
Esta noche tocará Guillermo Klein
El músico argentino formado en los Estados Unidos se presentará con su noneto
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El compositor y pianista Guillermo Klein es lo que podríamos definir como cultor de la creatividad. Su música, poco conocida en el país, es un ejemplo no sólo de imaginación armónica, sino también de una búsqueda de mensaje propio que revela una naturaleza curiosa y personal, lo que produce una de las más frescas expresiones en la actualidad jazzística local.
Hoy, a las 22, estrena un noneto en Thelonious (Salguero 1884) con Juan Cruz de Urquiza en trompeta y trombón , Ricardo Cavalli y Rodrigo Domínguez en saxos, Nahuel Litwin en guitarra, Richard Nant en percusión y trompeta, Pablo Klein en trompeta y teclado, Matías Méndez en bajo eléctrico y Daniel Piazzolla en batería. "Haremos música original y alguna sorpresa", señala Klein en su casa de San Telmo.
Este compositor y arreglador viene de una familia sin músicos pero de fuerte inclinación por este arte. "Mis recuerdos de infancia siempre convergen en la música que escuchábamos mientras viajábamos en el auto. A mi padre le gustaba Neil Diamond. En cambio, en mi casa poníamos discos clásicos o Beatles o después Charly García", cuenta.
Pero no fue hasta la película "Los unos y los otros" que sus padres - según recuerda- descubrieron su inquietud por la música. "Volvimos de ver ese film y me puse a tocar con la flauta dulce "Bolero", de Ravel"; al poco tiempo Klein recibió su primer teclado y empezó a asistir, con poca voluntad de estudio, a sus primeras clases de piano. Tenía unos once años. El músico explica que su formación era algo ecléctica y que tenía gustos muy variados. "No escuchaba jazz,no lo hice hasta que estuve en Boston, cuando entré en Berklee", admite, y confiesa que su anhelo era escribir para big bands.
Tras sendas charlas con Zerco Spiller y Guillermo Gretzer ("me dijo que tenía talento pero que no era un genio") comenzó a estudiar con Sergio Hualpa, "que lentamente intentó ordenarme, porque a mí me gustaban las zapadas. Quería tocar y hasta compuse una sinfonía sin saber muy bien qué era", reflexiona Klein, tras reconocer que sólo cuando estuvo en Bercklee comenzó a estudiar música.
"Hacia 1989 me enteré de que Gary Burton estaba en Buenos Aires reclutando músicos para estudiar en Berklee, me anoté y gané un lugar. Fue una época muy interesante porque viajé con varios músicos de jazz, como Juan Cruz de Urquiza, Richard Nant, Ernesto Jodos, Marcelo Gutfraind y Fernando Martínez; hasta ese momento no me había conectado con el jazz, pero al llegar descubrí que me gustaría escribir para orquestas y me anoté en el curso de composición de jazz", relata Klein, que recuerda que su primer trabajo práctico lo hizo sobre la partitura de "Nefertiti", de Davis.
-¿Qué le gustó de "Nefertiti"?
-¿La recuerda? (La tararea.) Me gustaron sus armonías, tiene un lirismo único. Y la elegí porque intuí que tenía muchas posibilidades. Le cambié el acompañamiento y le quedó otro color armónico. Pero también choqué con problemas básicos: no tenía idea de cómo sonaban los trombones, ni las trompetas. Todo era un descubrimiento.
-¿Fue su falta de background jazzístico lo que centró la atención de los profesores sobre su trabajo?
-Puede ser. Tenía una libertad diferente y me gustaba más trabajar sobre los arreglos que sobre la interpretación. Uno de los momentos más destacados fue cuando asistió a las clases del gran arreglador Herb Pommeroy, que trabajó con Ellington y fue profesor de Quincy Jones. "Sorpresivamente, Pommeroy me convoca para que haga arreglos para su orquesta. Eso fue increíble, no me sentía con la experiencia suficiente para estar en ese lugar. No sólo hice arreglos sino que incluso propuse dos temas propios: "Minotauro" y "El camino"; pero algunas desinteligencias con Pommeroy me hicieron tomar conciencia de que la música propia debe ser tocada por uno mismo y comencé a formar mi propia big band."
Corría 1994 y se lanzó a dirigir su propia banda con el aporte de muchos compañeros argentinos en Berklee. De pronto llega la big band de Klein a tocar a la sala AB del San Martín. "Eramos diecisiete músicos y el grupo sonaba bien, pero en aquel tiempo yo estaba interesado en probar agrupaciones más pequeñas, música minimalista; entonces disolví la big band", explica.
Las críticas de aquel show del San Martín hablan de la excelencia del grupo tanto en lo instrumental como las composiciones. Marchas y contramarchas con su grupo neoyorquino, Los Guachos, con un solo disco editado, aunque dos grabados le van dando una cierta experiencia práctica a Klein, que no parece detenerse en busca de un lenguaje que lo refleje. "Todo el tiempo estoy sometiendo a cambios mi música", cuenta, y se podría decir que su música no suena cristalizada. Klein se mudó a Buenos Aires, en septiembre de 2000, y al año se presentó con un septeto, al que luego de algunas presentaciones desarmó para reaparecer con un noneto que, básicamente, será una continuación de sus trabajos anteriores. Respecto de su concierto de esta noche, Klein aclara que el noneto tendrá mucha funcionalidad, pues sus músicos pueden tocar más de un instrumento y eso le dará cierta variedad tímbrica. "Es una música en la que habrá fugas, contrapunto, polifonía y hasta una pieza de Stravinsky que adaptaré para una formación pequeña. Por ejemplo, la sección rítmica no será del tipo metronómico. las texturas son abiertas y espero que se puedan crear atmósferas envolventes", adelanta Klein.
La aparición de este noneto genera un renovado interés en la temporada jazzística local que, casi sin visitas extranjeras, muestra a un género con músicos que han logrado madurez y que gustan de los riesgos.




