Coro Estable del Teatro Colón: su mística, su “familia” y las “Grandes escenas” que presentarán este miércoles
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Ya sean esclavos, marineros o campesinos, soldados, peregrinos, cortesanos o pueblo, a ese fabuloso instrumento colectivo que es el coro, la ópera le ha reservado las páginas de sus más deslumbrantes escenas. No solo a nivel visual (con coreografías, caracterizaciones, vestuarios y movimientos de masa), y desde luego musical, con el caudal sonoro más rico, potente e impactante, sino también, a nivel dramático, porque nada mejor que el gran conjunto de voces mixtas para representar las aspiraciones épicas de la lírica.
Bajo el título de Grandes escenas corales, el Coro Estable del Teatro Colón se presentará este miércoles 3 de junio en la sala principal, no en el marco de una representación operística sino en formato de concierto. “Es verdad que no es frecuente —comenta el director del organismo, el maestro Miguel Martínez, en diálogo con LA NACION—, pero lo hemos hecho hace ya unos años, al aire libre en la plaza Vaticano y en la sala principal como en esta ocasión, ahora con un carácter didáctico”.
El coro de ópera
A diferencia de cualquier otro coro, el de ópera requiere de sus integrantes una capacidad de adaptación musical y escénica importante. La época, el estilo y hasta la historia que se narra exigen gran ductilidad interpretativa tanto en la voz y la ejecución como en la disposición a encarnar personajes. “Es exactamente así —ilustra el director—, porque es diferente el trabajo que se realiza para cada compositor e incluso para cada título. No es lo mismo cantar un fragmento del belcanto, inicios del 1800, a cantar una ópera verista o un Gershwin como haremos en este concierto con el fragmento de Porgy and Bess (el momento chispeante en que la gente va al picnic para despejarse al aire libre) que contiene elementos de la cultura musical africana unidos al jazz y la ópera europea. Cada pieza se debe cantar (y actuar) de una manera específica. También hay diferencias de acuerdo a lo que sucede en la escena. Si es un grupo de conspiradores que están acercándose a un objetivo para asesinar a alguien, deben cantar con una voz oscura poniendo un poco de aire. Muy distinto a si están representando a unos campesinos en la celebración del pueblo”.
Precisamente ese tipo de distinciones en el canto que hacen al oficio podrán ser apreciadas en el primer plano que excepcionalmente ofrece esta presentación de la así llamada “familia del coro”, un encuentro directo con el público del Colón.
El programa (70 minutos sin intervalo y con transmisión por streaming), que incluye fragmentos populares del repertorio lírico, contará en su carácter didáctico con las explicaciones de Martínez previas ubicando tiempo y espacio de la acción y técnicas del canto coral, y el acompañamiento al piano de Juan Ignacio Ufor, nuevo asistente de dirección. La escena del lamento en la ópera Anna Bolena (Donizetti) por ejemplo: “En ese coro las mujeres se lamentan luego de ver a Anna, ya condenada a muerte, y comentan lo conmovedor que es ver que es tan grande su dolor, que ha perdido la razón. Esta pieza —enseña el maestro— se canta con una voz redonda y bastante aire. Lo que se llama cantar sul fiato, un recurso que se usa para darle carga dramática y proyección a los pianissimos. Es un gran efecto dramático para valorizar el texto”.
En la acción
Solo una muestra sutil del trabajo puramente musical, al que se suma la demanda teatral y una serie de “trucos” que aseguran el funcionamiento del espectáculo, que el director revela para mayor comprensión del desempeño.
“Las cosas que pido en cada ensayo —explica Martínez— son diferentes, pero hay que saber qué pedir. Eso es la experiencia y la formación al lado de grandes maestros. El coro no solo se expresa con lo que está escrito. Canta de acuerdo con la situación dramática con una determinada tradición del canto y del color de la voz. La primera consideración tiene que ver con el lugar que el coro va a ocupar en el espectáculo y en el escenario específicamente: a veces dispersos y alejados entre ellos, a veces hacia atrás, hacia los costados. En estos casos y con un escenario de grandes dimensiones hay que reforzar mucho de lo que no se necesita en una sala pequeña: hacer la articulación más notoria, remarcar las dinámicas, dar mayor intensidad a la voz, sin descuidar los detalles que hacen al estilo. A su vez, los registas le piden al coro que se mueva, que actúe, que se desplace, entonces trabajamos articulando con énfasis y claridad los textos y los ritmos porque con la distancia, el volumen de la orquesta y el movimiento, el mensaje musical corre el riesgo de desdibujarse. No es lo mismo un coro que canta dispuesto en gradas, cómodo y concentrado solo en la música, que el coro de la ópera, que además entra en la acción como un personaje más”.
–¿Cuáles son los pasos en ese armado y los secretos en la delicada cohesión que precisa el coro cuando sube a escena?
–La situación de escenario puede ser de una gran incomodidad. Ellos (los coreutas) ensayan en la sala con gradas, cómodos mirando a su director. Después viene el director de la orquesta. Sigue el ensayo à la italiana, donde se pasa la obra completa con orquesta, pero con todos sentados. Recién cuando llega el momento de unir con la escena, surge la situación incómoda, porque aparecen figurantes o bailarines compartiendo el espacio. Y ellos necesitan ver al director constantemente. A veces, el planteo coreográfico no lo permite, por lo cual tenemos monitores que el público no ve, al costado del escenario e incluso en los palcos avant-scène. Hoy, a diferencia de las versiones tradicionales que eran estáticas, las puestas son audaces desde el punto de vista teatral y del movimiento. También contamos con un retorno de audio que toma el sonido de la orquesta en determinados instrumentos y lo replica en el escenario como soporte y guía para el coro.
–En las producciones líricas puede gustar más o menos la propuesta escénica, más o menos los cantantes solistas, más o menos la dirección musical, pero hay un elemento que prevalece con una performance sobresaliente: el Coro Estable ¿En qué radica la mística del cuerpo?
–En el hecho de que está integrado por gente dúctil y preparada. Las pruebas para el ingreso son tan exigentes que, en los últimos concursos para la estabilidad, no pudimos completar las vacantes. Eso nos asegura un resultado de calidad y elevado nivel. Es verdad que los registas quedan contentos porque el grupo se entusiasma, responde a los movimientos y las actitudes teatrales, está predispuesto a participar en la concepción de la puesta, es capaz de entrar en el juego y divertirse, entrar en ese mundo de la fantasía que proponen el vestuario y la caracterización. Y también aprecian una oportunidad sinfónico-coral de envergadura. ¡Aquí la gente quiere hacer cosas importantes, títulos grandes y actividad completa toda la temporada! Y el coro de hecho lo reclama porque no todas las óperas lo incluyen. Y hablando de la mística, este cuerpo tiene una larga tradición en el canto lírico que consiste en el métier de cantar en el escenario y ser parte del conjunto de una producción. Hay toda una escuela establecida, que pasa de una generación a otra, sobre cómo cantar y cómo comportarse, musical y escénicamente, cuando se es un integrante del Coro Estable del Teatro Colón.
Para agendar
Grandes escenas corales. Concierto del Coro Estable del Teatro Colón. Dirección: Miguel Martínez. Piano: Juan Ignacio Ufor. Programa: Fragmentos corales de óperas de Donizetti, Bellini, Verdi, Leoncavallo, Bizet, Panizza, Orff y otros. Función: miércoles 3, a las 20. En la sala principal del Teatro Colón, Libertad 621.
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