
El renacimiento de la ópera
A pesar de la crisis hay cada vez más espacio para la actividad lírica en todo el país
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La ópera es cara y en casi ningún lugar del mundo es rentable. Entonces, ¿cómo se explica que en esta Argentina refundida haya cada vez más óperas?
Gustavo Otero, un operómano consecuente y metódico, se tomó el trabajo de contar cuántos títulos líricos se representaron el año último en todo el país, y constató que el crecimiento fue notable. Según su pesquisa hubo al menos cuarenta y nueve óperas completas presentadas, lo que triplica la media de los últimos años, en los que la actividad lírica se había reducido casi exclusivamente a lo que podían ofrecer el omnipresente Teatro Colón y, con mucha mayor humildad, pero con cierta frecuencia, el Teatro Argentino de La Plata, cuando todavía esperaba la inauguración de su nuevo espacio.
Buenos Aires sigue siendo el mayor productor de óperas, con 30 títulos, encabezado por el Colón (con su temporada en la sala grande, pero también con las del Centro de Experimentación y el Instituto Superior de Arte) y siguiendo por lo que producen Juventus Lyrica, La Scala de San Telmo, La Casa de la Opera o La Opera del Buen Ayre, entre otras entidades.
Pero también en el interior renació la ópera, con el renovado Teatro Argentino de La Plata y el Teatro Libertador de Córdoba, sumados a lo que ofrecen Rosario, San Juan, Salta y Tucumán, espectáculos que en gran parte fueron ya comentados por LA NACION.
Toda esta actividad ha conformado un circuito fluido de tipo piramidal, cuya principal consecuencia benéfica es la cantidad de experiencia que han podido acumular las nuevas generaciones de cantantes líricos nacionales, los régisseurs y los directores de orquesta.
Es por esta razón que el Teatro Colón, apretado por la devaluación, pudo armar su temporada con elencos locales, con una razonable expectativa de éxito. Lo hizo a sabiendas de que todos ellos ya tienen unas cuantas "horas de vuelo vocales" en diferentes escenarios del propio país.
Antes, los cantantes, como por ejemplo Luis Lima, José Cura o Darío Volonté, tenían que demostrar primero su capacidad en el exterior para ser aceptados en el mítico escenario lírico porteño. Es que, más allá de cierta tendencia refractaria que el Colón mostró en su momento para los artistas nacionales, lo cierto es que entre el período de estudios y el teatro porteño no había casi nada.
En cambio, la llegada a la sala grande del Colón de cantantes como Víctor Torres, Virgina Tola, Graciela Oddone, Marcelo Lombardero, Carina Hšxter o Luciano Garay, por citar a algunos que se presentaron ya o estarán en la temporada 2002, se produce después de pasar por diferentes "semilleros".
La nueva vuelta de "Mahagonny" al Colón, que se había presentado con notable éxito incluso fuera del Colón a mediados de los 80, es ilustrativa al respecto. Como reivindica con orgullo el barítono Eduardo Cogorno, director artístico de la Scala de San Telmo, fue allí donde se hizo por primera vez la producción del por entonces debutante como régisseur Marcelo Lombardero de "La pequeña Mahagonny". "Después de la experiencia en la Scala, los productores y los cantantes la volvieron a presentar en el Centro de Experimentación del Colón e inclusive se la programó en Francia, hasta llegar ahora a la apertura de la temporada 2002", reseña con orgullo Cogorno.
El resurgimiento
Lo cierto es que más que de "boom" se debería hablar de "renacimiento" de la actividad lírica, ya que la Argentina de hace un siglo tenía un nivel de producción aún mayor que el del presente. Sólo baste recordar que, hasta la inauguración del actual Teatro Colón, en 1908, en Buenos Aires una decena de teatros de ópera se disputaban los favores del público porteño.
Casi siempre a pulmón y sin ganar un peso, los cantantes, régisseurs y directores de orquesta, sobre todo, se unen para aprender y compartir su experiencia con un público fiel que los sigue por toda la ciudad y por Buenos Aires, de La Plata al Teatro Roma de Avellaneda, de la Scala de San Telmo al teatro Xirgu, hasta llegar al Avenida. Y el repertorio muestra una amplitud cada vez mayor, porque abarca desde el nacimiento mismo del género, a través de los grupos especializados en barroco, hasta la época del bel canto, el siglo XIX e inclusive el XX. Claro está, sin llegar a las óperas que demandan un dispositivo instrumental y escénico muy extenso.
Es cierto que el nivel artístico fluctúa mucho, de ópera en ópera, pero es precisamente en la proliferación de espectáculos donde se genera este caldo de cultivo para que surjan nuevos valores.
El mayor déficit para todos siguen siendo los instrumentistas, poco dispuestos a tocar sólo "por el honor", lo que pone a las compañías de ópera ante la disyuntiva de tocar con grupos de músicos en formación (como las orquestas juveniles) o pagar a músicos que tocan "con el reloj en la mano".
La excepción se da dentro de la música barroca, ya que existen conjuntos vocales e instrumentales que lograron continuidad como tales, y por lo tanto en continuo crecimiento profesional, como por ejemplo el grupo Selva, que dirige Andrés Gerszenzon.
Eduardo Casullo, compositor y director de orquesta, es uno de los impulsores de Opera Abierta, cuyo propósito es sumar fuerzas para producir espectáculos. Para junio próximo organizaron un festival de tres días dedicado a estrenar óperas nacionales, en funciones con entrada gratuita. Según cuenta, los preparativos fueron todo un éxito: "Hay alrededor de 90 personas que respondieron y que están dispuestas a trabajar. Recibimos una decena de óperas para estrenar, de las cuales esperamos poder presentar seis. Son todas obras nuevas que duran entre 20 y cuarenta minutos. A esto hay que sumarle la audición que hicimos esta semana, con treinta y pico de cantantes. Hay gente interesada de todo el país", se entusiasma.
Para Casullo, la respuesta es la confirmación de que en la Argentina "hay una gran necesidad de hacer ópera y una gran cantidad de cantantes que no tiene la posibilidad de mostrarse, al igual que los compositores, los régisseurs y vestuaristas".
Lo que están intentando con la iniciativa es aprender del espíritu cooperativista del teatro: "Queremos inculcar en los músicos un concepto de autogestión, y ver qué pasa. Queremos que esto sea un punto de encuentro, y, en este contexto, si lo podemos hacer ya es un triunfo".
La régisseur Ana D´Anna, alma mater de Juventus Lyrica, vive con orgullo el hecho de que mucho de los cantantes de esta entidad que en tres años se transformó en la alternativa joven para la ópera, en el teatro Avenida, ahora hayan sido convocados por el Colón. "La pobreza ha hecho que el Colón contrate a todos nuestros cantantes. Algo habremos hecho de bueno", se enorgullece.
D´Anna pone como ejemplo su vinculación con la joven soprano Virginia Tola, con la que trabaja desde su segundo año en el Instituto Superior de Arte. "Ella considera a Juventus como un posgrado del Colón." Así lo ven los más de treinta jóvenes cantantes que audicionaron para este año (ver aparte), lo que permite comprobar que la efervescencia lírica argentina se mantendrá, con dinero o sin él.
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