
Al maestro con cariño
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Presentación de 5 , con Tomás Gubitsch en guitarras, Juanjo Mosalini en bandoneón, Jacob Maciuka en violín, Gerardo Jerez Le Camp en piano y Eric Chalan en contrabajo. En La Trastienda. Próximo show: el sábado, a las 21.30, en el Jazz Voyeur, Posadas 1557.
Nuestra opinión: bueno
Hay grupos que encuentran en el ensamble el núcleo de su propuesta; otros reservan en su originalidad el centro de su proyecto, aunque por momentos las interpretaciones limiten esa creatividad. En el caso del quinteto del guitarrista Tomás Gubitsch, radicado desde fines de la década del 70 en París, su música se acerca más a la primera de las proposiciones.
En efecto, en la presentación de su último disco, 5, mostró ser un eximio intérprete acompañado por un grupo sólido, con el que logró expresar ese mundo piazzolliano, de tanta intensidad y que, sin duda, caló hondamente en su faceta compositiva.
Gubitsch formó parte de los grupos eléctricos de Piazzolla durante una de sus giras por Europa: eran tiempos del jazz fusión, y el guitarrista, que provenía del mundo del rock, recibió en directo la influencia de aquel maestro gigante.
La vida, a veces, nos ubica frente a maestros cuya huella se vuelve indeleble en nuestras emociones y en la forma de apreciar la realidad.
La música de Gubitsch tiene tantos datos de la obra piazolliana que termina por sumergirse en una especie de dossier de impecable nivel, pero excesivamente familiar.
Los arrastres volcados a través de tremendos glissandi y esa arquetípica forma rítmica apenas dejaron espacio para el verdadero mensaje de Gubitsch, que elude volverse un Icaro y acercarse al punto de perderse en el calor de la obra de Piazzolla.
Un músico que mostró, en el escenario de La Trastienda, que tiene un mensaje fuerte, conciso y de una depurada técnica que le permitió amalgamar la fuerza del rock con las sutilezas de su trabajo como compositor.
Del grupo sobresalió el violinista rumano Jacob Maciuka, un artista que puede volverse pirotécnico en sus solos, como también lograr un canto de tono más emocional.
En verdad, la música expuesta por el guitarrista refleja un mood colectivo, en el cual el lucimiento se logró en el ensamble y en los espacios dedicados a los solistas, acotados por una escritura cargada de arreglos y changes de diferentes colores.
Por ejemplo, "¿Te acordás de mí?" tiene una introducción que fusiona diferentes mundos, el del rock con el del tango y un persistente rumor gitano que deviene en una construcción rítmica que se levantó como una pared, sólido, sin fisuras, pero también muy piazzolliano. La apertura está cosida a "Contra vientos y mareas", una composición que mantuvo ese llamativo espíritu del gran bandoneonista.
En "Tango para Mister Spok", Gubitsch toma una Gibson Les Paul. Es paradójico, pues mientras en la guitarra española aflora una fuerza rítmica con la que reúne al grupo tras de sí, con la eléctrica se vuelve parte del ensamble, delicado, juicioso y hasta sutil: Gubitsch en este tema fue una suerte de espectador de los mundos que desarrollaron tanto el pianista Gerardo Jerez Le Camp como el siempre ubicuo Juanjo Mosalini, en el bandoneón.
Hubo dúos, entre el violinista y el pianista, y entre el guitarrista y el contrabajista, respectivamente, que redujeron ese primer plano rítmico tan conocido. En estas propuestas, en especial en "Travesuras", la música tomó un camino diferente, casi a modo de saludable recreo.
En otros temas, como en "A partir de ti", antes de tocarlo Gubitsch dijo como subtítulo de la composición: "Es increíble cómo me parezco a mí", y este cronista creyó escuchar: "Es increíble como se parece a la música de Piazzolla".
Un quinteto de ensamble eficiente y ágil, con momentos brillantes en la interpretación, pero que no ha podido superar la influencia que como un gran paraguas extendió Piazzolla sobre la música ciudadana, es decir, sobre Buenos Aires.




