El fonógrafo, esa gran invención

Pola Suárez Urtubey
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7 de julio de 2017  

2017. Estamos a ciento cuarenta años de la invención del fonógrafo. Es para festejarlo. En realidad, la ciencia del sonido registrado tuvo dos descubridores, cada uno de los cuales ignoró la existencia del otro en aquel 1877 que ahora evocamos. Uno de ellos fue un poeta francés menor, amigo de Verlaine y de Manet, llamado Charles Cros, quien expuso su teoría en el citado año ante la Academia de las Ciencias de París. Pero Cros no logró reunir fondos para desarrollar su descubrimiento, pues quien habría podido ayudarlo financieramente no confiaba en él por no ser ni un científico ni un técnico. El otro, Thomas Alva Edison, no era más científico o técnico que Cros, pero ya entonces, con treinta y tres años en 1877, se había afirmado como inventor. Se dice que este individuo típicamente norteameriano no creía en las inspiraciones sino que decidió estudiar un problema y hacer una invención. En el verano de ese año buscaba crear un transmisor telegráfico de alta velocidad, oportunidad en que hizo un descubrimiento que excitó su curiosidad, descubrimiento a través del cual pudo obtener nítidamente las vibraciones del lenguaje que, según advirtió, le permitiría obtener una reproducción automática perfecta de la voz humana. En 1878 ya fundaba la Edison Speaking Phonograp Company. Y no pasó demasiado tiempo hasta el momento en que empezaron a grabarse los primeros discos de música vocal.

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Luego, en los años precedentes a la Primera Guerra Mundial, se comenzó a grabar música sinfónica. Grandes nombres de la música clásica, virtuosos como Elman, Joachim, Kreisler, Sarasate, precedieron a Leopoldo Stokowski y la Orquesta de Filadelfia, a quien siguió en 1920 Arturo Toscanini. Los primeros tiempos de la primera posguerra fueron extraordinariamente propicios para el auge de la industria discográfica y de un público serio y preparado. En Europa, durante esos años catastróficos de la primera posguerra se realizaban grabaciones memorables de música clásica: los Lieder de Hugo Wolf cantados por Elena Gerhardt, las sonatas para piano de Beethoven interpretadas por Schnabel o las Variaciones Goldberg por Landowska.

La enorme difusión de los microsurcos hizo posible el que un artista pudiera volverse famoso en brevísimo tiempo. Cantantes como la Callas o Joahn Sutherland pudieron ser escuchadas en todo el mundo después de haber triunfado inicialmente en una sola nación. El renombre de Sviatoslav Richter es otro caso, quien mucho antes de haber dado sus primeros conciertos en la URSS, ya gozaba de fama mundial gracias a los discos. Y la historia sigue, fascinante... Hasta la próxima.

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