
Búsquedas y hallazgos del canto folklórico
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En la tercera jornada de viernes, les tocó el turno, en este ciclo, a otros tres grupos vocales. Dos nuevos: Gente de Canto y Surcanto y uno veterano: Los Andariegos.
Antes de sus actuaciones, habló nuevamente el doctor Chany Inchausti, anfitrión del encuentro en este acogedor auditorio del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal. Sus sabias palabras tuvieron por eje la idea de que estos -hasta ahora- nueve grupos vocales participantes, no hacen sino afirmar con el canto nuestra identidad cultural.
Por cierto que cada cual lo plasma en su estilo, y de una forma que hace palpables la calidad de sus voces y de sus arreglos; sus búsquedas, su itinerario en la escena, su maduración...
Gente de Canto, el septeto que conduce Andrés Genanián desde 1996 para interpretar música popular argentina, está integrado por una soprano, dos contraltos, dos tenores y dos bajos. Desde que irrumpen con "Villa de villares", la zamba "La diablera" y la "Vidala de la niña sola" se percibe la generosa extensión de la tesitura, pero al mismo tiempo la compacta trama deja escondida la melodía. Si bien son prestigiosos sus arregladores (Mario Witis, Carlos Mangisch) nos queda, a veces, la sensación de saturación armónica y, en algunos tramos, de empleo tentativo o errático de la voz aguda, en este caso el precioso registro y la afinación impecable de Betty Rodríguez.
Gente de Canto suena bastante afinado y logra buenos ensambles en gran parte de este repertorio. En él se aprecia la búsqueda polifónica, y su entusiasmo es comunicativo.
Un sexteto tandilense
Distinto es el caso del sexteto de Tandil, Surcanto, conjunto fundado en 1992 a instancias de su arreglador y director Hernán Roveda (barítono y percusión). Las voces masculinas alcanzan en una chacarera, una zamba, una vidala y un triunfo un envidiable grado de cohesión rítmica y tímbrica. Surcanto no busca armonías complejas. Prefiere la sencillez acórdica en los arreglos. Y aunque a veces peligra la afinación en las voces graves, saben unir matices con la garra folklórica. Uno de sus regalos -por la gracia del ritmo y la conjunción de voces- es la "Cueca de la viña nueva". De todos modos es meritorio el rescate de una temática poético-musical de inspirados creadores hoy olvidados.
La gran expectativa de la noche es el regreso del antológico Los Andariegos, grupo formado en San Rafael (Mendoza) allá por 1956. De aquella fundacional creación -referente insoslayable antes de la irrupción de los grupos vocales en la década del sesenta- es Agustín Gómez, que lo integró junto a los inolvidables Cacho Ritro y Raúl Mercado.
El cuarteto se define como "vocal e instrumental", sobre todo por el empleo de las cuatro guitarras, que si bien honran la música cuyana, no alcanzan, con los nuevos integrantes, el apetecido ensamble de sus cuerdas. Es que estos Andariegos, como ocurre con muchos otros grupos, se han renovado con nuevas voces y esto hace que por entre sus pliegues se esfume aquella magia primigenia.
Este cuarteto de hoy despacha, contundente en sus guitarras, y sin previo aviso, los tangos "Otoño porteño" y "A fuego lento". Es mucha cuerda; demasiado para ser tocada con uña y por las necesidades de expresión de sus creadores, aún a costa de algunos virtuosismos. En cuanto al canto, Los Andariegos se muestran sencillos, homogéneos y bastante afinados. Su incursión en este encuentro, desde su representativo "Volveré siempre a San Juan", hasta el final, es discreta.
En el cierre del 20 de julio, a las 20, estarán Los Originales Trovadores, el Grupo Vocal Argentino y Refusilo.




