
Con el filo de los tangos carcelarios
Recital de 34 Puñaladas. Músicos: Alejandro Guyot (voz), Edgardo González (guitarra), Juan Lorenzo (guitarra), Augusto Macri (guitarra) y Hernán Reinaudo (guitarrón). Foro Gandhi, Corrientes 1743. Viernes de septiembre, a las 21.30.
Nuestra opinión: bueno
La sobriedad y seriedad con que el grupo 34 Puñaladas encara su faena es irreprochable. Su capacidad para elegir el repertorio e interpretarlo se parece bastante a la precisión que tenían los cuchilleros para dar la tajada justa en el lugar preciso de su oponente. Esa frialdad de gesto inconmovible parece trazar el rumbo de un grupo obcecado en intentar recuperar un estilo perdido, con la misma obsesión que un bibliotecario puede tener por alguna primera edición de un ejemplar agotado.
El aire sobrecargado de esa pendular oscilación entre un repertorio lunfardo, asesino y cocainómano y la nostalgia de un tiempo que irremediablemente pasó signan la propuesta de esta buena orquesta de cuerdas tensadas y un cantor, como se hacen llamar. El nombre del grupo que surge del poema de Iván Diez "Amablemente", musicalizado y cantado por Edmundo Rivero, los posiciona dentro de una vertiente poco explorada del género, menos complaciente, más cercana al origen popular y malandra del tango. Ese es uno de los atractivos principales de la propuesta "puñalera", que ofrece un panorama de estos tangos carcelarios donde se puede volver a escuchar en vivo (ya no en grabaciones) versiones, con arreglos del grupo, de temas como "Puente Alsina", "Packard", "Audacia", "Bandera baja", "Ella se reía" o "Cuando me entrés a fallar".
No se nota una pose arqueológica, aunque cierta actitud canchera por el lado del cantante le quita cierto espíritu de auténtica rebeldía y oscuridad a esos personajes que supieron construir Carlos de La Púa, Celedonio Flores, Enrique Cadícamo o Discépolo.
En todo caso, la violencia y crudeza del grupo aparecen por el lado instrumental y los arreglos para cuerdas, que siguen siendo el mérito mayor de una agrupación que intenta recuperar un estilo para reinventarlo, partiendo de una tradición interpretativa. No es cosa de meses, sino de años y el grupo anda en eso, buscando a la vez una personalidad que lo destaque o despegue de ciertas comparaciones odiosas con gente que hizo ese repertorio hace años, como el caso específico de Edmundo Rivero.
El camino de 34 Puñaladas ha sufrido diferentes cambios desde aquel primer período con Federico Zypce como carismático líder cuando hacían una puesta más teatral y dramática en los tiempos de Babilonia, hasta la época que pasó a liderar los destinos del grupo el guitarrista y arreglador Nicolás Varchausky, que hacía pesar un discurso más conceptual tanto en lo musical como en su postura política a la hora de elegir estos tangos. Ahora, tras varios cambios, el grupo es una síntesis de todos esos procesos evolutivos, pero sumando cierta prolijidad que funciona como guía para chicos desorientados en el repertorio lunfardo.
La interpretación de Guyot, que lleva la carga más pesada, es técnicamente impecable y se nota un trabajo expresivo sobre cada tango. Pero viéndolo en escena muchas de esas historias que hablan de cuchilleros y traficantes parecen resultarle ajenas. Sin embargo, la alternancia entre las piezas instrumentales y cantadas va desglosando una atmósfera de una Buenos Aires, retratada en letras con imágenes potentes y marginales, que a pesar de haber sido escritas en el 20 y 30 hacen pensar que todo sigue igual.



