A los 54 años murió el cantautor Gabo Ferro, un artista que puso en riesgo el canon de belleza

Gabo Ferro 2017
Gabo Ferro 2017 Fuente: Archivo - Crédito: Patricio Pidal/AFV
Mauro Apicella
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9 de octubre de 2020  • 07:59

En la tarde de ayer, a los 54 años murió el cantautor Gabo Ferro. La causa del deceso aun no fue informada. "En este triste día, despedimos al adorado artista Gabo Ferro. Nos abrazarán siempre sus canciones, su poesía y su generosa sonrisa. Sabemos que es una persona y artista muy querido. Agradecemos el respeto en este momento para con sus familiares y amigxs. "Estuve, estoy, estamos, estarás", con este mensaje su manager comunicó la triste noticia.

Ayer la muerte se llevó a un artista, porque Gabo, en sus muy variados roles (historiador, cantante, autor, compositor, poeta y performer) podía ser definido simplemente como un artista que siempre, con cada obra, tuvo una mirada profunda y afilada de la sociedad.

Gabo Ferro | Soy todo lo que recuerdo

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Gabriel Fernando "Gabo" Ferro había nacido en Buenos Aires, el 6 de noviembre de 1965. A pesar de que sus primeros pasos en el arte fueron con la poesía, mientras estudiaba psicología y actuación, comenzó a hacerse conocido desde el mundo de la música, con el grupo Porco, a principios de la década del noventa. Con esta banda de perfil hardcore publicó dos discos (Porco y Naturaleza muerta). En medio del clima finisecular decidió hacer una pausa que duró siete años. No fue para dedicarlo al ocio sino a estudiar historia. Y reapareció en 2005, en plan solista, con el álbum Canciones que un hombre no debería cantar, que fue el puntapié de una carrera en la que sorprendió a su público con cada nuevo estreno. Desde entonces, diversificó su labor. En el último tiempo, y luego de trece discos editados (como solista o en sociedad con otros colegas), seis libros publicados y varias piezas escénicas estrenadas que lo tuvieron sobre las tablas, solo cabía para el la definición de artista.

Gabo Ferro un voz indomable que se expresó a través de la música, la actuación y el ensayo académico
Gabo Ferro un voz indomable que se expresó a través de la música, la actuación y el ensayo académico Fuente: Archivo - Crédito: Soledad Aznarez

Quién hubiera dicho que la voz de Porco de los noventa podría transformarse en el recopilador de viejos tangos que fueron éxito en las décadas del veinte y del treinta en las voces de famosas cancionistas. Nadie hubiera imaginado en ese tiempo que Gabo terminaría siendo ese artista multifacético y de mirada aguda, capaz de sumergirse apasionadamente en los más variados proyectos: las canciones de autor (sus canciones de autor), los tangos desde la perspectiva de género o la ópera de cámara. Inclasificable y, al mismo tiempo, sencillamente artista.

"Mi centro también fue la periferia. Nací en Mataderos, un barrio que es frontera, no límite. Porque es la Capital, pero tiene cosas del conurbano y un color propio -decía para autodefinirse, en una de sus charlas con LA NACION-. Mi pretensión o mis herramientas no son solo del rock ni de la canción de autor, sino de la historiografía misma o de la música contemporánea. Cage, Berio, Stravinsky, operas que estuve haciendo en estos años. Ahora la pretensión es ponerme por delante de la guitarra y poner la voz como el síntoma de un cuerpo. Que lo natural empuje a lo cultural".

Lo que a mí me gusta y lo que hago es poner en riesgo el canon clásico de belleza
Gabo Ferro

Su voz también lo definió. Siempre defendió su rebeldía frente a los buenos usos de la garganta -esos que son instalados por las escuelas de canto- y se manifestó como él mismo lo había descripto, en ese gesto que -pocas veces- "lo natural" se impone a "lo cultural". Fue un cantante políticamente incorrecto pero artísticamente efectivo, que supo llegar con su voz adonde quiso llegar, sin formalidades.

Gabo Ferro: "A mi me gusta ser una síntesis"
Gabo Ferro: "A mi me gusta ser una síntesis" Fuente: Archivo - Crédito: Patricio Pidal/AFV

"Creo que la síntesis de la historia de uno es inevitable. Después está en uno dejar que eso hable más o hable menos. A mí me gusta ser una síntesis. Una vez, una figura de la música popular argentina me dijo: "Gabito, si podés cantar tan bien, ¿por qué cantás así?". Y esa crítica de buena intención se refería a por qué rompía la voz si cuando cantaba bajito y afinado podría llegar a ser lo que era él. Lo que yo pensé es que para eso ya estaba él. Lo que a mí me gusta y lo que hago es poner en riesgo el canon clásico de belleza. Creo que a muchas de las cosas de la canción todavía no les ha llegado ni el siglo XX. Están todavía con rudimentos decimonónicos para entender la belleza. Les falta Oriente. Romper el ritmo, la melodía, dejar silencios que no estén agarrados a un metrónomo. En general, cuando uno lo hace, eso es entendido como error. No piensan que querés hacerlo, piensan que te equivocaste".

Componía canciones (o las versionaba) y escribía libros. Mientras tanto, ponía un pie en las artes escénicas. Pavura es un relato coreográfico a partir de uno de sus cuentos. Four Walls (cuento coreográfico), Ese grito es todavía un grito de amor (ópera de Roland Barthes), El astrólogo (ópera con libreto y música de Abel Gilbert) y Derivas de La Tempestad (conferencia poético performática) fueron obras que lo tuvieron sobre los escenarios. Solía decir, cuando era convocado para obras contemporáneas de música escénica, que como no sabían de qué manera definirlo lo denominaban, simplemente, "performer". Seguramente lo correcto hubiera sido: artista. Porque así Gabo Ferro será recordado.

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