
Café Tacuba, con caballos salvajes en sus corazones
La banda que lidera Rubén Albarrán cerró el Movistar Free Music
1 minuto de lectura'

La chingadera y un baile uniforme. Sábado a la tarde. Más de quince mil personas al ritmo de un rock/ska ranchero, de clásicos indiscutidos, de un frontman que nunca para de agitar al resto para que el piso nunca pare de temblar y para liberar los caballos salvajes que residen en los corazones. Esta vez sin álter ego, Rubén contagia desde el escenario su manera de batirle duelo al ritmo, y lo hace con una remera de Kennedy tachado, un chupín rojo y sus rulos violentos acometiendo contra lo que se les cruce.
Café Tacuba tiene nuevo material, El objeto antes llamado disco (sale a la venta el mes próximo), que estuvo presentando indirectamente en distintos países de América, pero para cerrar este festival lo deja afuera y echa mano de un batallón de hits, coreografías y un cover inesperado. Durante casi dos horas, los mexicanos tocan sin cansarse en un día primaveral en las inmediaciones palermitanas.
Arrancan con esa intro pegadiza "paparapapa eu eo" de "El baile y el salón", para saludar a un público expectante que quiere bailar y convertir el Planetario en una suerte de pista dance al aire libre (lo que incluye un festín de mosquitos pseudocaníbales y de tierra, no nos olvidemos de la tierra). Siguen con el clásico de Leo Dan, "Como te extraño mi amor", con el bailecito incluido y los guiños de estos cuatro amigos mexicanotes: todos agachados se esconden en sus instrumentos al terminar la canción. "Qué chingón, esperemos que la pasen de poca madre", dice Albarrán, en su habitual uso y abuso de modismos del país del tekilazo.
La música genera frenesí; es que en estos más de 20 años, Los Cafeta lograron no sólo manejar un playlist potente y festivo, sino transmitir energía desde el escenario al campo. Los hermanos Rangel Arroyo, uno de blanco, el otro de negro, les dan a las cuerdas y no se olvidan de improvisar esos pocos pasos para darle margen a Albarrán. Así suena "Ingrata" ("celebrando la energía femenina", dice Rubén, que no para de hacer alegorías sobre la florcita), antes tocaron "Las flores", ambos temas de Re –disco de 1994, que algunos críticos pusieron a la altura del Album blanco de los Beatles–. También hacen las clásicas coreografías en "Déjate caer" y "El puñal y el corazón", donde los hermanos, el cantante y Meme –el de los teclados– se mueven de manera coordinada y simpática al ritmo de la música.
La política aparece. Albarrán está algo rebelde, aprovecha para ir contra todos: la minería, los que gobiernan, los laboratorios, los abogados, las represas. Reivindica a los mapuches, a los estudiantes mexicanos por el movimiento 132.
Los amagos
"¿Quieren más?", agita Rubén, pregunta que repite durante casi una hora, el tiempo que duran los bises. Para eso, las condiciones: "un abrazo colectivo y cariñoso, y que bailen pues". Entonces, suena "La chica banda" con un invitado especial, Gustavo Santaolalla, el productor de sus discos. El escenario se convierte en una fiesta, el ganador del Oscar baila mientras toca la guitarra. Se van y vuelven con tema nuevo ("De este lado del camino"), y después de varias canciones de yapa (entre ellas, "Eres"), el final. Para eso, nada mejor que un cover en homenaje a Cerati. "Juegos de seducción" es el elegido, con el que los mexicanos hacen elevar el polvo y las voces, y se marchan dejando un Planetario iluminado y un clima melancólico y festivo.
Antes, Carlinhos Brown, primero con un turbante y luego con plumas blancas, le puso su ritmo de carnaval a la jornada. Con temas como "A namorada" y "La bamba", animó a los concurrentes, que se sumaron a la alegría brasileña sin chistar. Brown tocó durante una hora, se infiltró entre la gente, a la que dirigió de izquierda a derecha; y aprovechó para homenajear a su mentor Néstor Madrid, a quien hizo subir al escenario. También participaron del festival Onda Vaga y el sueco-argentino José González, quien hizo un show íntimo puertas adentro del Planetario.


