Clásicos del siglo XX en el Alvear
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Primer concierto de la V edición del Ciclo de Música Contemporánea. Presentación de integrantes de la London Sinfonietta. Programa: "Five distances for five instruments", de Birtwistle; Quintettino, de Salvatore Sciarrino; Ocho estudios y una fantasía, de Elliott Carter; New York Counterpoint, de Steve Reich; Ricorrenze, de Luciano Berio; Diez piezas para quinteto de vientos, de György Ligeti.
Nuestra opinión: Bueno
La quinta edición del ya consolidado Ciclo de Música Contemporánea comenzó el martes último con la presentación de un quinteto de vientos integrado por solistas de la prestigiosa London Sinfonietta.
Como una excepción a la regla, tanto este concierto como el de la noche siguiente se llevaron a cabo en el Teatro Alvear y no en el ámbito habitual del ciclo que ahora produce el Complejo Teatral de la Ciudad de Buenos Aires (la sala Casacuberta del San Martín).
Un primer mérito para remarcar del ciclo en sí es que -debido al altísimo nivel artístico que viene ofreciendo casi desde el principio- ha generado una especie de gusto refinado y exigente. Es por eso que el concierto que ofrecieron los solistas de la London quedó un poco más abajo de los que, en la apertura de la edición 2000, realizó el cuarteto Arditti.
Lo que ocurre es que el cuarteto Arditti trabaja full time como tal, mientras que el quinteto de vientos que tocó el martes es parte de un grupo de cámara mayor, pero no es permanente. Dicho esto hay que aclarar rápidamente que el nivel instrumental de Helen Keen (flauta), Gareth Hulse (oboe), Mark van de Wiel (clarinete), John Orford (fagot) y Philip Eastop (corno) es altísimo. No por casualidad integran el grupo que dirige Diego Masson.
Pero cuando se trata del repertorio de cámara las horas de vuelo musical compartidas cuentan, y mucho, para alcanzar interpretaciones brillantes.
El permanente movimiento de los instrumentos para marcar el compás (llevado adelante por el oboísta y el clarinetista) es un reflejo visual de este aspecto: es entendible y necesario para algunos pasajes de obras con alta dificultad de concertación, pero no para todo el repertorio elegido. Y sobre todo en piezas que hacen foco en aspectos puntuales (afinación, unísonos, articulación, etcétera), como en el caso de los Ocho estudios y una Fantasía, de Eliott Carter.
Lo mejor, en la segunda parte
El programa del concierto estuvo dividido en dos partes, de las cuales se destacó claramente la última, por la calidad y densidad musical de las obras y sus autores.
Una pieza sin demasiado interés de Birtwistl, una breve pieza de Sciarrino, y el ya mencionado estudio de Carter (sin corno) funcionaron como el aperitivo para los platos principales del menú del martes.
El clarinetista Mark van de Wiel se lució en el comienzo de la segunda parte con "New York Counterpoint", de 1985, un tour de force para clarinete solo junto con nueve clarinetes y tres clarinetes bajos previamente grabados.
Esta obra es hija directa de la fundamental "Music for 18 musicians" (de 1975), que continúa con la idea de la "música como un proceso gradual" (music as a gradual process), esto es, la forma en que aplicó su idea del minimalismo el compositor norteamericano. Sobre una serie de ostinatos que generan armonías cuasi tonales, la línea de Van De Wiel extrae diferentes contornos y perfiles de ese continuo, sin tomar casi respiro.
Luego fue el turno de la obra más importante (por envergadura y planteo) de la noche. Se trata de "Ricorrenze", de Luciano Berio, estrenada en 1987 por el Quinteto Arnold.
Es que, a diferencia incluso de las ya clásicas "Diez piezas para quinteto", de Ligeti, que cerrarían la velada y las demás obras del concierto, "Ricorrenze" no es ni un estudio sobre esta formación ni una obra que sirve como ensayo preliminar a otras de mayor tamaño. Simplemente es una gran obra de madurez de Berio, con las sonoridades y obsesiones de este notable creador nacido en 1923, muy bien resuelta y excelentemente interpretada por los solistas de la London.
Para terminar llegó un clásico de la década del 60, las "Diez piezas", de Ligeti. Estas obras brevísimas (entre medio minuto y dos) son algo así como un paisaje sonoro en miniatura del Ligeti que había ya escrito "Atmósferas", "Volumina" o "Lux Aeterna", con el complemento de la exigencia virtuosística de cada uno de los instrumentistas en las piezas pares. La performance fue largamente aplaudida por el público, que ocupó en un 75 por ciento el Alvear y fue retribuido con la primera de las juveniles "Bagatelas" de Ligeti, que, a la vuelta de los tiempos, sonó extrañamente moderna con sus aires folklóricos casi gitanos.
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