Morir por Frank Sinatra
En Filipinas, el que cante A mi manera corre peligro de ser asesinado
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GENERAL SANTOS (The New York Times).– Tras un día de trabajo en la peluquería, Rodolfo Gregorio se encaminó hacia el karaoke de su barrio. Ya en el bar dejó a un lado su vaso de cerveza Red Horse extra fuerte, tomó el micrófono con la seguridad del que está habituado y se hizo un silencio momentáneo en el salón mientras cantaba My Prayer, de Los Plateros.
Después interpretó a grito pelado pedidos de la muchedumbre: canciones de Tom Jones y Engelbert Humperdinck. Sin embargo, Gregorio, de 63 años, testigo de incontables pleitos surgidos en los karaoke, no se animó a elegir una canción clásica y que a todos les gusta: la versión de Frank Sinatra de A mi manera. "Antes me gustaba y la elegía seguido, pero después de todos los problemas que traía aparejados dejé de cantarla’’, cuenta. "Me pueden matar’’, sintetiza.
Las autoridades no saben exactamente a cuántas personas ya mataron por gorjear A mi manera en karaokes de Filipinas, o cuántas peleas fatales provocó el tema. Pero la prensa registró al menos media docena de víctimas en la última década y las incluyen en una subcategoría de crímenes apodados Asesinatos A mi manera.
Los homicidios generaron leyendas urbanas sobre la canción, y los filipinos por el momento sólo pueden tantear respuestas. ¿Estos asesinatos son un efecto secundario natural de la cultura de violencia, alcoholismo y machismo del país? ¿O hay algo inherentemente siniestro en la canción?
Cualquiera que sea la razón, muchos bares de karaoke quitaron el tema de sus repertorios. Y la gran cantidad de fans de Sinatra en el país, como Gregorio, practican fielmente una autocensura surgida de una autopreservación.
Los asesinatos relacionados con el karaoke no se limitan a Filipinas. En los dos últimos años apuñalaron a un malasio por monopolizar el micrófono en un bar, y un tailandés furioso mató a ocho parroquianos por cantar Take Me Home, Country Roads, de John Denver. Los arrebatos relacionados con el karaoke llegaron hasta Estados Unidos: en un bar de Seattle, por ejemplo, donde una mujer golpeó a un hombre por cantar Yellow, de Coldplay, tras criticar su interpretación.
Una que sepamos todos
No obstante, es posible que las probabilidades de un asesinato en un karaoke sean más altas en Filipinas. Es que las reuniones sociales implican invariablemente al karaoke. Se pueden encontrar aparatos de karaoke en los sitios más insólitos, incluidos lugares al aire libre en el campo, donde en ocasiones se puede ver a hombres cantando temprano por la mañana. Y los filipinos, que se enorgullecen de cantar, pueden tener menor tolerancia hacia los malos cantantes. En efecto, la mayoría de los Asesinatos A mi manera ocurrieron porque un cantante desafinó y otros parroquianos se rieron o lo abuchearon. Explica Gregorio: "El problema con A mi manera es que todos se la saben y tienen una opinión’’.
Por arrogante, quizá
Pero otras canciones igualmente populares no provocan asesinatos. Por eso hay quienes dicen que el problema esta en esa canción. La letra, escrita por Paul Anka para Sinatra, es un resumen incorregible de su carrera, habla de un hombre rudo, que cuando había duda, simplemente la masticaba y la escupía.
Por su parte, Butch Albarracin, dueño del Centro para la Cultura Popular, escuela de canto en Manila que impulsó las carreras de muchos cantantes famosos, habla de la explicación existencial. "La frase Lo hice a mi manera es tan arrogante... La letra evoca sentimientos de orgullo y arrogancia en el cantante, como si fuera alguien cuando en realidad no es nadie. Encubre sus fracasos. Por eso lleva a las peleas."
Pero los defensores de A mi manera dicen que la canción es víctima de su propia popularidad. "La filipina es una sociedad muy violenta, así que el karaoke sólo dispara lo que ya existe aquí cuando se rompen ciertas reglas sociales’’, explica Roland B. Tolentino, experto en cultura popular de la Universidad de Filipinas. Así, debido a que se cantaría más a menudo que la mayoría de las canciones, es más probable que la violencia en los karaokes surja cuando alguien la está cantando. Las verdaderas razones poco tendrían que ver con la canción y sí con las violaciones al protocolo del karaoke, como monopolizar el micrófono, reírse de alguien que está cantando o elegir una canción que ya se cantó.
Algunos amantes del karaoke no se arriesgan a cantarla, ni siquiera en reuniones familiares. En Manila, Alisa Gabby, de 33 años, y sus parientes se reúnen invariablemente ante el aparato de karaoke, pero prohibieron A mi manera después de que un tío, al escuchar a un amigo cantarla en un bar, se enojó por las risas de la mesa de al lado. El tío, un policía, sacó su revólver. Los clientes de la mesa siguiente pagaron discretamente la cuenta y se fueron.
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