
Alberto Favero: el último dandy porteño
El pianista se desdobla para compartir dos espectáculos: con Nacha Guevara en el SHA e interpretando West Side Story, en Clásica y Moderna
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No sé si es Baires o Nueva York. En un bar frente al parque Centenario, Alberto Favero compara esta porción de la geografía porteña con el Upper East Side de Manhattan. Dice que ambas son zonas de artistas, con cierta magia y con la naturaleza a mano. Aquí es el Centenario; allá es el Central Park. Sin embargo, su experiencia de newyorker no está entre las más dulces que puede atesorar este artista platense que tiene 67 años de vida y apenas unos menos de músico. "No volvería a repetir la experiencia de vivir en Nueva York. Sí me gusta ir, trabajar y volver, pero yo soy bien de acá", cuenta Favero, un hombre tan acostumbrado a estar lejos de casa que hoy valora más que nunca estar en suelo porteño.
Precisamente en esta ciudad que no lo vio nacer, pero sí brillar, Alberto Favero protagoniza al mismo tiempo dos espectáculos bien distintos: Mucho más que dos, con Nacha Guevara, su ex pareja y eterna compañera en escena, y West Side Story, la música compuesta por Leonard Bernstein para el musical que inmortalizó el cine y que aquí conocimos como Amor sin barreras.
– Mucho más que dos es la nueva excusa que encontraron Nacha y vos para volver a coincidir en escena. ¿Cierto?
–El formato es el mismo de Nacha de noche, el de la cantante con el pianista, pero va variando el material porque tenemos un repertorio de casi 90 canciones para elegir. Acá hay bastante (Mario) Benedetti, el de las Canciones de amor y desamor, no el de las Letras de emergencia.
–¿Y Boris Vian no?
–Acá no tenemos nada de él, pero nosotros lo hicimos conocer en Argentina en el 69. Fue en el Di Tella, cuando con Nacha hicimos Anastasia querida, un espectáculo en contra de la censura, en la época de Onganía. Vian era un tipo brillante, un atorrante patafísico que sabía mucho de jazz y hasta tocaba la corneta. Sus canciones son extraordinarias y también sus novelas.
–¿Te considerás un músico de jazz?
–Me considero músico. Toco jazz desde los 12 años y considero que todos los músicos tienen que tocar jazz por la improvisación. Un músico, como un actor, debe saber improvisar. El jazz es el lenguaje que el siglo XX ha dejado como universal y que tiene en sí mismo esta expresión de libertad que es la improvisación. Pero esto ya lo hacían antes los músicos europeos. Beethoven improvisaba las cadencias de sus conciertos de piano, que los estrenó todos, y cada vez que hacía la cadencia del primer movimiento hacía una cosa diferente, porque ese es el momento de expansión del pianista.
–¿Te acordás de tu primer contacto con West Side Story ?
–Me acuerdo que fui a ver la película con Pocho Lapouble, en La Plata, en el 61 (en la Argentina se estrenó como Amor sin barreras) y nos quedamos muy compungidos con la historia. Bueno, es Romeo y Julieta, una maravilla, y quedamos muy impactados por la música de Leonard Bernstein. También me pasó con Porgy and Bess, aunque a la película de West Side... no hay con qué darle, porque la concepción de Jerome Robbins es insuperable. Está a la altura de la Novena Sinfonía de Beethoven y tiene elementos jazzísticos, lo que nos permite llevarlo a ese lenguaje.
En el 66, en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, Favero estrenó su versión del West Side Story de Bernstein en trío, con Pocho Lapouble y Jorge Ferreira. Ahora, a 46 años de ese primer contacto, vuelve a la obra, pero con un cuarteto, con Marcelo Mayor en guitarra, Quintino Cinalli en batería, Arturo Puertas en contrabajo y él en piano, dirección, arreglos y "cuentito", como Favero se encarga de aclarar. "Entre tema y tema cuento la historia, el cuentito, y a la gente le gusta y le sirve para tener la obra completa."
–¿Cuál es la clave de la interpretación, de recrear la obra que hizo otro compositor?
–Creo que la clave está en darles a las obras un aporte personal. Nosotros estamos haciendo algo que contribuye a la música de Bernstein y lo usamos como punto de partida para, al mismo tiempo, crear. Cada concierto es diferente, porque depende mucho de la relación artista-obra-público. Cada concierto está relacionado con la energía que te manda la gente. El jazz es así, si bien el programa no varía, sí varía el contenido y el material musical. El otro día dije que cuando el público no tiene talento no pasa nada en escena y es porque el papel del público es fundamental en estas músicas. El músico de jazz está como desnudo ahí arriba, creando en el momento, sin cut & paste, todo el tiempo en la cuerda floja, en delicado equilibrio. Esta es una música muy vinculada con su dramaturgia, con el Romeo y Julieta que la inspiró. Evidentemente tiene en sí misma todos los otros niveles que estuvieron presentes cuando fue concebida. El público no necesita ver a los bailarines, se pone a bailar por su cuenta porque la música se lo indica y se puede vivir un momento estético especial con una música que casi todo el mundo conoce. Salís del concierto con ganas de ir a ver la película.
La charla con Favero puede durar toda la tarde. Afuera hay sol, el invierno muestra su cara más benévola y adentro el último dandy de Buenos Aires sigue repasando sus máximas, recordando anécdotas y hablando de sus maestros. "Yo suscribí a dos estéticas, la de Miles Davis y la de Bernstein. La de Miles, porque fue casi zen respecto a la improvisación; de Bernstein lo que más me influyó fue su decidida elección de hacer música popular que elevara el gusto del pueblo."
Como pez en el agua, como Favero en escena
"Era muy chico, tenía 3 años y mi viejo me dejó solo en el escenario, con las luces encendidas y frente al piano, en el Coliseo Podestá de La Plata. De repente me encontré solo, con mis pantalones cortos, sorprendido por las luces que me parecieron extraordinarias y enseguida me puse a tocar. Mi viejo era como esos obstetras que en el parto tiran al chico a una pileta a nadar y resulta que el bebe sale nadando y nunca más en la vida le tenés que enseñar a nadar. Mi viejo hizo eso conmigo y nunca experimenté el estrés que sienten muchos cuando suben a escena. Era un maestro de música mi viejo, sabía lo que hacía."
Favero recuerda a su padre y también a su madre como sus máximos formadores desde el instante mismo de su nacimiento hasta los 12 años. "Ella me enseñó algo intangible y más poderoso: la emoción. Yo la acompañaba en sus arias de ópera de muy chico y me ponía los pelos de punta. Mi aparato sensorial aprendió cuál era la vibración de la emocionalidad de la música. Tuve la fortuna de haber nacido en un ambiente musical. En un momento de mi adolescencia quise ser abogado y mi abuelo me dijo: «Dejate de joder, vos sos un músico» y hoy gracias a ellos me encuentro entre la minoría que hace lo que le gusta."
PARA AGENDAR
West Side Story: interpretación de la música de Bernstein. Clásica y Moderna: Callao 892. Mañana, a las 22. Mucho más que dos: con Nacha Guevara. Hoy, a las 21.30. Teatro SHA, Sarmiento 2255.



