
Clásicos en tiempo de ska
El grupo instrumental se presentará hoy, en La Trastienda
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Dancing Mood es una banda curiosa. Por empezar, se dedica a la música instrumental, algo no demasiado habitual en el circuito argentino del rock. Además, su razón de ser, el sentido de la banda, es tomar temas conocidos, desde standards del jazz hasta temas de películas, y "jamaiquizarlas", fusionarlas con el ska y el reggae.
Sin embargo, aunque suene extraño el proyecto, durante este año la banda de doce integrantes hizo nada menos que cincuenta shows, que incluyeron varios ciclos en Niceto, El Club del Vino o La Trastienda, donde tocan esta noche y el viernes próximo, a partir de la medianoche, con una entrada de 5 pesos.
La idea surgió de Hugo Lobo. El trompetista y líder de la banda, de 24 años, es el hijo de Rubén Lobo, baterista de Mercedes Sosa. "Imaginate, se escuchaba mucha música en mi casa. Las grandes bandas, como las de Duke Ellington, Count Basie o, incluso, Earth Wind and Fire o grupos de soul instrumental de los años setenta."
Entonces, todavía su instrumento era la batería, con la complicación de "que no podía ni salir a jugar a la pelota porque tenía el profesor dentro de casa". Así fue hasta que, en la adolescencia, descubrió a los Cadillacs y quiso que lo suyo fuera la trompeta.
"También así descubrí el ska jamaiquino, especialmente a Los Skatalites, que son los creadores de lo que hacemos nosotros hoy. Acá había grupos que hacían ska inglés, tipo Madness o Specials, pero ninguno el jamaiquino."
Y a eso se abocó este músico, hace tres años, cuando comenzó con la banda que ahora ya tiene dos discos grabados, "Veinte minutos y "Volumen dos", y ya prepara un tercero. "Sabía que iba a ser difícil, porque a la gente le cuesta ir a ver a una banda nueva que, encima, es instrumental." Durante más de un año tocaron "para nadie, para veinte personas, cincuenta a lo sumo". Pero, poco a poco, los vientos fueron cambiando. Vientos que llevaron el comentario, de boca a orejas, de que los shows de los Dancing son una fiesta de buena música. Así, este año, en Niceto, llegaron a convocar a mil personas en una noche.
Hugo es el encargado de escribir todos los arreglos porque Dancing Mood tiene otra particularidad: todos sus integrantes leen música, algo poco frecuente en el rock y que, claro, tiene que agradecer a su padre. Ese padre que, al principio, miró un poco de reojo que siguiera insistiendo con el ska y el reggae pero que finalmente, ya entusiasmado con el proyecto, puso su batería en un tema del primer álbum.
"Además, mi viejo descubrió que es una buena manera de hacer conocer otra música, de ver que corean un tema de Parker o que, viene gente que cuenta que se compró un disco de Duke Ellington para conocer la versión original del tema que descubrió con nosotros", agrega Hugo.
No es la única conquista "pedagógica". Hugo, que ha estudiado con Américo Bellotto, recuerda como uno de los shows más gratificantes, el que dieron una mañana, en un jardín de infantes, para chicos de tres o cuatro años.
Es cierto que no todo es instrumental en Dancing Mood. Tanto en los discos como en los shows, hay voces invitadas. Hoy estará Mimi Maura, tal vez Fidel Nadal y el guitarrista Valentino. El viernes próximo, Deborah Dixon y una orquesta de cuerdas para tres temas. Además, claro, de los dos trombones, la trompeta, los dos saxos, la armónica, la flauta, las dos guitarras, el bajo, el teclado y la batería, para "skatizar" los standards.
Tras estos dos shows, se largarán a otra experiencia curiosa: tocarán en El Calafate, en Santa Cruz, el 30 y 31 de diciembre. De regreso comenzarán otro ciclo, esta vez en Niceto.
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