Lollapalooza Día 2: Arctic Monkeys o cómo ser una banda de rock en el siglo XXI

La banda inglesa dio su cuarto show en Argentina después de editar Tranquility Base Hotel + Casino, un disco de reinvención
La banda inglesa dio su cuarto show en Argentina después de editar Tranquility Base Hotel + Casino, un disco de reinvención Fuente: RollingStone - Crédito: Ignacio Arnedo
Pablo Plotkin
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31 de marzo de 2019  • 00:04

El comienzo casi lynchiano del show de Arctic Monkeys en la segunda noche del Lollapalooza , con esas frecuencias saturadas y las luces rojo sangre sobre el telón, dieron paso a "Do I Wanna Know?", el tema reptante y magnífico de AM (2013) que funciona como puente entre la tradición guitarrística de la banda y su última incursión en el estudio, Tranquility Base Hotel + Casino (2018), algo así como la versión lunar del hotel de Perdidos en Tokio de Sofia Coppola y Bill Murray, el lugar imaginario que encontró el cantante y guitarrista Alex Turner para desplegar sus nuevas búsquedas compositivas sin abandonar la banda de toda su vida.

Arctic Monkeys es un grupo de los 2000 que hereda la matriz del rock del siglo pasado, que gira y se reinventa al ritmo del talento excepcional de su frontman. En vivo, el eje que conforma Turner con el baterista Matt Helders es el regulador de todo, y las etapas del grupo se resumen en un show bien eléctrico y enfocado: la metralleta de "Brianstorm" (solo de Helders incluido), las guitarras upbeat de "Snap Out of It", la frescura punkie del primer hit de la banda, "I Bet You Look Good on the Dancefloor" (2006), cuando sorprendieron al mundo con un disco (Whatever People Say I Am, That's What I'm Not) que se integraba con gracia a la oleada retro pero que a la vez sonaba distinto y actual gracias a la personalidad de Turner, algo parecido a lo que había pasado con Julian Casablancas y los Strokes unos años antes.

El último álbum de los Monkeys ambienta la fantasía sci-fi de una estrella de rock jactanciosa que atraviesa algún tipo de crisis de mediana edad, un crooner que se retira a meditar y a beber en un hotel de la luna. Un marco narrativo que le sirvió a Turner para volver a componer grandes canciones como "The Ultracheese" y "Star Treatement", que siguen la línea de baladas como "Cornerstone" (de Humbug, 2009) y que en vivo se mezclan con hits bailables como "Why'd You Only Call Me When You're High?". Todo se funde en la figura ligera y a la vez abarcadora de Turner, con su campera de cuero y su peinado de los años cincuenta, un ídolo de rock atemporal que impone sus reglas en la nueva era.

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