Espectacular puesta de "Guerra y paz"
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NUEVA YORK (New York Times Service).- El ambicioso y largamente esperado estreno de la producción del Metropolitan Opera de "Guerra y paz", de Prokofiev, basada en la novela de Leon Tolstoi, llegó el jueves por la noche, dirigido por Valéry Gergiev, que ha liderado el proyecto desde el comienzo. La perturbadora performance que Gergiev extrajo de la orquesta del Met, del coro y del enorme elenco fue un hito para la compañía. Pero generó debate sobre la puesta en escena de George Tsypin y el contratiempo que produjo en los minutos finales de la representación. La extensa ópera de Prokofiev (cerca de cuatro horas de música), compuesta en los años 40 y revisada varias veces, está estructurada en 13 escenas que van desde mansiones y salones de baile en Moscú y San Petersburgo hasta campos de batalla durante la fallida campaña de Napoleón en 1812.
Esta producción del cineasta Andrei Konchalovsky en su debut en el Met está dominada por una plataforma semiesférica a partir de la cual toda la acción es puesta en escena. En efecto, todo el elenco, que incluye 120 coreutas, 41 bailarines y 227 figurantes, un caballo, un perro y una cabra, desarrolla su trabajo encima de una especie de colina. El público temía que alguien cayera en el foso de la orquesta. Y cinco minutos antes del final eso fue lo que sucedió. El accidentado fue un figurante que interpretaba a uno de los derrotados soldados de Napoleón. Fue atrapado por una red de seguridad colocada por la producción, que la mayoría del público no veía.
Gergiev paró la performance de modo que los encargados de escena pudieran asegurarse de que el actor no se había herido, mientras el público susurraba con preocupación. Luego, completó la actuación. Sólo después el gerente general del Met, Joseph Volpe, apareció en el escenario con Deonarian para contarle a la audiencia que "nuestro granadero francés en retirada perdió su camino en la tormenta", pero que estaba bien. El paso en falso genera preguntas no justamente sobre la seguridad de los intérpretes sino sobre la producción de la ópera en general.
La idea era armar un decorado que presentaría conmovedoras imágenes dramáticas. Por momentos, funcionó. En la primera escena, cuando el príncipe Andrei (el barítono Dmitri Hvorostovsky) hace su rapsodia sobre Natasha, está parado encima del escenario cúpula con sólo su escritorio y una silla cerca y una expansión de noche estrellada atrás. Se lo ve como el Principito de Saint Exupéry en su planeta solitario. Y en las escenas bélicas cuando las tropas rusas, andrajosas pero enteras de espíritu, se reagrupan sobre el escenario-cúpula, ahora cubiertas con una suciedad parduzca, bombas estallan en la distancia y el cielo se llena de colores encendidos y nubes de humo. Pero los cantantes parecían recelosos mientras se desplazaban sobre el escenario, y ese titubeo afectó su actuación, sumado al hecho de que el decorado resultó una terrible distracción para la audiencia, preocupada por la seguridad de los cantantes.
Tanto el público como los propios artistas esperan que el Met haga algo para reducir el riesgo para las funciones que aún quedan y permitir que el público siga el desarrollo del drama lírico sin tener que contener la respiración.



