El secreto mejor guardado del folklore
Mojando la vida es el álbum debut de Ramiro González, con composiciones que suenan a la vez modernas y ancestrales
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"Cuando má s añejo el sauce, la caja suena mejor, por viejo tiene más savia y temple para el rigor." (copla riojana).
Siete años le llevó a Ramiro González editar una obra autoral y poética que roza lo épico. Esparciendo coplas de puño y letra por la nueva historia de la canción folklórica, renegando de la historia reciente de su último "caudillo" y recostándose puramente en su identidad chayera, el músico riojano construye en su álbum debut Mojando la vida , una canción matriz que inspiró a otros compositores de su generación, como Juan Quintero y Raly Barrionuevo.
Con paciencia y oficio artesanal (escondido en la serranía cordobesa), Ramiro González logró amasar una obra tan prolífica, consciente y de tamaña envergadura, pese a su juventud, que es difícil creer que todavía no haya sido descubierto más allá de su pequeña comarca.
Sus canciones suenan con fuerza en las guitarreadas, se encienden místicas en las peñas universitarias y encuentran refugio en la voz de nuevos intérpretes de la canción folklórica.
" Yo soy zonda y remolino/galopando en el gredal/ soy del Chacho y de Facundo/ de Varela y nadie más ", se define de entrada en la chacarera "Los Amanecidos", que abre el disco y forja la línea conceptual de un trabajo con marca regional y melodías que definen a un artista de este continente.
Son 18 canciones en las que brilla una letrística surrealista, aldeana y testimonial, montada sobre ritmos bien regionales, como la vidala y la chaya (elementos fundamentales del carnaval riojano), aires de huella, zambas, chacareras, candombe, guajira y canción en estado puro.
Las composiciones de Ramiro González pueden sonar modernas y ancestrales, bailables y reflexivas, y reúnen la condición de esos clásicos que perduran con el tiempo. "Mojando la vida" es uno de esos temas ideales para un cantor como Alfredo Abalos; en "Vidala sobre vidala", una de sus mejores canciones, blusea y muestra guiños a lo Stevie Wonder en la armónica de Franco Luciani; en "Chacarera vidalera", aparece la génesis de esa pieza de Juan Quintero "Viejo cantor", y en la huella "Rezando" se acompaña de su compadre Raly Barrionuevo. Cambia de registro cuando se sumerge en los inserts de recitados poéticos, con chacareras sociales en "Cuánto"; pone golpe de tambor y murga en la candombeada "Contraolvido", que podría cantarla Falta y Resto, y contagia con frescura estribillera en el "Son de la tierra nueva".
Conceptualmente el arte gráfico del disco abre otra brecha con respecto a otros materiales de sus contemporáneos con un booklet que incluye un glosario regional y acordes de todos los temas. Madurado lento como el buen vino (pudo editar el material de forma independiente gracias a la ley del disco de La Rioja), Ramiro encuentra su estética en un arte mestizo, en el que aparece la pincelada amerindia de Touriño Cantos (plástico santiagueño) y la gráfica souvenir de aquellos recordados Kalkitos de los ochenta.
Mojando la vida es un disco que abre los ojos a una provincia de potente creatividad y a un poeta capaz de cruzar la voz generacional de Spinetta con el latido americano de Armando Tejada Gómez, y que logra espejar en sus coplas esas catarsis de dolor y de celebración, que se vive en el tiempo de la chaya riojana.





