Murió John Gielgud
Con 96 años, siguió en la escena hasta hace un mes.
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LONDRES, 22 (DPA).- Sir John Gielgud, uno de los mejores actores británicos de su época, falleció a los 96 años en su residencia cercana a Aylesbury, Buckinghamshire, "víctima de su avanzada edad", según informaron sus familiares. Gielgud fue considerado uno de los mejores intérpretes de Shakespeare de su generación, y el público internacional lo conocía por su importante variedad de personajes cinematográficos.
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Pocos actores en el nivel mundial se entregaron al teatro y al cine con una devoción tan sincera como la de John Gielgud. Pocos, también, tenían esa misma calidad de humildad. Es que Gielgud, uno de los más grandes actores del teatro shakespeariano, nunca hizo nada para conquistar la gloria personal. Vivió con obsesión por el escenario y se lo conocía como "el actor de actores", cuyas técnicas guiaron a otros profesionales de las tablas.
Su magnífica voz, su precisión técnica y su perfecta comprensión de los personajes que representó le han valido no sólo el reconocimiento del público y de la crítica, sino las alabanzas de nombres tan prestigiosos como los de Laurence Olivier, Richard Burton y Marlon Brando.
Gielgud había nacido el 14 de abril de 1904 en Londres. Proveniente de una familia de enorme cultura, fue educado en la Westminster School y la Royal Academy of Dramatic Art. Fascinado por el teatro y apasionado lector de autores clásicos y modernos, dejó de lado su carrera de arquitecto y debutó teatralmente en 1921 en el Old Vic Theatre. Un año después logró su primer contrato profesional al acompañar en una gira a una prima, y en esos personajes sólo recitaba unas pocas líneas.
En 1924, el actor ya estaba interpretando a Romeo, y su actuación fue tan bien recibida que a ella le siguieron papeles en obras de Anton Chejov y Henrik Ibsen para, inmediatamente, acercarse a Noel Coward en la pieza "La ninfa costante".
Gielgud viajó por primera vez a los Estados Unidos en 1928 para interpretar al gran duque Alejandro en "El patriota", a la que siguió una memorable encarnación que hizo de Hamlet en la pieza de Shakespeare, que rompió récords de taquilla en todo el país. De vuelta a su terruño londinense, Gielgud representó, de 1929 hasta 1931, con el elenco del Old Vic de Londres, obras tan enjundiosas como "Romeo y Julieta", "Ricardo III", "Macbeth", "Rey Lear" y muchas otras pertenecientes a la genial pluma del Cisne de Avon. Durante la Segunda Guerra Mundial puso en escena la obra "Love for Love", de Congreve, con la que divirtió a las tropas aliadas en su país y en el extranjero. En los primeros años de la posguerra se anotó un triunfo como actor y director con el drama en verso "The Lady´ not for Burning", de Christopher Fry.
Al contrario de Laurence Olivier, que más adelante marcó un paso triunfal en Hollywood, John Gielgud no era un hombre buen mozo. Además de tener una nariz prominente, debió vencer en sus primeros tiempos una manera torpe de caminar. Pero, en compensación, tuvo un porte patricio, distinción, elegancia y un perfecto sentido del estilo. Con estos elementos, sumados a un talento cada vez más perfeccionado, el actor reiteró excepcionales composiciones para el teatro, a las que se añadieron varios personajes con los que brindó al cine su indiscutida prestancia.
Con amor, sin descanso
Ya a esta altura de su carrera, su reputación de artista integral no se discutía, ya que él jamás se comprometía a hacer algo sin tener auténtica fe en lo que hacía. En su autobiografía, titulada "Primeros pasos", dijo de sí mismo que sus tres mejores fallas eran la impetuosidad, la teatralidad y una falta de interés en todo lo que no estuviese íntimamente relacionado con el teatro.
Su nombre ya había trascendido los públicos tanto de Gran Bretaña como de los Estados Unidos, donde comenzó su trayectoria cinematográfica, para ser conocido y admirado en otras ciudades europeas y de América latina. Buenos Aires supo en 1966 de su señorío cuando se presentó aquí con su compañía teatral.
Atrapado por la pantalla grande Gielgud, que en 1953 fue ungido Caballero por la Reina Isabel y en 1958 Francia lo condecoró con la Orden de Caballero de la Legión de Honor, estuvo ausente 10 años de los escenarios, a los que regresó en 1988 con "The Best of Friends", obra basada en las cartas de George Bernard Shaw. Su vuelta fue otro de sus sucesos de público y de crítica.
Su labor en la pantalla grande fue reconocida en 1981 con un Oscar por su papel de mayordomo en "Arthur", y en 1996 apareció en "Hamlet", de Kenneth Branagh, y "En busca de Ricardo III", de Al Pacino. Otra vez Shakespeare lo devolvió al cine en "La tempestad", dirigida por Peter Greenaway. Aunque continuó actuando durante estos últimos años, su estado de salud lo obligó el mes último a tomarse una pausa. Sus últimos veinticinco años los compartió con su compañero sentimental, el austríaco Martin Hensler, pero siempre se abstuvo de hablar acerca de temas homosexuales, tal como le pedían grupos gay.
En su noventa aniversario, el teatro West Ends Globe cambió de nombre en su honor, en tanto los espectadores hoy, ya desaparecido el notable actor, lo recordarán como un intérprete de enorme inteligencia que jamás hizo concesiones ni se desvió de su camino de perfección y de permanente búsqueda de lo más recóndito de sus personajes.




