Camerata Bariloche
Grato encuentro con lo mejor de un ensamble siempre bienvenido
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Primer violín: Freddy Varela / Solista: Andrés Spiller (Oboe) / Presentación: Nelson Castro / Programa: Sonata N°1, de Rossini; Concierto para violín, Oboe y Cuerdas de Bach; Concierto para cuatro violines, de Vivaldi; y Serenata para cuerdas, de Tchaikovsky / Organiza: Semana musical Llao-Llalo / Sala: Hotel Alvear.
Nuestra opinión: excelente.
Alcanzó un muy alto nivel artístico el concierto ofrecido por la Semana Musical Llao Llao en el gran salón Versalles del Alvear, por la conjunción de varios aspectos positivos: una sobria y concisa exposición de Nelson Castro destacando detalles valiosos de cada autor y de cada obra; la heterogénea elección del programa, y, fundamentalmente, por el reencuentro con la calidad que debe mantener la Camerata Bariloche que, como se ha dicho tantas veces, es una marca internacional que identifica un hecho de la cultura nacional. Entonces como sus integrantes son instrumentistas de orquestas sinfónicas, deben redoblar su esfuerzo y dedicación al trabajo permanente y sacrificado, pero que provoca el infinito placer de hacer también música de cámara.
La primera entrega del programa propuesto permitió apreciar todo el encanto de la Sonata Nº 1 que Giacchino Rossini compusiera a los 12 años en Ravena, estando en la casa del famoso contrabajista Agostino Triossi. Se trata de una partitura de la que emanan sonoridades inesperadas en los movimientos rápidos, y de los lentos una atmósfera delicada pero no exenta de cierta lejana melancolía. La ejecución fue atinada y en perfecto estilo.
A continuación se escuchó una obra maravillosa y poco frecuente del Concierto para violín y oboe de Johann Sebastian Bach, obra que debería incluirse entre sus cimas más eminentes de su obra instrumental. Esta pieza fue objeto de una versión impecable, con dos solistas admirables como es el violinista chileno Freddy Varela –de amplio y cautivante sonido al que suma una impecable escuela de arco y una sobriedad y ausencia de divismo admirables– y el oboísta Andrés Spiller, músico que prolonga con su sabiduría una estirpe de auténticos pedagogos que contribuyeron al desarrollo musical en Buenos Aires. Los intérpretes lograron transmitir las variadas emociones que provoca el compositor en esta creación instrumental, como por ejemplo, en el allegro inicial, con una sensación de resolución y nostalgia; o en el encanto de los pizzicati inmutables y delicados del andante, y también en el nuevo allegro final, claro ejemplo de la amplitud creativa del autor. El efecto de eco, con mucho virtuosismo, aquí fue muy bien logrado por el conjunto
Luego se apreció el Concierto para cuatro violines op. 3 de Antonio Vivaldi, que forma parte de la colección L’estro armonico (La inspiración divina), originalmente para cuatro claves, que tuvo en los solistas Freddy Varela, Demir Lulja, Grace Medina y Daniel Robuschi y en el resto del conjunto a verdaderos artífices de una versión impecable.
Placidez
Como última obra del programa, en la segunda parte se sumó otro acierto: la hermosa y plácida Serenata para cuerdas de Tchaikovsky, en cuatro movimientos, que tiene esa reminiscencia de las sinfonías italianas, especialmente venecianas. A ellas se agrega el estilo inconfundible del autor ruso que no titubea en apelar a la transparencia mozartiana, a la elegancia y buen humor del vals, al contraste con un pasaje de meditación religiosa y a un final auténticamente ruso, tomado seguramente de Balakirev o de cualquiera de los otros integrantes del apodado Grupo de los Cinco. La versión ofrecida dejó escuchar el refinamiento encantador del autor y su perfecta homogeneidad y fluidez e inspiración que emana de la partitura, logro conmovedor de la Camerata Bariloche en una noche de altísima jerarquía.
Como era lógico y natural que aconteciera con este renacer de la Camerata Bariloche, el cálido y gentil aplauso provocó un agregado, el inefable Astor Piazzolla y su Scualo en arreglo de José Bragato con la rítmica de siempre. Un contraste acaso acertado y sutil para retornar a la pobre realidad cotidiana.



