
Air vino, vio y venció
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El dúo francés que integran Nicolás Godin y Jean-Benoit Dunckel (aquí se presentó con un baterista como tercer integrante) al fin debutó en Buenos Aires. No disparó mensajes en la línea del festival, como tampoco lo hizo la mayoría de los músicos, quizás entendiendo que ya lo habían hecho con el aporte de su nombre a la grilla, pero, sí, dejó conformes a todos con un set de 90 minutos que paseó por algunas pistas de su reciente Love 2 y por los clásicos de su discografía.
Provistos de teclados, programaciones y una viola eléctrica que rockeó en varios pasajes del set, los franceses desplegaron sus sugerencias electrónicas por el predio de la Costanera Sur. Con un telón de fondo para proyectar imágenes como único aliado no musical, Air se concentró en sus paisajes sonoros, en una propuesta sólida que siempre necesita del público para completarse. Los pasajes vocales son escasos, pero los climas propuestos intensos. Los sueños que proyectan el moog y los sintetizadores tienen colores psicodélicos, huelen a hierba y hasta pueden favorecer la levitación. Air vino, vio y venció, y saldó una de las deudas que aún tenía Buenos Aires con la electrónica francesa.


