El renacimiento de la actividad coral
Cientos de miles de personas, desde La Quiaca hasta Ushuaia, se están incorporando vocacionalmente al canto comunitario
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Resurge el canto coral en nuestro país. Las recientes encuestas realizadas por la Asociación de Directores de Coro de la República Argentina (Adicora) dan cuenta de este renacimiento. Cientos de miles de personas se están incorporando al canto comunitario desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. Son niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad. Con repertorios que cubren una amplísima temática que va desde la música antigua y sacra hasta los más conocidos compositores del pop. Sólo en la provincia de Buenos Aires -sostiene un prestigioso director- hay no menos de 500 coros. Pero hay más cifras sorprendentes.
La noticia es ésta: los coros argentinos suman nuevas voces día tras día en estos últimos años. El dato es cierto. Lo comprueban las cifras de dos encuestas realizadas por directores de coro y dadas a conocer en la reciente reunión de Adicora en Mar del Plata, donde concurrieron más de cien líderes corales.
No importa que los coros apenas si asoman por alguna radio. O que miles de sus voces impacten menos, masivamente, que un solo cantante que se desgañita a voz en cuello en "Operación triunfo" en la televisión.
Los coros crecen ahora y toman inusitado impulso a lo largo del país, no por influjo de estos repentinos héroes de cartón piedra, inventados por la pantalla chica. Lo más probable es que a su expansión contribuye, de algún modo -por cierto conjetural-, el clima de euforia que vive el país en los últimos tiempos.
Claro que los estímulos para participar en el canto colectivo en cualquier punto de nuestro territorio, por distante que se encuentre de los centros de irradiación como es la ciudad de Buenos Aires, son seguramente de la más diversa índole. Un seguro estímulo puede ser el propio contexto cultural espontáneo de hoy en el seno de nuestra sociedad. Otro, sencillamente, la necesidad espiritual de llenar el vacío que nos dejó la farándula de los 90.
Lo que sí se puede asegurar es que ningún cantante ingresa en un coro para alcanzar fama o dinero. Los coros son, esencialmente, amateurs, vocacionales. Esta es la pura verdad. Y salvo los rentados (que son los oficiales, como nuestros "coros nacionales", o los del Teatro Colón), los coreutas que integran los miles de coros esparcidos por todo el país no reciben un centavo de paga. Al contrario, sus cantantes anónimos asumen con increíble entusiasmo y generosidad los gastos de partituras, de alquiler de salas de ensayo, de transportes, de alojamientos, de giras. Ellos siguen demostrando que, como no ocurre en ninguna otra actividad musical, cantan por puro amor al arte, para potenciar sus mejores cualidades espirituales de amor al prójimo, generosidad, solidaridad, ideal de belleza y calidad artística.
El nuevo siglo, con la irrupción de una nueva y pujante conciencia sobre los roles ciudadanos en la vida comunitaria, ha creado, seguramente, la necesidad de una mayor comunicación y cercanía entre los seres humanos. ¿Y qué mejor que la música para desarrollarla en un ámbito de camaradería y de afecto?
Dos censos nacionales, encarados el año pasado a través de diversos contactos personales e institucionales por los directores de coro Daniel Garabano (organizador del prestigioso Certamen Internacional de Trelew) y Camilo Matta (compositor y líder de grupos vocales en La Rioja), dados a conocer en la reciente reunión de Adicora en Mar del Plata, arrojaron los primeros resultados tentativos sobre la actividad coral en nuestro país. (ver recuadro)
Aquí me pongo a cantar
Más allá de las cifras aquí consignadas (coros, directores, cantantes, arregladores), está la mística. Si no, pregúntese a cualquier coreuta por qué canta. Habrá distintas respuestas. La idea es la misma: "porque me hace feliz", "porque me encanta compartir el canto con otros", "porque me gusta la música que cantamos", "porque es mi alimento espiritual", "porque es una terapia". Las dirán un estudiante, un profesional, un ama de casa, un empleado. Es también el instinto gregario el que conduce al canto comunitario y el que impulsa los cientos de encuentros corales.
Otro dato: en este auspicioso renacimiento sorprende el creciente interés de nuestros coros por la música popular. En especial por el folklore.
Esta movida implica también el entusiasta (y anónimo) aporte de los arregladores, que van rescatando músicas olvidadas y revalorizando un repertorio más inspirado, en música y en poesía argentina; la edición de partituras, como las del Grupo de Canto Coral, y de discos compactos.
Finalmente, es notable la creciente cantidad de nuevos oyentes en los conciertos de nuestros coros en los más insólitos espacios.
Simultáneamente con el intercambio artístico, los encuentros y los certámenes corales promueven el trabajo de diseñadores gráficos, el turismo y el crecimiento de las más variadas actividades paralelas.
Resta esperar que aparezcan mecenas para apoyar este resurgimiento coral con la creación de becas y subsidios. Y que las obsesiones económicas del Gobierno den paso a una política donde la música forme parte de sus desafíos.
Festivales de coro
- Internacionales de Trelew y San Juan. Otros: Puerto Madryn, Villa Gesell. Música Popular: América Cantat en La Plata; Venado Tuerto, Cantapueblo (Mendoza), Cita en Primavera en Bariloche, Coraliada en Necochea, Salta y La Cumbre (Córdoba). Encuentros organizados por el Coro Nacional de Jóvenes (el de Tandil fue el 5°, y convocó a coros de todo el país). El ciclo que desde hace 30 años organiza la Primera Iglesia Metodista de avenida Corrientes. Siguen realizándose múltiples ciclos de cada región o ciudad. Ejemplo: los festivales bonaerenses, hoy en su 16a. edición ininterrumpida, con un promedio de 9 coros por encuentro, en distintas ciudades. Moviliza coros de variado nivel artístico.
Todavía cantamos
Camilo Matta logró una primera respuesta de 315 coros y 164 directores (entre los 404 registrados) de esta capital y provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero, Chubut, La Pampa, La Rioja, Neuquén, San Juan, Misiones, Río Negro, Catamarca, Corrientes y Tucumán; 100 de ellos hombres y 64 mujeres. Allí figuran coros mixtos de adultos (166), de niños (42), juveniles (29), de cámara (28), de la tercera edad (26), femeninos (19) y masculinos (4); la cantidad promedio de integrantes (algo más de treinta). La mayoría supera los 10 años de actividad, con directores contratados por sus coreutas o que trabajan ad honórem. Predominan los coros de instituciones. Sus diagramas de ensayos van de 1 a 3 veces por semana. La gran mayoría practica preparación vocal. En repertorio: más del 40% es ecléctico (universal y popular); 35% sólo popular; 20% sólo música clásica.


