El Dúo Coplanacu se presentará mañana, en el teatro Coliseo

Gabriel Plaza
(0)
9 de noviembre de 2001  

Pasaron más de diez años desde que esos folkloristas santiagueños de aspecto hippie, que pegaban sus propios afiches en la calle, se convertían en un pequeño fenómeno sólo para iniciados, en Córdoba, con su primer cassette editado de forma casera, que se llamaba simplemente Dúo Coplanacu y se vendía como pan caliente entre los estudiantes de la provincia. El largo camino los deposita ahora (con popularidad en todo el norte argentino) como símbolos de uno de los movimientos independientes más interesantes que generó el folklore en esta última década y los pone ante el desafío de saltar de las peñas universitarias y los festivales en el interior a los grandes escenarios porteños cuando se presenten mañana, a las 21, en el teatro Coliseo.

-¿Cambió la esencia del grupo, ahora que lo sigue un público muy diverso?

Roberto Cantos : -El contexto en el que empezamos, el espíritu de la gente, la música y el folklore han cambiado, y aun nosotros hemos cambiado. Pero nuestra actitud es la misma, sabiendo que cumplimos un papel social, lo que vincula mucho más el canto a tu existencia, a tu forma de vivir.

Julio Paz : -Hemos aprendido con el público, porque antes cuando cantábamos una zamba teníamos la actitud a rajatabla de que no volara una mosca y de golpe los cien que estábamos nos encontrábamos todos emocionados, pero la cosa ha girado de una forma linda. Existe una participación, que antes nos chocaba y ahora nos parece maravillosa, porque la gente de golpe protagoniza el encuentro cantando, como en una especie de ritual.

Para quienes recién los descubren o para los que no saben nada de ellos y se les hace impronunciable el nombre Coplanacu (que significa en quechua copla de ida y vuelta), el origen de este grupo que armaron un médico (Roberto Cantos) y un artista plástico (Julio Paz), en 1986, al que sumó con el tiempo la violinista Andrea Leguizamón, se puede rastrear en ese primer cassette que ahora fue reeditado en disco compacto llamado "1991".

Sin inventar nada, con un repertorio de zambas, chacareras, escondidos, vidalas, huaynos y canciones nuevas cantadas a dos voces (un barítono, otro tenor), los Coplanacu encontraron a lo largo de cinco discos una novedosa forma de interpretar temas olvidados del repertorio folklórico. "Para muchos, el primer cassette es como un sello del grupo. Muchas cosas comenzaron ahí, el estilo, hacia dónde apuntamos con el canto y el objetivo que nos proponíamos, que siempre fue buscarle el fondo a la canción. Es un disco que tiene muchas aristas y cada uno por su lado propuso cosas que llegaron hasta hoy", cuenta Paz.

En un primer momento se comparó al Dúo Coplanacu con el Dúo Salteño; con el tiempo, por su forma de moverse y la atmósfera mística de sus conciertos, se los llamó "Los Redonditos de Ricota del folklore", y ahora se los considera una agrupación folklórica más tradicional, por su formación de bombo, guitarra y violín. "La gente que nos va a ver no es la misma, aumentó el público, y eso a veces nos pone contentos y otras, no. Pero no sabemos por qué se dio así y son cosas que uno no puede manejar -dice Cantos, hacedor de las canciones nuevas-. Lo único que sabemos es que nuestra esencia sigue siendo la misma, la música del Norte."

- ¿Y cuál es el papel como intérpretes populares frente al difícil contexto social del país?

Paz: -Para nosotros, lo importante no es ser panfletario, sino darle sentido a una canción. Cantar un tema en determinado lugar a veces es más efectivo que hacer una canción de protesta.

Cantos : -Se canta para que la gente reaccione, se rebele, se descargue, o aunque sea para darle, metafóricamente hablando, medio kilo de oxígeno en esta sociedad, y que pueda disfrutar un poco. Nosotros cantamos para eso.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.