Esta noche tocará La Portuaria
La banda de rock y pop presentará su nuevo trabajo discográfico, “Hasta despertar”
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Multiplicidad de influencias tratadas con un particular modo localista que le da a su música un timbre y un tono propios, bien podría ser una de las definiciones para la propuesta de La Portuaria, uno de los grupos que más ha avanzado en desarrollar el espíritu de mestizaje. Su estilo, por cierto, parece un curioso resumen de músicas que encierran buena parte de la anchura de los folklores del mundo.
Su líder, Diego Frenkel, dice: “El arte se ha convertido en un vehículo hacia la integridad, es una respuesta responsable y honesta a lo que está sucediendo”, frase que suena terminante.
La Portuaria acaba de lanzar “Hasta despertar” un EP (CD de mediana duración) con cinco temas que serán presentados esta noche, a las 23, en Niceto, Niceto Vega 5510, junto a su material habitual, extraído básicamente de su anterior trabajo: “Me mata la vida”.
El grupo, nacido a fines de los años 80, atravesó por distintas etapas que lo condujeron por variados caminos hasta llegar a la actualidad, donde despliegan una suerte de fuerza romántica, tal como define Frenkel el contexto emocional en que se desenvuelve la lírica y la música de la banda. El núcleo de La Portuaria está formado por una tríada que integra con el acordeonista y tecladista Sebastián Schachtel y el baterista Colo Belmonte. El resultado de esta relación es un equilibrio entre las influencias étnico-folklóricas y un cuerpo melódico armónicamente, más desarrollado y de una sonoridad acústica.
Para el cantante el grupo es una suerte de cuerpo de teatro, que tiene un núcleo sólido y artistas específicos que participan para tal proyecto. “Esto fue siempre así en el grupo y no ha cambiado”, explica. Recientemente, el contrabajista Allan Balán dejó el grupo y tomó su lugar el bajista Pablo Giménez. La Portuaria dejó las formaciones numerosas y hoy actúa en cuarteto,con el que logran una concentrada expresividad
La unicidad de criterio se evidencia en su música, la que tomó una decidida forma romántica, que no debería confundirse con edulcoramiento. “El grupo pasó por etapas; en sus comienzos la festiva, luego la folklórica y ahora la romántica. Es una fuerza concreta que está relacionada con nuestro propio crecimiento como personas y como artistas”, señalan.
Respecto de Belmonte, que entró en el grupo el año último, el cantante cuenta que su ingreso logró ajustar una de las piezas que La Portuaria siempre tuvo algo floja: la batería. Hoy hay una presencia muy definida de ese instrumento que definitivamente resultó en una mayor frescura rítmica. “La batería siempre fue un problema frente a la amplia variedad estilística que tenemos. No hallábamos al músico que reuniese tanta información”, dice Frenkel.
Por cierto, el background de Belmonte es una poderosa carta de presentación. En sus comienzos fue baterista de orquestas de bailes, que le dio un manejo del swing fluido para luego participar en los grupos del pianista Manolo Juárez, de la cantante de chamamé Teresa Parodi, el Che Trío, con Ricardo Lew y Daniel Homer, y la banda del cantante de rock Moris, entre otros. “Cuando tocaba con gente de tan disímiles estilos me preguntaba ¿para qué? Hoy lo comprendo; era necesario como aprendizaje. Fue como un largo ensayo para poder alcanzar una madurez plena de recursos estilísticos sin perder ni la sensación de estar jugando, ni la emoción”, confiesa el baterista, dueño de un estilo en el que predomina una arrasadora sencillez que sazona con arreglos de buen gusto.
Sobre el momento por el que atraviesa La Portuaria, tanto Frenkel como Belmonte aseguran que les llevó tiempo lograr este tipo de sonoridad abarcadora que tiene forma de horizonte folklórico en la música, es decir que está presente, pero de una manera obvia o con recursos efectistas. Otro aspecto que resalta de esta etapa es el groove sólido, aunque sin estridencias, que logra esa cohesión a bajo volumen sin perder expresividad. Algo así como suave, pero intenso.
Belmonte cuenta que durante los nueves meses en los que se presentaron en La Matriz, de Palermo Viejo, a veces había un ambiente “caliente” y que podía provocar la ruptura de ese clima tan buscado. “Entonces, se me acercaba Diego y me decía que la sintonía del auditorio no es la nuestra, es decir, me pedía que no me perdiese en esa corriente adrenalínica que se generaba. Si la batería suena con mucho volumen se corre el riesgo de despedazar el núcleo emocional de nuestra música”, señala el hombre de los tambores.
Proteger el momento
Hay definiciones que permiten entender el contexto en que se mueve el grupo hoy. Hay una suerte de camino existencial o de búsqueda que Frenkel describe como “proteger el momento”, una idea que se aproxima con cuidar el ahora, el presente, que no es otra cosa que el espacio temporal en el que nos movemos.
La Portuaria sostiene como principio entregarse al devenir con responsabilidad. “Dejamos –agrega Frenkel– que las cosas sucedan, pero trabajamos para estar listos, atentos a ese momento.”
De todos modos, en el show de esta noche, La Portuaria hará un concierto con algo más de electricidad en vistas del recinto. Coincide la inclusión de Pablo Giménez en bajo eléctrico, con comenzar a recorrer otros escenarios, lo cual es como dejar atrás la intimidad de aquellos encuentros en La Matriz. “Bueno, pero siempre podemos volver a hacer shows pequeños para recobrar esa intimidad que nos llenó de energía”, dice la voz de la banda.
La Portuaria nació a fines de los años 80 como una búsqueda iniciática de Frenkel y Schachtel. El grupo, en sus comienzos, tenía como una de sus características variar frecuentemente su formación, al parecer no como manera de encontrar una identidad, sino como una necesidad de mayor expresividad.
Con tres discos editados, Frenkel dice haber sentido cierto agotamiento; el grupo se disolvió y el cantante inició una carrera solista para luego formar Belmondo, una banda de rock y, por fin, en 2001 retornó al proyecto portuario.
Composición conjunta
“No quiero ser solista y mi relación con Sebastián es muy fuerte, de ahí que hayamos retomado la composición conjunta”, admite este músico, dueño de una personalidad cautivante sobre el escenario. Dúctil como vocalista y con una formación teatral que robustece su estilo, Frenkel maneja su voz en un amplio registro y con ciertos tonos histriónicos que refuerzan el grado de expresividad.
El grupo se encuentra en un momento en el que la comunicación interna logra resultados sorprendentes en cuanto a composición y sonido. “Trabajamos todo el tiempo en seguir desarrollando nuestra música; estamos en un tiempo donde la creatividad desborda y el grupo siente una energía gratificante”, señalan.
Para Frenkel comienza una etapa en la cual los artistas se han convertido en un vehículo de integración frente a la falta de credibilidad general. Por su lado, Belmonte remata: “Nuestra música es una verdad, pequeña, pero sólida, basada en el trabajo”.
Tan sólo cinco canciones
Pregunta inevitable: ¿por qué un grupo que hace un trabajo conceptual con su música graba un disco con cinco temas? “En esta época hay que adaptarse a las escasas posibilidades de producción y también a la caída del poder adquisitivo”, señala Frenkel. El trabajo reúne un pequeño mundo musical que tiene puntos de contacto: “Me mata la vida”, su anterior trabajo; “Nada es igual” tiene carisma para ser un hit; la versión de “Hasta despertar” tiene mayor hondura emocional que el original; “Perfidia”, en una versión más cuadrada, y un “Háblame” remixado. Una placa que tiene como nudo un mayor énfasis en el sonido eléctrico.




