El concepto de textura en la música
De la musicología a la subjetividad
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Según el diccionario, textura es la "disposición y orden de los hilos en una tela". Pero más allá de cuestiones textiles, el término también designa a "la estructura, la disposición de las partes de un cuerpo". Con este sentido, el vocablo tiene su aplicación en la medicina, en la arquitectura, en las artes plásticas y también en la música.
Si bien en la música, el "cuerpo" es inmaterial, la textura es inteligible y está en directa relación con el número de partes (o voces) que la conforman, con las relaciones que entre ellas se establecen y, en definitiva, con el sonido general que determina el entramado de las mencionadas voces.
Existen infinitos tipos texturales, pero la musicología ha establecido algunas que, con las excepciones de rigor, son aptas para todos los campos de la música. La más sencilla de todas es la textura monofónica, que consiste en una única melodía, sin acompañamiento. Son monofónicos el canto gregoriano, ciertos cantos rituales en los cuales todos coinciden en una única melodía o, idealmente, una multitud cantando a capella el Himno Nacional argentino, sin desafinaciones ni sonidos agregados que, como es sabido, nunca sucede así.
La textura polifónica o contrapuntística es aquella constituida por diferentes melodías simultáneas e independientes. Son polifónicas una fuga de Bach, un canon de entradas sucesivas como el "Frêre Jacques" o la mayoría de las misas renacentistas, donde cada voz canta su propia melodía, en razonable armonía con las demás.
Más complejas son las texturas homofónicas en las cuales intervienen simultáneamente muchas partes, pero siempre con una voz principal. Una melodía acompañada, como "Casta diva", de Norma , de Bellini, o el movimiento lento de cualquier concierto para violín de Vivaldi, son ejemplos de texturas homofónicas. Pero también lo es el coro final de la Pasión según San Mateo , de Bach, cuando del tejido de todas las voces sobresale la melodía que entonan las sopranos. Todas las otras son subsidiarias y están para sostener y potenciar esa melodía. Por último, para casos confusos, cambiantes y no estrictos, existe otro término, casi un comodín, que es el de las texturas heterofónicas.
Pero en terrenos mucho más llanos, hay otra manera de calificar las texturas de acuerdo con percepciones más subjetivas pero también más comprensibles. Hay texturas densas, como las de una sinfonía de Bruckner; ligeras, como La historia del soldado , de Stravinsky; luminosas, como las de Mendelssohn; ásperas, como las de algún poema sinfónico de Richard Strauss, o delicadas, como las de la música orquestal de Debussy. En todo caso, lo que debe quedar claro es que la textura es un componente tan esencial a la música como lo son los consabidos ritmo, timbre, melodía y armonía.


