
Moser le dispara a la TV
En "¡Pum!", un musical que estrena este viernes, el autor radiografía el mundo televisivo, que lo tiene relegado desde hace un año, y se toma revancha: hará "Matrimonios... y algo más" en España
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"Vamos al piso." Hugo Moser todavía no se acostumbra a que está en un teatro y que allí se dice escenario. El hombre sigue hablando en términos televisivos. Prácticamente los únicos que conoce en su larga vida dedicada a las cámaras. Ahora hace casi un año que no pisa un canal en calidad de autor y asegura que por ahora no va a atravesar ninguna de esas puertas. "Yo conozco gente que manda en un canal que dice que no soy confiable porque saben que si a mí me cortan algo, yo protesto", dice, en tono protestón, como corresponde.
Moser tiene los pies hinchados. Lleva días y noches enteras controlando, preparando y dándole las últimas puntadas a "¡Pum!", su nueva comedia musical que estrenará el viernes en el teatro Lola Membrives. Sobre un escenario y sin cámaras a la vista, para su disgusto. De todas maneras, acorde con su vocabulario de pantalla chica, de la escenografía cuelga un enorme cartel que reproduce los datos actualizados de rating de los cinco canales de aire.
Quizá sea su venganza. En todo caso, él no quiere adelantar mucho de la obra. Apenas dice que retratará el mundo del espectáculo. O el país, "que es un espectáculo". Que "hay un actor de telenovela -Osvaldo Laport- que quiere salir de la mediocridad en que está, pero que como todo argentino cree que está para más". Que hay una mujer -Norma Pons- "que es el poder mediático", una amante ocasional -Mimi Pons-, un productor -Norman Erlich- y un personaje -Ana María Cores- "que es una periodista de espectáculos". "Y no digo nada más", se corta en el medio de la frase.
Los puntos de la imaginación
Eso es precisamente lo que a él parece gustarle más: el nada más que deja lugar a la imaginación. Como los puntos suspensivos. "En "Matrimonios... y algo más", los puntos suspensivos eran lo que el público imaginaba. Pero ahora, la TV borró los puntos suspensivos y puso signos de admiración. Quienes tienen la bendición de tener un espacio en la TV no tienen ninguna responsabilidad, en un momento como éste, tan duro. Personas que siempre hacían programas divertidos y entretenidos, hoy se convirtieron en una cosa tremenda. Hoy tienen un nivel... No quiero dar ningún gremio, pero parecen portuarios. Es realmente ofensivo. Para poder hablar de su trabajo uno tiene que mirar, y la verdad es que últimamente la TV me hace sentir muy deprimido. Muy deprimido...Y lo dice alguien que fue transgresor. En su momento, "Matrimonios... y algo más" fue transgresor", se enoja Moser.
Es cierto. "Cuando "Matrimonios..." salió, Onganía estaba en el gobierno y el que manejaba los hilos de la censura era su cuñado. Y me acuerdo de que la revista Esquiú me dio como en la guerra y yo les devolví la Cruz de Plata que me habían dado por otro ciclo", recuerda.
En su larga carrera de éxitos, entonces, Moser fue transgresor. También fue prohibido en un canal estatal, recibió acusaciones de lo más diversas, y hasta se autoexilió dos veces, la primera en 1955 y la segunda en 1983. Pero volvió y siguió alimentando programas y obras exitosas. Al menos hasta el año último, cuando con "Los Pérez Conde", en Canal 9, ni siquiera alcanzó a tomarle el pulso a la pantalla: el ciclo se terminó antes del segundo mes. Eran los últimos tiempos de Alejandro Romay al frente de la emisora. Y según Moser, "uno de los últimos arranques de Alejandro".
"Puedo estar en desacuerdo con él. De hecho, mi última etapa con él fue un desastre. Hice un programa que tenía que ir a las 20 y él lo puso a las 19 porque no quería cambiar el horario del noticiero para que no compitiera con los otros noticieros que iban a las 19. Pero justo muere Lady Di, y a la semana la Madre Teresa. Claro, los noticieros levantaron. Y Alejandro tuvo un arranque, uno de los últimos arranques de Alejandro, y pasó mi programa a las 18. Así que yo decidí terminarlo. Igual, para mí fue clave la conducta de Alejandro con "El precio del poder". Cincuenta programas con problemas y jamás me dijo "Hugo, no me arruines la vida". Jamás. Es más, un día estábamos almorzando y lo llamó una importante figura del gobierno. El me pasó el teléfono y esta figura del gobierno me pidió que cambie algunas cosas del programa. "Ah, no -le dije yo-. Yo no cambio nada...". Y Alejandro me respetó. Se portó como un ángel".
-Con "La familia Falcón", en los sesenta, también tuvo problemas...
-No, en ese momento no. Después... Es que el atorrante de (Emilio) Gibaja y la banda de la Coordinadora salieron a decir que "La familia Falcón" fue precursora de los Falcon verdes. Diez años antes... ¿Un visionario era yo?
-¿Hoy volvería a hacer un ciclo así, mezclando cosas de la realidad?
-Es que hoy hay menos espacios para expresarse. En la medida en que haya monopolios, va a haber menos medios de expresión. En este momento, en la TV, los que pueden decir algo, los que mantenemos el derecho a ser nosotros y los que hacemos el programa sin que nadie se interponga, tenemos cerrada la puerta. En los canales saben que si a mí me cortan algo yo protesto. En cambio, con esos equipos de seis personas que escriben ahora y que son anónimos, saben que si alguno molesta hay cinco más. Entonces, ¿para qué llamar a un loco si adentro de la TV no interesa lo que se hace?
-¿Y le gustaría volver a ocupar un cargo directivo en la TV?
-Ni loco. Eso sí que hoy no lo haría porque hoy no sabe quién es el patrón. Y no se puede ser gerente de un canal si no se sabe quién es el patrón. Un día suena el teléfono y te dicen que habla Jota P y te ordena que tal cosa no puede seguir. ¿Qué haces? Es imposible trabajar con un cargo ejecutivo en un medio en que no se sabe quién manda. En realidad, se sabe, indirectamente. Pero el que manda no lo dice, ni pone la cara.
La TV del mal genio
Hugo Moser tiene fama de ser un señor con muy mal genio. Aunque ahí, en una de las salitas del teatro y con las alpargatas que le alivian el dolor de pies, parece calmo. "Yo tengo una paz que raya en el caradurismo", dice de sí mismo. Y parece que no miente. Al menos mientras habla de la obra de teatro. Cuando vuelve sobre la televisión, aquello del mal genio se traduce por lo menos en enojo.
"En "Matrimonios..." nunca trabajé con cómicos. Trabajé con actores. Porque a los actores uno los puede dominar. Los actores son tipos con los que uno puede hablar y uno sabe que va a cumplir con lo que uno le dice. Los cómicos, improvisados... -porque cómicos eran Olmedo, Marrone...- hoy se ponen una peluca y ya piensan que son actores. Y encima se la ponen mal porque ya no les importa nada. No les importa el idioma, el lenguaje, la estética, la grosería. Se ha perdido la responsabilidad frente a la sociedad. Yo fui transgresor, pero respetaba a la sociedad. Malo o bueno, yo no sacrifico el texto. Yo quiero que me lo digan. No quiero que un cómico diga una grosería. Todos saben que yo no dejo agregar nada..."
-¿De ahí su fama de difícil?
-No. Se trata de respeto. El actor no busca cámara para hacer el chiste. El cómico, en cambio, se las ingenia para aparecer en cámara. Eso hace que la TV hoy no cumpla ningún papel educativo. Se puede, pero quién se arriesga. Hoy cada vez hay menos publicidad. Y yo entiendo a las agencias porque, por qué va a arriesgar un tipo en un programa que se levanta en diez días. Qué expectativas tienen los canales que levantan los programas a los dos meses, cuando se sabe que nunca menos de tres meses para saber cómo puede andar un programa.
-¿Qué piensa de esa impaciencia?
-Eso pasa por la conducción. Si uno tiene un producto en el que cree y el resultado inmediato no es el que esperaba, hay que apostar a hacerle los cambios necesarios, no a levantarlo. Lo que pasa es que es muy difícil hablar y que te escuchen, porque existe esa cosa en la que los argentinos nos destacamos mucho: la soberbia. ¿Si estoy en un cargo por qué voy a consultar a otro? -¿Fue el hecho de no estar en TV lo que lo decidió a escribir una comedia musical?
-No, en absoluto. Yo me iba a ir a España y los Spadone, con quienes me une un afecto muy grande desde que hicimos una revista en Mar del Plata, con Susana Giménez, me dijeron que haga algo. Y primero esperé porque me operaron de peritonitis, y después me pusieron tres by pass, así que recién ahora pude escribir y hacer la obra. Esto no es Broadway, no es "El fantasma de la Opera" ni "La Bella y la Bestia". Es algo argentino con cuadros musicales. Ahora viene Disney a hacer "La Bella y la Bestia" y es bárbaro. Si la hacen igual que allá, es maravillosa. Pero en general, lo que ocurre acá, es que adaptan a lo argentino: una obra de dos horas cuarenta, la reducen a una hora veinte para que haga dos funciones los sábados; en vez de 35 bailarines ponen 8, y la orquesta es apenas un señor con sintentizador...
-En los sesenta usted hacía programas de media hora ¿qué piensa de las nuevas comedias que se van a hacer en la TV?
-Hacen programas de media hora porque funciona en los Estados Unidos. Pero acá la hacen todos los días de la semana, mientras que allá hacen un capítulo por semana y sólo 29 por año. Nosotros hacíamos un capítulo por semana. Nosotros lo elaborábamos. Ahora lo hacen todos los días y con un sólo decorado. Para ahorrar plata. Empezamos mal: es para ahorrar plata. No se puede correr una carrera de turismo carretera con una Siambreta.





