De Villa Gesell a la calle Corrientes
Hoy la banda actuará en el Gran Rex
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Uno de esos chistes que se largan al pasar dice que con los años los seres humanos no crecen: se deforman. Pero Los Tipitos crecieron. Se agruparon mientras ofrecían espectáculos callejeros en Villa Gesell. Soñaron con formar una banda de rock y lo consiguieron.
Publicaron su primer CD a mediados de los noventa, con el padrinazgo de León Gieco. Pagaron una especie de derecho de piso con tocadas en plazas y colectivos; entraron en el circuito rockero. Hoy les toca subir al escenario del teatro Gran Rex, con los temas de su último álbum, "Armando camaleón", y versiones de sus placas anteriores.
"Me parece que somos los mismos con unos años más. Aprendimos a tocar mejor, afianzamos nuestro vínculo, cumplimos sueños. Eso te da otro lugar desde se donde se mira el mundo", resume el bajista Federico Bugallo.
De su último material, sale esta frase que cantan en el tema "Algo": "[...] me tiene que despabilar, la suerte va a cambiar. ¿Hace cuánto no ganás?".
Según el tecladista Walter Piancioli, el grupo no llegó a un lugar, sino que vive otro momento: "El planteo es «¿Y ahora que llegaron a la calle Corrientes...?». Y, en realidad, podemos decir que estamos viviendo otro momento y que falta un montón. Veo más el montón que falta que lo que hicimos hasta ahora".
El momento quizá tenga que ver con la multiplicación de la convocatoria de público y la difusión conseguida en el último tiempo. El discurso del cuarteto cambia de posta. Ahora es Raúl Rufino, guitarrista, quien reconoce que en sus casi once años de trabajo el combo nunca había alcanzado la difusión y la irradiación de temas que hoy tiene.
El lugar que faltaba
"Además, me parece que somos una buena opción -apunta el baterista Pablo Tévez-. No hay muchas bandas como ésta en el ambiente. Entramos en un lugar que faltaba. Con otras cosas, con otro humor en escena. En general se ve glamour o seriedad."
En el show de esta noche, Los Tipitos mostrarán varios perfiles. El primer tramo será para la banda "ciudadana". El siguiente tendrá instrumentales, un popurrí con superposiciones de temas que "les va a encantar a los que conocen toda la discografía de la banda" y algún set donde no faltarán la buena pericia que el grupo tiene para hacer música con copas con agua. Para el final prometen arreglos de cuerdas para canciones de sus primeros materiales más algunas sorpresas. Todo eso también servirá para editar el primer DVD del grupo.
El día siguiente será para pensar en otros compromisos: show por el interior y países vecinos (hay fechas en el Uruguay, Chile, Chaco, Mendoza y La Pampa) y el deseo de volver a los ciclos acústicos de los martes que impusieron hace varios años con muy buena convocatoria de público. "No queremos perder eso", admite Pablo.
Una opción diferente
El motivo, según Federico, es que se arma como un club. "La gente se convocaba ahí y nosotros siempre teníamos invitados -dice-. Se hicieron tan famosos nuestros martes, que una vez el Carpo [Pappo] le dijo a su manager: «No quiero tocar más los fines de semana. Quiero hacer como Los Tipitos: voy a tocar los miércoles»".
-¿Cómo quedó el circuito de la música en vivo para tocar en esta postragedia de Cromagnon?
Pablo: -Es una especie de discriminación. Porque cuando se incendia un supermercado no cierran todos los demás. En nuestro caso ya veníamos trabajando en otros lugares. En teatros como el Ateneo, por ejemplo.
Federico: -Apuntamos más a eso que a la "rockería". El día que nos llamó Chabán para ir a tocar a Cemento para nosotros fue como ir a tocar al Gran Rex. Pero en un momento apuntamos a otros lugares. Un teatro tiene otra magia y te permite salir un poco del rock. Es difícil usar una batería de pie o tocar un arreglo de cuerdas en un lugar donde todos están agitados, esperando desplegar banderas. Eso está buenísimo, pero te condiciona. También queremos salir a tocar con un bombo legüero, copas o peines.


