
El sexto grande es Bersuit Vergarabat
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Presentación del grupo Bersuit Vergarabat , anteanoche, en el estadio de River Plate. Con Gustavo Cordera (voz), Juan Subirá (teclados), Pepe Céspedes (bajo), Oscar Rigui (guitarra), Alberto Venezuela (guitarra), Carlos Martín (batería), Daniel Suárez (voces), Carlos Sbarbati (voces)
Nuestra opinión: bueno
Existen quienes aún sostienen que la metáfora futbolera en el rock es desagradable, casi de mal gusto, pero el grupo Bersuit también es de mal gusto y eso, al menos, equilibra la situación: la banda encabezada por el pelado Cordera, como una suerte de Club Atlético Huracán del rock, selló anteanoche su condición de "sexto grande", incluso sin la necesidad de revalidar títulos desde su ambivalente actualidad, tras veinte años de carrera.
Detrás de nombres de peso en la historia del género, como Seru Giran, Soda Stereo, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, La Renga y Los Piojos, Bersuit Vergarabat se inscribió entre los privilegiados rockeros que celebraron su poder de convocatoria desde lo más alto de un escenario montado en el estadio de River (la última gran competencia del rock vernáculo).
Como el "Globito" que siempre reafirma con orgullo su condición de club de barrio, quemero, ciruja y villero de nacimiento, la Bersuit llenó River y sacó pecho: "Somos de la ribera, de Dock Sud, de donde huele mal, de ahí somos", delimitó el cantante de icónica barbita blanca y ahora look tanguero for export. Y de ese Riachuelo contaminado surgieron la estética y la política diseñada para este espectáculo sin medidas, desmedido, con todos sus cu..., con..., pij..., paj..., mier..., tet..., hijos de pu..., pelot..., bol..., cornudos, hociquitos, papitas, salames, salamines y como nada puedo hacer pu..., hijo de pu..., de la cabeza con Bersuit Vergarabat.
Con su última cruzada ecológica proyectada en pantalla gigante y de alta definición -casualmente, mientras otra postura ambientalista, de tono internacional como la del grupo mexicano Maná, resonaba en otro estadio de la ciudad, confirmando un fenómeno global del show business-, con denuncias serias en voces irónicas y con una bolsa cargada de clichés aptos para todo show de estadio. Un espectáculo vulgar, chabacano, orillero, sucio a propósito, con cierto ánimo revanchista (Cordera dedicó algunas palabras para aquellos que "decían que no se iba a llenar") y repleto de melodías y letras incrustadas desde hace tiempo en el cancionero popular de jóvenes y no tanto. Una celebración planeada y consumida con apetito por las 60.000 personas que dijeron presente, sin importar el qué dirán allá en el centro los pitucos que no pertenecen al maloliente barrio bersuitero.
El concierto comenzó a las 21, con una pegatina de temas arreglados para la ocasión (sin respiro pasaron "Sin son", "La papita", "Los elefantitos" y "Verborrea"), y durante cerca de tres horas los clásicos bersuiteros se repartieron la batuta directora de los estados de ánimo. Como era de esperar (parte de la lista de temas fue seleccionada por los fans), casi no faltó ninguno de sus hitos musicales, de esos que van de la cumbia a la ranchera y al pop y la murga sin pedir permiso y otra vez a rockear y vuelta a empezar: "Tuyú", "A los tambores", "Desconexión sideral", "Negra murguera", "Madre hay una sola", "La ribera", "Mamámela", "El viejo de arriba", "Sencillamente" (con Vicentico como invitado ante las ausencias del ¿ex? amigo Andrés Calamaro y el ¿ex? amigo y productor Gustavo Santaolalla), "La argentinidad al palo" (con Lito Vitale haciendo percusión sobre el piano), "Mi caramelo", "Sr. Cobranza", "La bolsa", "Yo tomo", "Se viene", "Hociquito de ratón" y el final cerca de la medianoche del sábado con el doblete "¿Qué pasó?" y "El viento trae una copla", con las luces del estadio encendidas y Cordera más orgulloso que nunca de su "familia de psicópatas".
Todo este combo, enmarcado por una megalómana puesta en escena acorde con la situación, con dos enormes grúas mecánicas como parte de la escenografía hi-tech y un variado vestuario con más de un cambio de ropa. Porque Bersuit puso en la cancha de River todo lo que tenía, todo lo que tiene a su alcance. Aunque de lejos se vea, pero no se escuche, igual se baila en el campo, la platea y la tribuna: "Cachaca, que dure, cachaca, que dure, cachaca, en la Mesón de Joan...".
De aquellos comienzos underground con olor a performance descontrolada a este presente de casas en La Paloma frente al mar, mucha agua pasó bajo el puente Avellaneda. Recordarlo, festejarse por ello y renegar de aquello que alguna vez fue bandera ("los estadios grandes no son para nosotros") fue parte importante del objetivo central del concierto de anteanoche, que le permite a esta banda de ex inadaptados artistas cantar con total autoridad eso de olé, olé olá, el sexto grande es Bersuit Vergarabat, y no hay "pip" que pueda taparle la boca al Pelado cuando repite una y otra vez: "¡Qué buen polvo este River!".



