
Motocross, vértigo y pasión
A escasa distancia de Buenos Aires existen circuitos de entrenamiento para practicar el motocross, un deporte que fascina a los más intrépidos y propone un show de alto riesgo para los espectadores. Via Libre ofrece una guía completa con las escuelas de manejo, los circuitos, los precios y las fechas de los próximos campeonatos de la especialidad
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Ser fierrero es un sentimiento. No serlo, también. Quien lo es, difícil deje de serlo. Quien no gusta de los fierros, cuidado. Sin esperarlo, la velocidad y el vértigo sentidos en el cuerpo tienen la virtud de borrar cualquier antipatía previa hacia los dos ruedas. En ninguna otra actividad uno es capaz de derribar escrúpulos como en el motocross, práctica que a corta distancia de Buenos Aires dispone de varios circuitos de entrenamiento.
Otamendi, Merlo, Burzaco y Pontevedra son las opciones más cercanas a la metrópolis para entrar con un "pura sangre". San Nicolás, Baradero, Chascomús, Navarro, Lobos, Dolores, Arrecifes y lugares de la costa atlántica son, entre otras, las alternativas a media distancia para desplegar destrezas sobre una moto y una buena excusa para que los que huyen de los fierros justifiquen la razón por la que súbitamente se acercan a ellos.
Una pista de motocross es un sitio con una traza prefabricada de unos cuatro a cinco metros de ancho, de tierra, donde los aficionados despliegan con libertad y seguridad toda su astucia al volante. Utilizando la topografía natural del terreno, como en el caso del circuito de Otamendi, o bien rellenando con tosca para crear saltos de distinta dificultad y atracción sobre el terreno llano (lo que se denomina circuito artificial), estos parajes se transforman, durante los fines de semana, en la mayor concentración de rugidos de Buenos Aires. "Demonio" Villar, "Top Show" Sánchez, Luis "Sand Blaster" Piguetti. Así se apodan grandes del motociclismo argentino. "Dar batalla." "Entrenar duro." "No hay nada que lo detenga." "Su fuerte es la montaña." "Es una aplanadora." Frases frecuentes con las que dialogan los simpatizantes del motocross porque los términos delicados son desdeñados en el ambiente. Y las actitudes de ese estilo, aún más. "El motocross es duro de soportar", comenta Guillermo Dagostino, de la Federación Argentina de Motocross (FAM). "Es un deporte de contacto, te codeás con el otro, de vez en cuando te ligás una patada y te la tenés que bancar." Además, "estás permanentemente en cuclillas, hacés fuerza. La capacidad física es muy importante", agrega Alejandro Fedorovsky, con 18 años de motocross.
Saltos. Piruetas. Habilidad. Destreza y rudeza. Exhibición. Sitios para mirar y ser mirados. Para sortear obstáculos o copiar saltos, los novatos. Para descargar tensiones, según coinciden varios. También, para pasar el día o hacerse un delicioso asado como es posible en una de las parrillas del pintoresco circuito de Baradero. Y siempre para comentar, a la vuelta o durante los descansos, las maniobras destacadas de la jornada, las caídas y los bloopers del día.
Circuitos para intrépidos
A la mañana concurre menos gente a los circuitos de entrenamiento, ocasión ideal para los que comienzan porque la explanada se encuentra bastante despejada. Luego del mediodía aterrizan los campeones y los intrépidos, exhibicionistas de ardides y vuelos apasionantes. Es el momento de los Demonios, los Top Shows y las restantes fieras del motociclismo. A medida que pasan las horas los principiantes procuran el costado de la pista para facilitar el tránsito. Los pilotos avezados acechan con sus fierros, como queriendo comerse todo lo que tocan a su paso.
Los circuitos de motocross, además de ser sitios de práctica, resulta un espectáculo visual único para acompañantes y transeúntes. Los saltos dobles, los whoops o serruchos y los saltos meseta son los responsables de que los motociclistas vuelen varios metros despegados del piso, de que coloquen la moto "acostada" -horizontal al suelo-, o de que, al elevarse por el aire, suelten el manubrio y sostengan la máquina con la fuerza de las piernas.
Imperdible es también todo el folklore del motocross. Trajes multicolor, que hacen irreconocible a cualquier pariente que se meta dentro. Motociclistas que descienden de sus "pura sangre" embarrados hasta la médula y que caminan al estilo Far West. Fuera de pista, bellas sonrisas, peinados lacios -oscuros o blondos, pero largos-, delicadas formas que conversan entre sí o toman sol recostadas en una reposera.
Para iniciarse en el motocross, la motocicleta podría ser de cuatro tiempos con motor de 250 cm3, dicen los que saben, modelo versátil, con posibilidad de ser usado en la vía pública. O quizá la opción sea una de dos tiempos, de 125 u 80 cm3, según el cuerpo y edad del piloto, modelo más liviano y ligero que una de cuatro tiempos. Luego, el equipo de seguridad, casco, rodilleras, botas y demás. Para andar dentro de los circuitos no se necesita ningún tipo de licencia de conducir ni habilitación, a menos que se desee competir, entonces el permiso que otorga la FAM cuesta 50 pesos por año (con examen psicofísico incluido). El ingreso en los circuitos está arancelado y, por lo general, se paga entre 5 y 10 pesos por motociclista, por día de uso de la pista. A los gastos de equipo y de la moto que, nueva, no baja de los 7000 pesos se suman otros. Es común que los pilotos lleven sus máquinas en un tráiler. "Por lo general, no podés venir andando porque si la moto se te rompe en los saltos, ¿cómo volvés andando? Necesitás, sí o sí, un carrito para trasladar tu fierro", señala Sergio "Checho" Restaino, un asiduo concurrente de Otamendi.
Las escuelas de manejo de motocross son el camino más apropiado para aprender los secretos de conducción, la ubicación del cuerpo en la moto, las maniobras técnicas y cuestiones como la preparación física y la alimentación. "Yo busco que el pibe tenga la posición ideal arriba de la moto. Le enseño a doblar bien -una de las claves del motocross-. Por ahí estamos cuatro horas doblando hasta que la moto encare la curva como si estuviera en una pista de Scalectric", afirma Fabrizio Sciancaglini, un reconocido instructor que compitió en Italia y los Estados Unidos. Para el doce veces campeón argentino de motocross, Claudio "Pampero" Pesce, "la posición del cuerpo es lo fundamental antes de entrar en un circuito de motocross. Se puede andar muy rápido, pero hay que aprender a morder bien las curvas para ser un buen piloto".
Justamente, la personalidad indiscutida del mundo del motocross es Pesce, que comenzó en la actividad con apenas 13 años, a fines de los años 60, poco después de que el belga Jean Pierre Raemdonck se radicara hacia 1967 en Villa La Angostura y comenzara a realizar piruetas encima de su motocicleta, constituyéndose en uno de los pioneros de la actividad en la Argentina. Otro tanto aportaba, desde Bariloche, el también europeo Nello Garagnani. Así fue que en esas dos poblaciones patagónicas, junto a Concordia, Córdoba y Tucumán, se desarrollaron las principales sedes del motocross hasta que compartieron la potestad con Buenos Aires cuando se inauguraba, en 1973, el circuito de Benavídez.
Hoy, la costa atlántica, los circuitos del Gran Buenos Aires y alrededores, y diferentes paisajes serranos y de montaña de la Argentina reúnen a los adeptos del motocross y sus variantes. Deporte o pasatiempo que, aunque requiera de una gran dosis de coraje y tenga que gustar de alma, apuesta a que los menos fierreros se den una vuelta por cualquiera de las pistas habilitadas para el salto.
La Federación Argentina de Motociclismo ofrece información general sobre el deporte y los acontecimientos que organiza, como también detalles acerca de cursos. La sede se halla en la calle Campana 5661 (CP 1419), Capital Federal y el teléfono es el 574-5921. Atiende en el horario de 14.30 a 18.30. Asimismo, se puede consultar directamente con los pilotos que se dedican a la didáctica del motocross.
Fabrizio Sciancaglini. Tel. 658-5986. Iniciación en el nivel conductivo. Posición de manejo, ubicación del cuerpo. Técnicas de frenaje, saltos, largadas, peraltes, canaletas. Trabajo físico, nutrición. Para pilotos pro, junior y principiantes. Maniobras para conducción en el barro y en la arena. Saltos de supercross (aplicación del freno en el aire) y enduro. En principio, se prevé un día de curso intensivo a un costo de 50 pesos las seis horas de clases, a lo que hay que sumarle gastos de viáticos. Para los principiantes que no tengan moto, se puede combinar con Sciancaglini la posibilidad de alquilarla, lo que sube el costo del curso a unos 250 a 300 pesos. Tiene, además, un taller de suspensiones, una parte fundamental para el deporte, ya que deben absorber todas las irregularidades del terreno.
Claudio Pesce. Tel. (15) 407-6796 o 742-8729. Se aplica el sistema de enseñanza de los Estados Unidos. La modalidad del curso implementada por el múltiple campeón argentino y sudamericano de motocross y enduro prevé dos días intensivos. Antes de iniciar las clases, se ponen a punto las suspensiones de acuerdo con la necesidad de cada piloto. Se establece una rutina de gimnasio.
Las prácticas comienzan fuera del circuito y luego se aplican las técnicas de manejo dentro de la pista de Otamendi. Principiantes y profesionales. Motocross, supercross y enduro. Grupos reducidos a un costo de $ 200 por alumno. "La carrera se gana en una curva", dice Pesce. Por eso, hace mucho hincapié en la posición del cuerpo. Si no se dispone de moto se puede consultar. También, se dan clases individuales a convenir.
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