El terror de las pelucas
Dave Grohl y sus Foo Fighters brillaron en la primera jornada del festival
1 minuto de lectura'

¿Es esto River? Dónde está la pared de platea a platea? ¿Y el chancho volador? La imagen que dejó The Wall Live es tan fuerte que el primer reencuentro con el Monumental es un impacto difícil de asimilar... hasta que Foo Fighters sube a escena. De ahí en adelante Dave Grohl y sus cuatro jinetes del apocalipsis brindan una performance impecable de dos horas y media de rock en estado puro, en combustión constante y con un frontman que no necesita de gestos demagógicos para meterse al público en un bolsillo.
Antes de FF, los MGMT suben a escena a mostrar lo suyo. Es decir, un pop volado, psicodélico y juguetón que, en una hora, no logra atraer a un público que sólo está a la espera de lo que vendrá. Y como toda cuenta regresiva tiene su final, el cronómetro llega a cero cuando Grohl y los suyos abren fuego: "Bridge Burning" y "Rope", del aclamado Wasting Light, son las primeras dos bombas de las casi 30 que la banda descargará sobre el Monumental.
Como decía el Flaco Spinetta, el grupo que capitanea el ex baterista de Nirvana es un sauna de lava eléctrico, una aplanadora que sabe de climas y sutilezas pero que, en la mayor parte de su set, opta por rockear sin más artilugios que las herramientas de esa suerte de caballería de las cuerdas en que se convierten Grohl, Chris Shiflett y Pat Smear y la base, un cerebro de dos cabezas atendido por Taylor Hawkins (batería) y Nate Mendel (bajo).
El diálogo entre las tres guitarras bien puede emparentarse con el tridente de Iron Maiden. Pero aquí el metal no es la prioridad, aunque existe y en altas dosis. Sí lo son, como en la Doncella de Hierro, los riffs, constantes, machacantes y penetrantes, que obligan al frontman a alzar la voz y gritar, más que a cantar, cada una de las partes líricas. Así transcurre casi sin pausas y sin distracciones una primera hora de show por la que pasan pinceladas de "Rockaway Beach", de Ramones, y "Run to the Hills", de Maiden; "My Hero"; "White Limo", y "Walk".
Foo Fighters no sabe de síntesis; incluso las canciones más clásicas del quinteto suenan en versiones extendidas colmadas de solos, cuelgues y un diálogo a cinco voces que muestra a una banda tan concentrada como precisa en cada una de sus líneas sin que eso vaya en detrimento del factor sorpresa. Así, podrán terminar un tema, tomarse un respiro de tres segundos y volver a emprender con la misma canción para el delirio de nuestras cabezas que de tanto en tanto tienen recompensa. Es que el quinteto logra que queramos atesorar por unos instantes el momento y nos da y nos quita el placer de conseguirlo a su antojo.
Grohl tiene tiempo para todo, para monologar, para presentar a sus amigos, incluso para recordar que hace casi 20 años tocó en Buenos Aires, que tardó 17 en venir con los Foo Fighters y que si la segunda vez vuelve a demorarse otros 17 años entonces va a ser un hombre de más de 60. Trata de cantar "Wheels" como si en realidad hoy los tuviera y sigue con lo suyo, el arte de entretener a un estadio a cielo abierto y lograr que nadie se distraiga ni con las estrellas ni con el vendedor de panchos que pasa incesantemente.
El tramo final, si es que así se puede llamar a la última hora de show, es un compendio de grandes momentos. "These Days", prologada por Grohl como su canción favorita de Foo Fighters; una versión impiadosa de "In the Flesh?", de Pink Floyd, y esa canción de In your Honor, "Best of You", que nos recuerda con nostalgia los días en que el grunge era joven, fuerte e inmortal.
El bueno de Dave –sí, tiene una cara de buen tipo imposible de disimular– empieza a amagar con irse y el público se entrega manso al juego. "¿Quieren una más? ¿En serio? "¡Fuck!". Y todos saben que esa una se transformará en cuatro, cinco o seis. Se despachan con "All my Life", de One by One, y vuelven más calmados que nunca tras un intervalo. De hecho DG es el único que retorna. Guitarra en mano, ofrece una versión exquisita de "Wheels": "Todos queremos algo mejor... algo bello", canta Grohl en el preciso momento que estamos seguros de haberlo encontrado. Más tarde FF completará la faena con "Everlong". Sin embargo, primero deviene un acto de justicia, la presencia en escena de Joan Jett, a quien Grohl presenta como "Fuckin’ leyenda". Juntos hacen un clásico de la guitarrista, "Bad Reputation". A esta altura nadie espera más, así como dos horas y media antes nadie esperaba menos.




