Elis Regina, una voz irreemplazable
Se cumplen hoy 25 años de su muerte
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Poco menos de 37 años de vida, 25 de ellos dedicados al canto, le bastaron para dejar una marca tan poderosa y personal en la música popular de Brasil como para que se considere que fue la más grande de todas.
¿Fue? Es: a 25 años de su muerte, Elis Regina sigue brillando, irreemplazable, en esa galaxia reservada a los que, como Gardel, cantan cada día mejor. Y conste que no es un modo de decir: canta cada día mejor porque siempre hay algún matiz más que descubrir en el fraseo, en la sutileza con que desnuda la íntima emoción de cada palabra, en la acentuación de un compás, en los juegos con el ritmo. Lo prueban sus registros, que son inagotables. E importan más por la emoción que siguen suscitando que por los dones excepcionales de su garganta y por su técnica siempre al borde de la perfección. "La perfección es una meta defendida por el arquero -citaba una canción de Gilberto Gil-, pero yo no soy arquero ni aspiro a la selección: no me preocupo por eso." Aunque después pareciera desdecirse en los hechos: era perfeccionista, y de las obsesivas. Pero lo que Elis buscaba no era el alarde de virtuosismo, sino hacer de su voz el vehículo capaz de alcanzar y traducir el secreto mensaje de cada canción. ¿Quién más que ella se internó en "O que tinha de ser", "Por toda a minha vida" y los otros clásicos de Vinicius-Jobim que grabó con Tom en el inolvidable álbum de 1974? ¿Quién encaró con más autoridad que ella las complejas armonías de Milton Nascimento? ¿Cómo imaginar "O bébado e a equilibrista", "Romaria", "Aos nossos filhos", "Vou deitar e rolar", "Para dizer adeus" o "Essa mulher" en otras versiones que no sean las suyas, definitivas?
Una referencia
"Nos hemos quedado sin patrón, sin punto de referencia", se lamentó João Bosco el día que supo de la muerte de Elis. El, como muchos otros autores y compositores -Milton, Ivan Lins, Aldir Blanc, Belchior, Guilherme Arantes- le confiaban sus canciones: ella se las devolvía recreadas, o mejor: reveladas. Y lo mismo solía pasar con obras ya consagradas: las de Chico Buarque ("Atrás da porta"), Gil ("Rebento", "Ladeira da preguiça"), Baden Powell ("Cai dentro", "Canto de ossanha") o con clásicos como "Carinhoso". Porque Elis, que empezó cantando en una radio de su Porto Alegre natal cuando tenía 11 años, grabó a los 15 un primer disco de calypsos y rocks y pasó más tarde por el bolero, pero a los 19, empezó a sacar la bossa nova de los ambientes intimistas, llevarla a los teatros y volverla expansiva con su temperamento apasionado e inquieto y sus movimientos ampulosos en el escenario: por algo la llamaban Hélice o Eliscóptero y por eso para Vinicius siempre fue Pimentinha.
Inquieta y versátil como era, desdeñaba encasillamientos. Siempre estaba atenta a los nuevos compositores: Milton, Bosco, Lins, Arantes. Grabó temprano a Caetano, a quien admiraba, aunque no comulgase con el tropicalismo. Podía cantar samba, bossa y canción testimonial, acercarse al jazz o al rock y volcarse con los años cada vez más al soul y el rhythm n blues. "Mi trabajo como artista es desordenar el fichero", decía. En treinta álbumes y varios especiales de TV dejó pruebas del valor incalculable de ese trabajo.
Muchas veces estuvo en el centro de las polémicas por sus declaraciones, por sus posturas artísticas o políticas, por su vida sentimental, sobre todo en la época en que estuvo casada con Ronaldo Bôscoli, padre de su primer hijo, João Marcelo. Los otros dos, nacidos del matrimonio con César Camargo Mariano, también cantan: Pedro Mariano y, por supuesto, la hoy famosa Maria Rita.
La voz inolvidable (y la franqueza extrema) reviven en notas, programas de TV y reediciones que proliferan en estos días. Entre éstas, una caja con el álbum Elis (1980), que editó João Marcelo y que trae un DVD con la última entrevista concedida por Elis a la TV Cultura, nueve días antes de su trágica muerte, resultado de la mezcla de alcohol, tranquilizantes y cocaína. Faltaban 57 días para que cumpliera 37 años cuando su muerte enmudeció a Brasil. Sigue brillando.
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