
El último fin de semana, el trío llevó su gira de teatros al Gran Rex. Abrió los shows con un cuarteto de cuerdas, repasó su catálogo en formato eléctrico y cerró con una demostración de por qué lo llaman “la aplanadora del rock”
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Divididos suena bien en cualquier lugar, pero la gira de teatros que están realizando ofrece la posibilidad de verlos cómodamente sentados, en un recinto con las mejores condiciones de sonido, y evidentemente esa era una oferta atractiva para un público de varias generaciones, que llenó el Gran Rex durante dos funciones.
El comienzo fue sorpresivo: Mollo ingresa por uno de los pasillos del teatro, sube al escenario y empieza a cantar “15 – 5” a telón cerrado, que en el medio del tema se abre para revelar un cuarteto de cuerdas, encabezado por Javier Casalla. Para “Vengo del placard de otro” se sumó Arnedo, y en “Vientito del Tucumán” entró Ciavarella tocando el bombo por el otro pasillo.
Luego hubo una primera parte eléctrica donde el trío revisitó algunos temas que no suele hacer en vivo, como “El fantasio” o “Un alegre en este infierno”, junto a clásicos como “Sábado” y “Salir a comprar”.
Siguió una sección que podríamos llamar “tranquila” (no acústica, ya que Ricardo y Diego se sentaron, con instrumentos eléctricos), que tuvo momentos realmente brillantes, como la seguidilla de “Dame un limón” - Mollo haciendo el solo de trompeta con la boca-, “Spaghetti del rock”, “Par mil” y “Pepe Lui”. En “La flor azul”, donde se sumaron Diego Fiorentino y Casalla como invitados, el guitarrista hizo subir al escenario algunas chicas del público a bailar la chacarera. Cuando un par de ellas le comentaron que eran docentes, Ricardo aprovechó la ocasión para hacer una reivindicación de su lucha, lo que hizo que el público estallara en manifestaciones de apoyo.
Otro comentario social llegó en el último pasaje eléctrico del concierto, donde Mollo intercaló unos versos de Moris (“todo empezó con el chiste que decía, lo tuyo es mío y lo mío es mío”) en el medio de “Amapola del 66”, para hacer un llamado a la solidaridad con los que menos tienen, en estos momentos difíciles.
El final fue con la aplanadora a full, en temas como “Haciendo cosas raras”, “Qué tal”, “Elefantes en Europa” y “Ala Delta”. También incluyó algunas sorpresas como la extensa versión dub de “Indio, dejá el mezcal”, con un espectacular solo de batería. Luego de casi tres horas de concierto, el público obligó a conceder un último bis: “Crua Chan”, un emotivo recuerdo de sus tiempos en Sumo.
En esta primera fecha de las dos programadas para el teatro de la calle Corrientes, Divididos aunó sutileza y poder, comentario social y virtuosismo instrumental, y en este nuevo período de esplendor que atraviesa entregó una performance brillante.


