Alejandro Medina, homenaje al rock

El bajista, ex integrante de Manal, se presentará esta noche con músicos invitados
Adriana Franco
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14 de junio de 2002  

"Es un homenaje a mis bandas", dice el bajista Alejandro Medina. Sucede, claro, que sus bandas no son poca cosa: Manal, Aeroblus y La Pesada del Rock. Una buena parte del rock local.

Dada la ocasión y para seguir también con la tradición, habrá invitados para esta noche especial en Hangar, de Rivadavia 10.900, hoy a las 22: Pappo, Willy Quiroga, de Vox Dei, el violinista Jorge Pinchevsky, Ricardo Tapia, de la Mississippi, y alguna que otra sorpresa.

"Tengo dos tríos -precisa el hombre-oso, todavía luchando con un problema en la rodilla, productor de un magullón que se ganó andando en bicicleta-, con uno toco mis temas, con otro hago Aeroblus y Manal y junto a los dos vamos hacer los de la Pesada, porque tenía dos baterías".

Tiene ya varias décadas de escenario. Fue testigo de recambios, idas y vueltas de los tiempos. "Con Manal nos volvimos a juntar en 1981, a diez años de la separación y, en 1994, hicimos algo con Javier, en el Roxy. Ahí fue la primera vez que vimos que nos venían a escuchar los padres con sus hijos." El, que tiene un hijo de 19 años, sabe que los tiempos han cambiado, que se comparten músicas de una manera que hace unos años parecía imposible. "Hace poco -cuenta- encontré una vieja revista Gente, con una nota a Manal, donde decíamos que nuestra idea era que los chicos del futuro tengan música propia. Hace treinta años de eso, y estábamos seguros que iba a pasar."

Eran, casi, figuras de la premonición. Por entonces, casi no se hablaba aún de rock en castellano como movimiento. Pero el camino de Medina en la música había comenzado antes del encuentro con Javier Martínez y Claudio Gabis. En el principio, incluso, no fue el bajo sino la trompeta.

-¿Trompeta?

-Es que yo veía las primeras series, tipo "Sunset Street 77", "Mike Hammer", había partes que se hacían en boliches, con una banda de negros tocando blues en el fondo, y yo esperaba ese momento. No quería ser Mike Hammer, quería estar en el fondo, tocando".

Paperas del destino

El padre, finalmente accedió a sus ruegos y le compró la trompeta. "Fui a un profesor, estudié música, entré en un conservatorio". Pero en un momento decidió cambiar de instrumento. El pasaje fue desencadenado por las paperas que, por un tiempo lo inhabilitaron de soplar la trompeta. Entonces, tomó la guitarra de su padre y le fue encontrando la vuelta para hacerla sonar como un bajo. "Escuchaba "Popotito" en la radio y lo tocaba, me acuerdo que también estaba de moda el Indio Gasparino". Poco después, convenció nuevamente al padre de hacer un trueque. "Aunque me estafó el de la casa de música. Me cambió una trompeta carísima por un bajo de madera con cuatro cuerdas que eran cables. Yo estaba contento, encima. Y él también."

Así enganchó, en 1965, a los 15 años con el grupo los Seasons. "Grabamos un disco con temas en inglés, de los Beatles y otras cosas. Tocábamos con trajecitos, nos hacíamos las botas en las zapatería teatral que está cerca del Colón, aquellas con los elásticos, ¿te acordás?", dice, divertido con los recuerdos.

Finalmente, en noviembre de 1968, dice, apareció Manal, por el sello Mandioca. "El mismo que editó a Moris, Los Abuelos de la Nada. Ahí se puede decir que comenzó este movimiento de rock nacional."

Antes había pasado por la mítica Cueva. "Me había llevado Billy Bond, pero era menor de edad, y a los 17 años me descubrió la policía. Y ahí aparecí en el Moderno, porque tenía una novia que era artista plástica". Hizo música para obras de teatro y tocaba cuando se inauguraba una exposición. "Ya tenía mi banda y hacía temas de los Who, los Beatles, los Rolling, James Brown".

Fue por entonces cuando Gabis y Martínez lo fueron a buscar. El baterista lo conocía de La Cueva, "yo lo había visto, porque iba por ahí pero no tocaba. Era un náufrago, un divagante". El sí fue instantáneo. "Yo ensayaba ahí con mis músicos y enfrente había una casa de muebles, compré una cama y un colchón que compramos para Javier, que se quedó a vivir ahí. Ensayábamos y vivíamos."

La química funcionó. Las canciones aparecieron para quedarse. "Jugo de tomate", "No pibe", "Una casa con diez pinos". Hacían muchos shows. "Seis, siete y hasta ocho por semana. Era diferente el laburo, más parecido a como trabajan los cumbieros de ahora. Porque se hacían en los clubes, en lugares grandes, y había música popular, una banda de rock, una típica de tango, una de cumbia, tipo los Wawancó. Y la gente aceptaba todo y la pasaba bien".

Luego vino La Pesada. "Una idea de Jorge Alvarez con Billy Bond, eran tremendos productores, apostaban mucho, no sé con el dinero de quién, pero apostaban". En 1974 editó el disco "Alejandro Medina y la Pesada". Y, ya en 1977, formó Aeroblus, con Pappo y el baterista Junior Castello.

El recorrido que hará en Hangar pasa por todas esas estaciones de su carrera y por los temas que compuso con su banda. Estarán las composiciones de "Hoy no es ayer", que salió en 1994, y las recientes, que aún esperan edición.

Pero aquella aseveración-título de hace ocho años no tiene que ver con la nostalgia. Sabe claro que no vive en el ayer. Al contrario. Medina intuye un futuro virtual para la música. "El disco ya no es negocio para los músicos. Cuando saque el nuevo voy a poner "está totalmente permitido reproducirlo y sobrevivir gracias a este disco". El laburo de ahora es tocar, pero para el mundo a través de Internet. En mi casa tengo un estudio y cuando pueda voy a armar un escenario, poner conexión a satélite y cámaras. De allí voy a salir para todos lados. Cobro un dólar y todo el dinero es para mí. Sin intermediarios".

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