Murió Daniel Rabinovich, integrante del grupo Les Luthiers

Murió Daniel Rabinovich
Murió Daniel Rabinovich Fuente: Archivo
Falleció a los 71 años, a raíz de problemas cardíacos
Antonela Minniti
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21 de agosto de 2015  • 12:39

"Nos sentamos a hacer un espectáculo y tratamos de que nos salga lo más lindo posible. Convengamos que no es un humor trillado, es un humor inteligente, por decirlo de alguna manera. Lo que nos interesa es que la gente se muera de risa y sonrisa", decía Daniel Rabinovich describiendo lo que hizo durante más de 40 años de carrera. Actor, músico, notario y escritor, fue uno de los integrantes de Les Luthiers, el grupo que supo hacer reír a miles de personas tanto en la Argentina como en el extranjero con su particular humor.

LA NACION pudo confirmar la muerte del artista, quien estuvo los últimos años luchando por mejorar su salud. En el 2012, había sufrido un preinfarto durante una gira por Uruguay, razón que lo llevó a alejarse un tiempo de los escenarios. En marzo de 2015, su salud volvió a desmejorar, impidiéndole seguir formando parte de los shows programados de Les Luthiers. Hoy lo velarán en la Casa O'Higgins, en Belgrano.

Daniel Abraham Rabinovich Aratuz, alias Neneco, había nacido en Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1943. "De chico, me crié en el Palacio de los Patos, un complejo de viviendas ubicado en Ugarteche y Las Heras, en Buenos Aires, donde viví hasta los 18 años", recordaba Rabinovich en su biografía oficial publicada en la web de Les Luthiers. "Allí había varios folkloristas, que me dejaban asistir a sus reuniones. Fue donde por primera vez escuché cantar a voces y tocar la guitarra". Su madre había estudiado piano, su padre -un abogado penalista- también tenía la costumbre de cantar y silbar tangos, y él comenzó a temprana edad a conocer el arte de la música. Desde los 7 a los 13 años estudió violín, instrumento que cambió a los 14 por la guitarra, soñando convertirse en un gran folklorista, una meta que intentó alcanzar al formar el grupo Los Amanecidos durante su adolescencia.

A los 18, ingresó a la Universidad de Buenos Aires, en donde estudió derecho primero y luego se recibió de escribano público. Durante esta etapa se unió al coro de la facultad de Ingeniería, en donde conoció a los futuros integrantes de Les Luthiers, grupo que nació en 1967. Rabinovich no tenía un solo traje cuando empezó con el grupo, pero al año de haber comenzado ya había logrado comprarse su primer departamento sobre Avenida del Libertador. Durante los primeros años cantaba y tocaba la guitarra y un instrumento llamado "latín", que era una parodia del violín. Con el correr del tiempo fue ganando protagonismo actoral hasta convertirse en uno de los integrantes más destacado del grupo. "Con los chicos ya somos como un monumento. Somos débiles, inseguros, pero somos un gol de media cancha como grupo humorístico y como espectáculo. Es un envase brutal para estar adentro. Es un muy buen matrimonio de cinco señores que en vez de parir chicos paren espectáculos".

Fuente: EFE

Daniel se casó con Susana con quien tuvo dos hijos, Inés y Fernando. Vivía en Vicente Lopez, en una casa que cada tanto le gustaba redecorar y en donde disfrutaba de construir nuevos espacios, como la bodega que hizo con sus propias manos en el garage o el altillo que convirtió en su espacio personal. Le gustaba pasar el tiempo en el club jugando al billar de tres bandas o en la computadora al bridge, pero uno de sus placeres favoritos era jugar con sus nietas.

Además de Les Luthiers, probó suerte en la televisión y en el cine formando parte de, por ejemplo, la película Espérame mucho (1983) y las miniseries Los gringos (1984) y La memoria (1985).

Durante los últimos años se lo pudo ver en la serie Tiempo Final (2002), La familia potente (2003) y La Dueña (2012), aunque su última pasión fue la escritura. "En Les Luthiers soy cantante, payaso, actor, pero no escribo. Las ideas son de los demás. Un día me puse a escribir una idea, de un divorcio de una pareja y me gustó mucho ese poder de hacerles hacer a los personajes lo que yo quería. Yo no creo en Dios, pero era un poco como ser Dios. Me empezaron a llegar ideas y empecé a escribirlas, y a sentir el poder que yo veía en mis compañeros. Pero no me siento escritor. Me siento actor, payaso, músico a veces, pero escritor todavía no", decía el autor de los libros Cuentos en serio (2003) y El silencio del final, nuevos cuentos en serio (2004) en una entrevista con LA NACION poco antes de publicar su primera obra.

"La críticas no me pesan, la vida me pasa por otras partes. Por actuar bien, por estar con mis hijos, mis nietas, mi mujer", decía un hombre que sin lugar a dudas supo disfrutar de la vida acompañado siempre del mejor de los humores.

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