi vida (risas). Tengo un perfil más tranquilo, soy más introvertida, pero entiendo y soy muy consciente de quién es mi marido y lo que eso conlleva. Lo vivo con mucha naturalidad, aprendo mucho de Abel, de acompañarlo y estar con él. Sé que para él es importante, entonces doy ese paso y estoy. Me parece un equilibrio entre los dos. Trato de no exponerme tanto, pero sin dejar de acompañarlo. Busco esa medida justa.

La pasión heredada por la moda y sus lazos irrompibles con su Chaco natal

—En tu familia la moda estuvo muy presente con tu mamá y tu abuela. ¿Sentís que la joyería fue la forma de seguir ese mandato familiar?

—Toda la vida me gustó mucho la moda y tengo una pasión particular por los accesorios. Mi mamá tuvo negocio de ropa toda la vida, mi abuela también. Me crié rodeada de moda y diseño y es parte de mi vida cotidiana. La inspiración principal de Cala es el día a día. Creo las piezas que a mí me gusta usar y que me gustaría tener para sumar a mi look. Para mí, más que un accesorio, es una pieza de arte. El concepto es que puedas usarla todo el tiempo, en todo momento, tanto para un look de jean y remera y zapatillas como para un vestido.

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—Si bien vivís en Buenos Aires, mantenés lazos muy fuertes con tu ciudad natal. Tenés un local de objetos de decoración, donde también vendés tus joyas, y hasta un almacén saludable...

Resistencia es donde nací, donde nacieron dos de mis tres hijos. Es parte de mi identidad y de donde nacen muchas de estas inspiraciones. Por eso también nos parecía clave tener un pedacito de lo que somos allá para que pudieran vivir la misma experiencia que tenemos allá. La mitad del tiempo estoy acá y la otra allá. Es imposible que no sea parte de cada momento de mi vida. Toda mi familia vive ahí. Por eso voy seguido. En los últimos dos meses fui cuatro veces.

—El comienzo de tu relación implicó una mudanza porque gran parte de la carrera de Abel pasa por Buenos Aires. ¿Te costó ese cambio?

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—La verdad es que me gusta mucho vivir en Buenos Aires y es un punto clave para nosotros como familia porque nos acorta mucho las distancias. Cuando estábamos en Resistencia, a Abel le implicaba un doble viaje poder llegar a casa; entonces decidimos hacer base en Buenos Aires para estar más cerca. Para mi proyecto también es clave, porque todas las fundiciones se hacen acá y, si no, se me hacía demasiado largo el proceso. Para la vida diaria tenemos nuestro espacio acá, que funciona mejor y es más práctico, pero también tenemos nuestra casa allá, que es nuestro lugar de descanso, nuestro escape.

Las personalidades de sus hijos y cómo el arte influye en sus vidas

—¿Tu hija Guillermina es parte del proyecto?

Ahora está viviendo en Australia, pero más que parte del proyecto, es una inspiración. A veces me pide cosas puntuales y, si me gustan mucho, pasan a ser parte de la colección. Hace un tiempo me trajo la idea de hacer una versión de una medalla en francés con la frase “Más que ayer, menos que mañana”, y me gustó tanto que quedó en la colección.

—Agustín (5) hizo un video que compartieron en las redes sociales de la marca y se lo vio muy cómodo. ¿Él mismo pidió participar en el video o fue una propuesta tuya?

—Sí, le encanta. Le pregunté si se animaba a que le hiciera una entrevista para hacerle un regalo a su papá y estuvo de acuerdo.

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—¿Sabe que su papá es un artista famoso al que una multitud va a escuchar?

— Es consciente. Empezó a entender hace algunos años esto de que se saquen fotos. Entiende, le gusta y lo acompaña. Es muy observador de todo lo que sucede alrededor de su papá.

—¿Alguno de tus hijos ya empezó a desarrollar el gusto por el espectáculo o la moda?

—Guille tiene mucha afinidad con todo lo artístico. También lo mamó desde muy chica a ese estilo de vida. Tanto la moda como el arte atraviesan nuestra vida en lo diario y lo cotidiano, entonces lo tiene muy impregnado. Le gusta mucho el diseño de interiores; es más por ese lado. Cuando vuelva, va a estudiar una carrera afín. A Agustín le gusta mucho cantar. Canta todo el día, pero no dice que quiera ser cantante. Le encanta estar de gira, en el escenario o atrás y acompañar a su papá. Es parte de su mundo. Y Rosario (1 año y 10 meses) es muy chiquita todavía, así que no sabemos para dónde va a salir.

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Las redes sociales, la exposición y el amor

—Al exponer tu marca en las redes, abriste también un canal directo con el público. ¿Te sorprendió el feedback?

—Me fui acostumbrando a recibir mensajes. La gente es muy cariñosa y generosa conmigo. Desde el primer momento fueron superrespetuosos. Hay mucha gente que no sabe quién es mi marido ni quién soy yo y fue conociendo la marca por otros medios. La respuesta de la gente fue muy cálida y positiva. Tenemos un público bastante genuino.

—¿Te molesta que te conozcan por ser “la esposa de...”?

—Soy consciente del ‘costo’ que tiene esa exposición, pero no siento en mi vida diaria estar siendo ‘la esposa de…’ constantemente. Logré despegar naturalmente al hacer esa división. Todo lo de Cala ayudó mucho porque en mis redes sociales hago mucho foco ahí. No subo tanto ni con mi marido ni con mis hijos. En mi vida diaria lo tengo muy separado. Por ahí hay un público muy específico para el que siempre voy a serlo, y me encanta. Estoy orgullosa de serlo. Y si me relacionan con eso, no me molesta en lo absoluto; al contrario. Sé que soy “la esposa de...” y que hay mucha gente que se interesa por eso, así que estoy ok con eso.

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—¿Te gusta el mundo del espectáculo?

—Por momentos es divertido porque es una vida fuera de lo cotidiano. Para cualquiera que experimente ese espacio durante un tiempo, es algo distinto. También cada tanto es lindo jugar a arreglarse un poco, pero después volvemos a nuestra vida, que es lo más normal y común del mundo.

"Soy consciente del ‘costo’ que tiene esa exposición, pero no siento en mi vida diaria estar siendo ‘la esposa de…’ constantemente", sostiene Calabrese
"Soy consciente del ‘costo’ que tiene esa exposición, pero no siento en mi vida diaria estar siendo ‘la esposa de…’ constantemente", sostiene CalabreseCamila Cammarata - Gentileza

—¿Sos de opinar sobre los outfits de tu marido?

—No, él tiene su estilista que le arma sus looks, pero es nuestro fan número uno. Usa muchas de nuestras piezas. Suele ir al taller y decir: “Che, ¿qué me puedo poner?”. A veces también le diseño cosas específicas para un show. Para el de los 30 años hicimos algo en conjunto y ahora estamos preparando algo especial para otro evento. ¡Tiene su propia colección!

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—¿Algo de lo que le hiciste salió a la venta?

—No, queda solo para él.

—Estás en una etapa de mucha transformación. Si te imaginás de acá a unos años, ¿qué proyectos o búsquedas te entusiasman?

Por lo pronto, estoy muy enfocada con Cala. Creo que todavía le queda un largo recorrido por trabajar, crecer y mejorar. Todo es muy nuevo para nosotras, sobre todo el local. Es una experiencia que nos encanta y hay todo un mundo para seguir abriendo. En lo particular, me gusta mucho la pintura, pero es algo que todavía está muy puertas adentro, no sé si algún día saldrá a la luz. Pero todo siempre tiene que ver con cosas artísticas y manuales.

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